Sabes… esta mañana me acordé de aquel día. Amaneció tal y como hoy, desapacible. Cielo gris, amenazante. Y la humedad flotando en el ambiente como presagio de una lluvia que no tardaría en llegar.Aquel día, en aquel hotel, casi a la misma hora que hoy, allí estabas, al fondo de la habitación, junto a la puerta del balcón, expectante. Unas finísimas gotas comenzaban a resbalar por el cristal, del mismo modo que hoy resbalan sobre el parabrisas de este coche.
Una luz gris comienza a deshacer las tinieblas de la noche. Es la misma claridad que dibuja tu figura a través de la cortina. Me acerco a ti sin que me sientas llegar y, dulcemente, en un susurro te digo
- Ven, vamos, abre la puerta y salgamos afuera.
+ ¿Estás loco?, me van a ver, ¿cómo voy a salir así sin nada?
Con una sonrisa y una mirada… te digo lo que ya sabes
- Sabes muy bien lo loco que estoy.
Te acerco mi camisa y te ayudo a ponértela, abotonando sólo unos pocos botones. Te queda bastante grande y de ese modo te tapa un poco las piernas.
Abres la puerta y una brisa fresca entra en la habitación. No puedes por menos que estremecerte.
- No te preocupes por el frío que yo te ayudaré a combatirlo.
+ Ya, pero nos vamos a mojar.
- Confía en mí.
Agarrándote fuerte por la cintura, detrás de ti, pego mi cuerpo al tuyo, como si fueran uno sólo. Mi cara junto a tu cuello, besándote, muy suavemente. Sientes el calor que mana de mis labios mientras unas finísimas gotas comienzan a impregnar tu pelo, tu cara, y la camisa. Con un brazo, rodeándote la cintura y otro abrazándote más arriba continúo besándote, fundiéndome con tu piel.
Esas pequeñas gotas de lluvia han mojado tu pelo y poco a poco van empapando la camisa. Mientras te mordisqueo una oreja te susurro:
- Cierra los ojos y déjate llevar. Siente como las gotas, tibias, se van uniendo unas con otras y se deslizan por tu piel. ¿Las notas? Ssssshhsssss… no digas nada, sólo siente. ¿Las notas? siente cómo bajan poco a poco, deslizándose por tu cara, por tu cuello, colándose por debajo de la camisa, acariciando tus senos, llegando hasta tus pezones. ¿Están ahí? Ssssshhhhhsssss… no hables, espera. Espera y verás como llegan más y se reúnen con las primeras para coger fuerzas y continuar como una sóla más abajo.
Y bajan, y llegan a tu ombligo, y mientras sientes como otras te acarician la cara, el cuello, te mojan los labios, se deslizan por tu boca, suavemente, empapándote. Y otras se cuelan por la camisa y continúan por la misma senda que las primeras. Y pasan sobre tus pezones poniéndotelos como puntas afiladas. Y no se detienen ahí, siguen, más abajo. Y se unen con las que habían llegado al ombligo para continuar con más fuerza, más rápidamente, hasta tu vientre.
- ¿Las notas? ¿ya han llegado?
+ Sí…
Me respondes en un suspiro, con el pecho acelerado, la respiración entrecortada, la piel erizada.
Mientras tanto te sigo mordisqueando y besándote aquí y allá. A ratos bebiendo de tu boca, de tu piel empapada. No sé si es mi lengua caliente la que te hace estremecer o las gotas que, juguetonas, siguen bajando hasta colarse por debajo de tu tanga. En un movimiento instintivo empujas tu culo hacia atrás mientras una gota se desliza por tu pubis, como si intentara colársete dentro. Y entonces, al retroceder, sientes mi sexo duro, erguido, pegado a ti, empujándote.
- Sabes… tengo sed de ti, quiero beberte entera, sin dejar ni una sola gota, hoy me he levantado muy sediento.
Siento como tu mano me busca, como se desliza por mi vientre hasta que me encuentras y comienzas a acariciarme.
La camisa está pegada a tu piel como si fuese parte de ti. Y esta agua de lluvia, tibia, sigue resbalando, sigue rozándote los sentidos mientras percibes que esta vez no es una gota de agua, esta vez son mis dedos, jugueteando con tu tanga, colándose por debajo, acariciándote. Primero uno y luego otro.
+ Sí…
Me respondes en un suspiro, con el pecho acelerado, la respiración entrecortada, la piel erizada.
Mientras tanto te sigo mordisqueando y besándote aquí y allá. A ratos bebiendo de tu boca, de tu piel empapada. No sé si es mi lengua caliente la que te hace estremecer o las gotas que, juguetonas, siguen bajando hasta colarse por debajo de tu tanga. En un movimiento instintivo empujas tu culo hacia atrás mientras una gota se desliza por tu pubis, como si intentara colársete dentro. Y entonces, al retroceder, sientes mi sexo duro, erguido, pegado a ti, empujándote.
- Sabes… tengo sed de ti, quiero beberte entera, sin dejar ni una sola gota, hoy me he levantado muy sediento.
Siento como tu mano me busca, como se desliza por mi vientre hasta que me encuentras y comienzas a acariciarme.
La camisa está pegada a tu piel como si fuese parte de ti. Y esta agua de lluvia, tibia, sigue resbalando, sigue rozándote los sentidos mientras percibes que esta vez no es una gota de agua, esta vez son mis dedos, jugueteando con tu tanga, colándose por debajo, acariciándote. Primero uno y luego otro.
Y más y más gotas de lluvia se deslizan, unas por tus pechos, otras por tu cara, otras por tu cuello, y algunas se quedan sobre la punta de tus pezones y otras, aceleradas, bajan hasta tu sexo, humedeciéndotelo por fuera porque por dentro ya lo estás, ya hace rato que estás empapada completamente. Y algunas gotas más bajan por tus piernas, deslizándose por el interior de tus muslos.
Es una sensación como si decenas de manos, cientos de dedos, recorrieran tu piel. Pero hay algunos dedos que ya han comenzado a entrar y salir de ti, suavemente, muy, muy despacio, con dulces caricias, primero hacia un lado, luego hacia otro, sin dejar ni un solo pliegue sin explorar. Y mientras tanto, sigo bebiendo de tu piel, comiéndote los labios.
Te das la vuelta y ya, con los dos cuerpos enfrentados, me rodeas con tus piernas mientras mis manos te sujetan el culo elevándote por encima de mi cadera. Y así, de espaldas a la lluvia te echas hacia atrás hasta que ésta te sigue mojando la cara.
Y… hasta aquí voy a contar.
Después dejó de llover y salió el sol, tal y como hoy.




