14 octubre 2007

No me olvidé

Hace ya tiempo que te prometí que te escribiría algo. Fue una noche que me dejaste muy preocupado, lo sabes. Desde entonces no me he olvidado.

Rebusqué en bibliotecas, releí libros y diccionarios, y seguía sin encontrar palabras que decirte, aunque sólo fueran sílabas con las que comenzar a redactar. Nada que no te hubieran dicho ya. Y seguí buscando algo diferente, distinto, algo especial para una persona muy especial. Me volví loco de tanto divagar. A veces quería olvidarte, no saber de ti, pero me sentía atraído por tu fuerza, como el hierro al imán.
Hace poco, lo encontré, no eran palabras, era un lugar que me evocaba a ti. Entonces lo comprendí, no eran palabras lo que necesitaba, sino imágenes, imágenes de esas que valen más que mil palabras.

El camino no era fácil, era entre montañas y barrancos, acariciando el borde del precipicio. Algo así como llegar hasta tu corazón. Muchos lo intentaron, algunos como amantes, otros como amigos y gran parte de ellos se quedaron por el camino. Quizás no supieron verte, o no supieron comprenderte o... sólo tú lo sabes.

Más de una vez pensé en abandonar y dar la vuelta. ¿Merecía la pena seguir adelante? Mi interior me decía que sí, que había que continuar, que quizás al doblar otra curva te encontrase. Pero no, cada vez se hacía más cuesta arriba y cada vez más complicado. Al principio pensaba que era un sueño, una fantasía. Todavía hoy, a veces, aún creo que no eres real, que serías demasiado maravillosa para ser una realidad.

Continué en mi tenacidad y después de mucho rebotar entre las piedras, lo encontré. Fue ver tu nombre grabado junto a los restos de la lava de un volcán y entonces lo comprendí todo.

En esta tierra inhóspita, donde has de elegir el camino adecuado, donde si coges el equivocado nadie te dirá a dónde te lleva, y si te pierdes tampoco vendrán a buscarte. En esta tierra llena de baches, de roturas, de barrancos, de piedras resquebrajadas en el sendero,... ¿qué te voy a contar por lo que no hayas pasado ya?
Y con tantos cambios, tantas subidas y bajadas, temblores que arrasaron con todo, que rompieron todo lo establecido, y tú ahí, sola, aguantando firmemente, resistiendo y superando los charcos del camino, saliendo de ellos aunque no hicieras pie, luchando por ser tú, tal y como eres, con tus principios y valores, fuertes y consistentes como esta lava sobre la que pusieron tu nombre, como huella imborrable y aviso para navegantes, para aquellos que un día quisieron llegar hasta ti sin saber que el camino les podía destrozar, para aquellos que te menospreciaron, que no te valoraron y pensaron que sería fácil llegar hasta lo más recóndito de tu ser.

Ver tu nombre fue una causalidad del destino. Y es que este lugar no podría tener otro nombre más adecuado. Una maraña de pistas, algunas aparentemente fáciles, pero que luego se vuelven harto complicadas, a veces sin retorno, y otras que, en ocasiones, te llevan otra vez al principio de la encrucijada. Y quien ve el lado fácil se equivoca, quien piensa que eres así, que no hay nada más, no tiene ni idea de quién eres ni de qué se va a encontrar. Y es que tú eres como el yin y el yang, a ratos ángel y a ratos demonio, romántica y morbosa, introvertida y descarada, con tu lado oculto, no sé si ése con el que te vistes o el otro.

Con tu lado más hermoso, escondido para que nadie venga a mancillarlo, a destrozarlo, como ya hicieron algunos a quienes orientaste en el camino, y con esas marcas que te han dejado huellas profundas, las suficientes como para que te sigas resguardando. Porque el hombre no suele respetar nada, allí donde llega, allí arrasa con todo, pensando que eres parte suya, que sólo por llegar hasta a ti ya es el propietario y, por tanto, tiene todos los derechos sobre ti, y es que no se da cuenta que sólo tú eres dueña de ti misma.


Desde lo alto te comencé a vislumbrar. La más maravillosa que jamás me pude imaginar. No sabía si eras un sueño hecho realidad. Y si era un sueño tampoco me quería despertar. A los pies de las montañas, acariciándote por las olas del mar, allí estabas, inmensa, espectacular, sola, escondiéndote, absorta en ti misma, introspectiva, refugiándote del hombre, temerosa de que te descubriesen, de que viesen como realmente eres, frágil y sensible aunque te escondas detrás de esa imagen de dura e indiferente. Todo porque ya te han hecho daño tantas y tantas veces.

