Acabas de recibir un sms que dice lo siguiente: "tienes un e-mail. Si aceptas el juego envía un sms a este número diciendo SI. Tienes 3 horas para decidirte".
Te conectas a tu cuenta de correo y entre todos los e-mails tienes uno con el título "e-mail de un casi-desconocido". Lo abres y esto es lo que lees:
Si te apetece jugar has de seguir todas las normas del juego. Todas sin excepción. Si no cumples alguna entonces no tendrás premio. Y sólo hay un premio. Tampoco tendrás más oportunidades. Esta será la única, así que tú decides si la quieres aprovechar.
Cuando hayas leído todo este e-mail y hayas decidido jugar, envía un sms al número 666 999 666 999 con la palabra SI. No es necesario que digas nada más. Tampoco recibirás ningún otro sms con ninguna respuesta. Tienes de plazo 3 horas para tomar una decisión. Transcurrido ese tiempo aunque envíes mil sms, el juego ya no comenzará para ti, habrás perdido tu oportunidad.
En esto consistirá el juego: esta noche a las 2:00, cuando las brujas ya se han reunido alrededor de las hogueras y han comenzado a recitar sus hechizos y plegarias, entonces te llamaré al timbre del portal de tu casa. Antes de pulsar el timbre ya habré tapado la cámara para que no puedas verme.
Sé que pensarás que soy alguien que te conoce, alguno de tus amantes. Puede que sí lo sea, pero también puede ser que alguno de ellos me haya hablado de ti y dado toda la información que necesito para organizar este juego. De todas formas no me verás, y si fuera uno de tus amantes tampoco me podrás reconocer. Hoy me afeitaré completamente, compraré un perfume diferente a los que suelo utilizar y no sólo no dejaré que me veas sino que tampoco me toques. Ya te digo que si fuese alguien conocido, no me podrás reconocer, y si fuese alguien desconocido... que más da, nunca lo sabrás. Sé que estarás pensando en romper alguna de las reglas de este juego pero, si lo haces, el juego se habrá terminado de repente y no llegarás al final, no habrá premio.
Cuando suene el timbre del telefonillo no mires a la pantalla, si lo hicieras no verás nada. Sólo tienes que abrir la puerta del portal. Luego vete hacia la puerta de casa y la abres, sólo un poco. A continuación apaga todas las luces. Todas sin excepción. Te diriges a tu habitación y cierras la puerta. Te desnudas completamente, te pones una venda sobre los ojos y te tumbas sobre la cama. Y deja también apagada la luz de tu habitación. No rompas las reglas del juego, si hay una sola luz, por tenue que sea, encendida, entonces el juego se habrá terminado.
Yo habré llegado a tu piso y una vez dentro escucharás como cierro la puerta. No tienes que hacer nada, sólo permanecer tumbada sobre la cama, completamente desnuda, con los brazos hacia arriba, como si estuvieras en una cruz. Y las piernas abiertas, muy abiertas. Es muy importante que sigas con la venda sobre los ojos y que no veas nada.
No te preocupes por mí, tengo una pequeña linterna que me ayudará a guiarme por tu casa, no quiero tropezarme con nada. Además mis ojos enseguida se acostumbran a ver en la oscuridad.
Una vez que me haya desnudado entraré en tu habitación. No te muevas, tienes que permanecer tal y como te dije, desnuda y tumbada sobre la cama.
Lo primero que haré comprobar que la venda, pañuelo o lo que te hayas puesto para taparte los ojos está ahí, ocultando tu mirada. De todas formas llevaré también una venda muy tupida que te colocaré para evitar que se te pudiera ocurrir hacer trampas. Ya te dije que no puedes verme. Y no muevas las manos, en ningún momento has de tocarme.
A continuación con una cuerda blanca ataré tus muñecas al cabecero de la cama. En este juego tú no podrás ni verme ni tocarme. No sabrás si soy alto ni bajo, ni gordo ni flaco, ni guapo ni feo. Y si mi colonia te recuerda a alguien te diré que es toda una casualidad porque ya te dije, será una colonia nueva que nunca antes me haya comprado.
Una vez llegado a este punto comenzaré a recorrer todos y cada uno de tus rincones, sin dejar ni un sólo milímetro de tu piel sin explorar. Sentirás como mis dedos se deslizan sobre tu piel, como mis labios te acarician aquí y a allá, poco a poco, sin prisa, deleitándome, degustando el sabor de tu piel. Sentirás como me deslizo por tus pies, por tus piernas, acariciándote, humedeciéndote, mordiéndote, haciendo que tu piel se erice, que tus pezones se vuelvan puntiagudos como los picos de una montaña. Rodearé la base de esas montañas, primero una y luego la otra, reconociendo el terreno, buscando un camino para ascender hasta tu cuello.
Percibirás el calor de mi aliento deslizándose arriba y abajo, por tus caderas, por tus brazos, por tu cuello. Notarás como mis dedos recorren todos los poros de tu piel, casi sin tocarte, apenas rozándote.
En ningún momento responderé a tus palabras. Sólo escucharás mi respiración. Seguiré así, una y otra vez, repasando todos tus rincones más ocultos, saboreando tu piel, sumergiéndome entre tus piernas y acariciándote con mi lengua hambrienta.
Separaré tus piernas y mis labios se juntarán con los tuyos. Te comeré una y otra vez, hasta escuchar tus gemidos más profundos. No me detendré ante nada. Por mucho que me digas, por mucho que gimas, dará igual, continuaré saboreándote, chupando tus labios, arriba y abajo, hacia un lado y hacia el otro, así una y otra vez.
Ni siquiera me detendré cuando llegues al orgasmo. Da igual que me digas ¡basta!, que me implores, que me ruegas que me detenga, que te deje descansar. Continuaré una y otra vez hasta que yo quiera. Seguiré apretándote con mis manos, pasando un brazo por entre tus piernas, sujetándote fuerte, presionándote, comiéndote, entrando en ti, una y otra vez, controlando tu excitación.
Y sólo te penetraré cuando a mí me apetezca. En este juego las reglas las pongo yo. Podrás sentir mis manos, mi lengua, y sentir cómo te penetro una y otra vez, a mi ritmo, a veces pausado, en otros momentos rápido, controlando tu excitación, deteniéndome cuando perciba que vas a llegar a un orgasmo para, acto seguido, volver con más fuerza. Así, como si fueses un globo a punto de estallar que, justo antes de que explote, dejo que pierda un poco de presión para, justo entonces, continuar inflándolo, presionándolo más y más.
Así una y otra vez hasta que a mí me apetezca que vuelvas a estallar, a explotar los sentidos en otro orgasmo que espero que permanezca en tus recuerdos.
Luego me vestiré, aflojaré la cuerda de una de tus muñecas y tendrás que seguir tumbada, sin moverte, con los ojos tapados. Sólo cuando escuches el ruido de la puerta cerrarse detrás de mi podrás encender la luz.
Si cumples todas y cada una de las reglas de este juego habrás llegado al último nivel, habrás ganado tu premio.
Nunca sabrás quién he sido. Ni tampoco sabrás, si algún día recibes una invitación para otro juego, ni si soy yo el que organice ese juego o si es otro. Eso forma también parte del premio.