Rebusqué en bibliotecas, releí libros y diccionarios, y seguía sin encontrar palabras que decirte, aunque sólo fueran sílabas con las que comenzar a redactar. Nada que no te hubieran dicho ya. Y seguí buscando algo diferente, distinto, algo especial para una persona muy especial. Me volví loco de tanto divagar. A veces quería olvidarte, no saber de ti, pero me sentía atraído por tu fuerza, como el hierro al imán.
El camino no era fácil, era entre montañas y barrancos, acariciando el borde del precipicio. Algo así como llegar hasta tu corazón. Muchos lo intentaron, algunos como amantes, otros como amigos y gran parte de ellos se quedaron por el camino. Quizás no supieron verte, o no supieron comprenderte o... sólo tú lo sabes.
Continué en mi tenacidad y después de mucho rebotar entre las piedras, lo encontré. Fue ver tu nombre grabado junto a los restos de la lava de un volcán y entonces lo comprendí todo.
En esta tierra inhóspita, donde has de elegir el camino adecuado, donde si coges el equivocado nadie te dirá a dónde te lleva, y si te pierdes tampoco vendrán a buscarte. En esta tierra llena de baches, de roturas, de barrancos, de piedras resquebrajadas en el sendero,... ¿qué te voy a contar por lo que no hayas pasado ya?
Con tu lado más hermoso, escondido para que nadie venga a mancillarlo, a destrozarlo, como ya hicieron algunos a quienes orientaste en el camino, y con esas marcas que te han dejado huellas profundas, las suficientes como para que te sigas resguardando. Porque el hombre no suele respetar nada, allí donde llega, allí arrasa con todo, pensando que eres parte suya, que sólo por llegar hasta a ti ya es el propietario y, por tanto, tiene todos los derechos sobre ti, y es que no se da cuenta que sólo tú eres dueña de ti misma.
Desde lo alto te comencé a vislumbrar. La más maravillosa que jamás me pude imaginar. No sabía si eras un sueño hecho realidad. Y si era un sueño tampoco me quería despertar. A los pies de las montañas, acariciándote por las olas del mar, allí estabas, inmensa, espectacular, sola, escondiéndote, absorta en ti misma, introspectiva, refugiándote del hombre, temerosa de que te descubriesen, de que viesen como realmente eres, frágil y sensible aunque te escondas detrás de esa imagen de dura e indiferente. Todo porque ya te han hecho daño tantas y tantas veces.
Para quererte primero hay que llegar a conocerte, y luego comprenderte y aceptarte tal y como eres, sin intentar cambiarte, porque en ti, con tus virtudes y tus defectos, con tus idas y venidas, en tu esencia está lo más hermoso que nadie pueda desear.
Ahora sólo anhelo sentirte, dejar que las olas del mar me acaricien junto a ti, ser parte de tu arena, tocar las gotas del mar que te dejan la piel perlada, saborearlas, besarlas una a una, lentamente, dejarlas que vayan resbalando por ti, jugueteando, y antes de que lleguen a la arena, recogerlas con los labios.
Quisiera encontrar las más bellas palabras, pero ya ves que son sólo imágenes las que hoy te quiero dedicar.
(un loco divagando en sus locuras)