Para quererte primero hay que llegar a conocerte, y luego comprenderte y aceptarte tal y como eres, sin intentar cambiarte, porque en ti, con tus virtudes y tus defectos, con tus idas y venidas, en tu esencia está lo más hermoso que nadie pueda desear.

Aún me costará llegar hasta ti pero ahora sé que existes, que estás ahí. Como un vergel en medio del desierto, un oasis reservado para el sediento, tan sólo hay que ser paciente y saber llegar. La espera, el largo camino, las dificultades, todo merecerá la pena con tal de poder llegar algún día hasta ahí, junto a ti, a tu lado.

Ahora sólo anhelo sentirte, dejar que las olas del mar me acaricien junto a ti, ser parte de tu arena, tocar las gotas del mar que te dejan la piel perlada, saborearlas, besarlas una a una, lentamente, dejarlas que vayan resbalando por ti, jugueteando, y antes de que lleguen a la arena, recogerlas con los labios.

Ya sabes que me gustaría encontrar las más bellas palabras, las más bonitas, para decírtelas, para susurrártelas al oído, pero sigo sin encontrarlas. Tan sólo encontré este lugar, el más maravilloso que haya visto hasta ahora, un sitio en el que perderse en la inmensidad, donde dejar que la brisa te acaricie la piel tostada, donde olvidarse de todos los problemas del mundo, un lugar para encontrarme contigo, quizás algún día.


Quisiera encontrar las más bellas palabras, pero ya ves que son sólo imágenes las que hoy te quiero dedicar.
(un loco divagando en sus locuras)

13 octubre 2007

En el límite

Hace ya tiempo que el sol se puesto detrás de las montañas. Todo el día ha estado amenazando con lluvia y ahora, antes de comenzar el ascenso por la autopista, unas finas gotas de agua se dejan caer, deslizándose suavemente por el parabrisas. Aún hay algo de penumbra aunque las luces del coche se han encendido al ocaso. A medida que voy subiendo la lluvia se vuelve más espesa y los limpiaparabrisas comienzan a barrer el cristal.

En el primer peaje, parada y pago del correspondiente importe. Cuando voy a salir, me siento observado y al girar la cabeza la veo mirando, primero al coche y luego a mí. Vale, sí, es un coche de “abuelote”, pero no se puede negar que tiene algunos tintes deportivos que le quitan ese aire de “persona mayor”.

Acelero dejando atrás las casetas del peaje y al estrecharse los 5 o 6 carriles para convertirse en los 2 de la autopista me encuentro con que intenta cerrarme el paso, bloquearme para que tenga que frenar y esperar a que ella pase con su flamante coche. Pues estás muy equivocada si te crees que vas a salirte con la tuya. Soy un caballero pero si me buscan... entonces me vas a encontrar. Así que reduzco, piso a fondo y escucho el sonido grave del motor.

Se queda atrás mientras paso como una exhalación antes de que ni siquiera la dé tiempo a reaccionar. Levanto el pie, cambio y reduzco un poco la velocidad. El asfalto está resbaladizo y la fina lluvia continúa, cada vez más intensa.

No sé ya cuantas veces habré pasado por esta autopista, autopista por decir algo, más bien porque tiene 2 carriles en cada sentido, porque por el resto de sus características... Muchas curvas tienen un cartel de peligro o prohibido ir a más de 80km/h, algunas pendientes superan el 10%, eso sin contar los innumerables baches, asfalto en malas condiciones, etc...

Poco a poco se ha ido acercando. La veo por el espejo retrovisor. A medida que seguimos ascendiendo la lluvia se hace más intensa y comienza a arreciar un fuerte viento que golpea el coche a cada curva, a cada recta, a medida que se hace un hueco entre las montañas y encuentra vía libre para golpear la carretera y lo que sobre ella se desliza.

Voy adelantando otros coches y a medida que los paso me vuelvo a incorporar al carril derecho. Ella sigue ahí, pegadita a mí, sin llegar a adelantarme. Me conozco bien esta autopista, casi sería capaz de cerrar los ojos y recordar todas y cada una de sus curvas, algunas bastante traicioneras, de esas que crees que ya se ha acabado y, de repente, te encuentras con que continúa, con que es una curva de casi 270º que rodea la cintura de una montaña. Otras están tan mal peraltadas que puedes comenzar a darlas por el carril interior y, poco a poco, vas viendo como el coche se va hacia el exterior, y no es por un exceso de velocidad, no, es simplemente porque en lugar de tener cierta inclinación hacia el interior está justo al revés. Ese día los ingenieros que la diseñaron o los que dirigieron la obra, debían de estar en otro mundo porque no es normal que hicieran justo lo contrario a lo que indican las leyes de la física.

Un poco más arriba, justo antes del segundo peaje, comienzan curvas más cerradas, el suelo tiene más baches, y los golpes de viento son más fuertes. Acabo de adelantar a otro coche y la veo por el retrovisor, justo detrás de mí, pegadita como una lapa. Así que nada más que puedo vuelvo al carril derecho y freno para que pase, para que siga de largo y se aleje. Al pasarme miro su matrícula. Si el coche que llevo yo tiene poco más de 2 meses, el suyo por la numeración de la matrícula debe de tener pocos días o un par de semanas como mucho.

El cielo se ha oscurecido completamente. Me quedo absorto escuchando la música mientras voy adelantando a los pocos coches y algún camión que me encuentro.

De repente, a lo lejos, vislumbro un buen número de lucecitas naranjas parpadeando. Reduzco la velocidad a medida que me voy acercando.

Al pasar una curva me encuentro con el primer coche, girado completamente, en sentido contrario, medio aplastado contra la mediana de la autopista. Sobre el suelo restos de cristales, plásticos,… a la derecha otro coche en el arcén y a su lado unas cuantas personas. Unos metros más allá, otro, también sobre el arcén y con todo el costado golpeado.

Aparco a un lado y me bajo a ver si necesitan ayuda. Ya han avisado al 112 y no hay heridos. Sólo un buen susto, una familia con el lado izquierdo del coche completamente abollado y aquel flamante coche nuevo que se quedó mirando al revés, en sentido contrario, está para que le cambien toda la carrocería. La chica que lo conducía está hablando por teléfono, pidiendo a alguien de su familia que la vengan a buscar. Comenta algo así como que se distrajo mirando la radio. El conductor del otro coche, un hombre mayor, sólo llega a balbucear que él iba por su carril cuando vió al otro coche intentar adelantarle en una curva, y entonces el coche de ella se sobreviraba y golpeaba el suyo, luego chocaba contra la mediana y después otra vez contra el suyo, aún no sabe cómo pudo controlar el coche y evitar salirse de la carretera.

No sé si creerme que se distrajo con la radio o que sobrepasó el límite de la adherencia que podía haber en aquellas condiciones. Cuando acabas de estrenar un coche, no notas ningún ruido, ni siquiera el del motor, apenas percibes la velocidad, es todo muy diferente. Por eso, has de tener cuidado y no jugártela. Al final, como poco, te vas a quedar una buena temporada sin coche. Eso sin tener en cuenta que te has jugado la vida y la de los que tuvieron la mala suerte de coincidir contigo.

A mí me encanta la velocidad, lo reconozco, y muchas veces conduzco muy cerca del límite. Me encantan los coches, por unos motivos u otros he tenido la oportunidad de conducir varios deportivos, y también he tenido unos cuantos sustos, sin consecuencias. Cuando he querido correr y hacer el loco, me he ido a un circuito. ¿Sabías que se podían alquilar? Sí, y también puedes hacer algún curso de conducción deportiva que te ayudará a conocer mejor lo que llevas y cómo lo has de conducir. No se trata de hacer que la carretera sea una pista de carreras, sino de conocer tus límites, los de tu coche y los del suelo por el que te deslizas. Y, por supuesto, de no sobrepasar nunca esos límites, ni siquiera acercarte a ellos.


No sé por qué intuyo que a ti te gusta conducir y que más de una vez has estado a punto de pasar el límite, quizás sin darte cuenta. Por favor, ten cuidado, quiero que sigas ahí y que sigas posteando.

01 octubre 2007

... (nADa QuE DeCiR)

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Hay momentos, sólo algunos, en los que no me apetece decir nada o no tengo nada que decir o, para decir una tontería, mejor me quedo callado, ¿no crees?.
También hay momentos en los que me gustaría decirte algunas cosillas al oído y ponerte las pilas y, para ello, busco las palabras más adecuadas para susurrártelas pero luego no te las digo. Y es que me quedo ...
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Tú me debes de comprender porque también tienes tus momentos
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¿no?
Pues eso, que no sé si decirte ... o decirte lo que pienso decirte, o repetirte lo que ya te dije o...
Besicos, eso sí, muchos, que como te los dé como a mí me gustaría dártelos, entonces sí que te ibas a poner las pilas.