13 octubre 2007

En el límite

Hace ya tiempo que el sol se puesto detrás de las montañas. Todo el día ha estado amenazando con lluvia y ahora, antes de comenzar el ascenso por la autopista, unas finas gotas de agua se dejan caer, deslizándose suavemente por el parabrisas. Aún hay algo de penumbra aunque las luces del coche se han encendido al ocaso. A medida que voy subiendo la lluvia se vuelve más espesa y los limpiaparabrisas comienzan a barrer el cristal.

En el primer peaje, parada y pago del correspondiente importe. Cuando voy a salir, me siento observado y al girar la cabeza la veo mirando, primero al coche y luego a mí. Vale, sí, es un coche de “abuelote”, pero no se puede negar que tiene algunos tintes deportivos que le quitan ese aire de “persona mayor”.

Acelero dejando atrás las casetas del peaje y al estrecharse los 5 o 6 carriles para convertirse en los 2 de la autopista me encuentro con que intenta cerrarme el paso, bloquearme para que tenga que frenar y esperar a que ella pase con su flamante coche. Pues estás muy equivocada si te crees que vas a salirte con la tuya. Soy un caballero pero si me buscan... entonces me vas a encontrar. Así que reduzco, piso a fondo y escucho el sonido grave del motor.

Se queda atrás mientras paso como una exhalación antes de que ni siquiera la dé tiempo a reaccionar. Levanto el pie, cambio y reduzco un poco la velocidad. El asfalto está resbaladizo y la fina lluvia continúa, cada vez más intensa.

No sé ya cuantas veces habré pasado por esta autopista, autopista por decir algo, más bien porque tiene 2 carriles en cada sentido, porque por el resto de sus características... Muchas curvas tienen un cartel de peligro o prohibido ir a más de 80km/h, algunas pendientes superan el 10%, eso sin contar los innumerables baches, asfalto en malas condiciones, etc...

Poco a poco se ha ido acercando. La veo por el espejo retrovisor. A medida que seguimos ascendiendo la lluvia se hace más intensa y comienza a arreciar un fuerte viento que golpea el coche a cada curva, a cada recta, a medida que se hace un hueco entre las montañas y encuentra vía libre para golpear la carretera y lo que sobre ella se desliza.

Voy adelantando otros coches y a medida que los paso me vuelvo a incorporar al carril derecho. Ella sigue ahí, pegadita a mí, sin llegar a adelantarme. Me conozco bien esta autopista, casi sería capaz de cerrar los ojos y recordar todas y cada una de sus curvas, algunas bastante traicioneras, de esas que crees que ya se ha acabado y, de repente, te encuentras con que continúa, con que es una curva de casi 270º que rodea la cintura de una montaña. Otras están tan mal peraltadas que puedes comenzar a darlas por el carril interior y, poco a poco, vas viendo como el coche se va hacia el exterior, y no es por un exceso de velocidad, no, es simplemente porque en lugar de tener cierta inclinación hacia el interior está justo al revés. Ese día los ingenieros que la diseñaron o los que dirigieron la obra, debían de estar en otro mundo porque no es normal que hicieran justo lo contrario a lo que indican las leyes de la física.

Un poco más arriba, justo antes del segundo peaje, comienzan curvas más cerradas, el suelo tiene más baches, y los golpes de viento son más fuertes. Acabo de adelantar a otro coche y la veo por el retrovisor, justo detrás de mí, pegadita como una lapa. Así que nada más que puedo vuelvo al carril derecho y freno para que pase, para que siga de largo y se aleje. Al pasarme miro su matrícula. Si el coche que llevo yo tiene poco más de 2 meses, el suyo por la numeración de la matrícula debe de tener pocos días o un par de semanas como mucho.

El cielo se ha oscurecido completamente. Me quedo absorto escuchando la música mientras voy adelantando a los pocos coches y algún camión que me encuentro.

De repente, a lo lejos, vislumbro un buen número de lucecitas naranjas parpadeando. Reduzco la velocidad a medida que me voy acercando.

Al pasar una curva me encuentro con el primer coche, girado completamente, en sentido contrario, medio aplastado contra la mediana de la autopista. Sobre el suelo restos de cristales, plásticos,… a la derecha otro coche en el arcén y a su lado unas cuantas personas. Unos metros más allá, otro, también sobre el arcén y con todo el costado golpeado.

Aparco a un lado y me bajo a ver si necesitan ayuda. Ya han avisado al 112 y no hay heridos. Sólo un buen susto, una familia con el lado izquierdo del coche completamente abollado y aquel flamante coche nuevo que se quedó mirando al revés, en sentido contrario, está para que le cambien toda la carrocería. La chica que lo conducía está hablando por teléfono, pidiendo a alguien de su familia que la vengan a buscar. Comenta algo así como que se distrajo mirando la radio. El conductor del otro coche, un hombre mayor, sólo llega a balbucear que él iba por su carril cuando vió al otro coche intentar adelantarle en una curva, y entonces el coche de ella se sobreviraba y golpeaba el suyo, luego chocaba contra la mediana y después otra vez contra el suyo, aún no sabe cómo pudo controlar el coche y evitar salirse de la carretera.

No sé si creerme que se distrajo con la radio o que sobrepasó el límite de la adherencia que podía haber en aquellas condiciones. Cuando acabas de estrenar un coche, no notas ningún ruido, ni siquiera el del motor, apenas percibes la velocidad, es todo muy diferente. Por eso, has de tener cuidado y no jugártela. Al final, como poco, te vas a quedar una buena temporada sin coche. Eso sin tener en cuenta que te has jugado la vida y la de los que tuvieron la mala suerte de coincidir contigo.

A mí me encanta la velocidad, lo reconozco, y muchas veces conduzco muy cerca del límite. Me encantan los coches, por unos motivos u otros he tenido la oportunidad de conducir varios deportivos, y también he tenido unos cuantos sustos, sin consecuencias. Cuando he querido correr y hacer el loco, me he ido a un circuito. ¿Sabías que se podían alquilar? Sí, y también puedes hacer algún curso de conducción deportiva que te ayudará a conocer mejor lo que llevas y cómo lo has de conducir. No se trata de hacer que la carretera sea una pista de carreras, sino de conocer tus límites, los de tu coche y los del suelo por el que te deslizas. Y, por supuesto, de no sobrepasar nunca esos límites, ni siquiera acercarte a ellos.


No sé por qué intuyo que a ti te gusta conducir y que más de una vez has estado a punto de pasar el límite, quizás sin darte cuenta. Por favor, ten cuidado, quiero que sigas ahí y que sigas posteando.

11 comentarios:

Mery dijo...

Sin comentarios..me ha gustado

Besos

Angel y Demonio dijo...

Mmmmm ... es lo que tienen los límites y la pasión por los riesgos, no? En lo personal toda la vida he sido de riesgos, pero de riesgos controlados. ;)

Saluditos! (para que no suene tan formal) :P

Anónimo dijo...

Vaya!!! AHora muchos blogueros sentimos tu dedo sealándonos ;9 jajajajajajajaja!!!! Vaaaaaleeeee, intentaré no pisarrrrleeeeeee ... ainssssss ... que mala leche te has gastao en el post desgraciaooooo ...

Besos otoñales.

Dejame que te cuente dijo...

Hay algo dentro de mi que rechaza la velocidad..
aveces sin darme cuenta miro la velocidad...y me asusto por ir a 130 o 140 k/h...sé que es una velocidad normal...pero no me gusta psar de 120....y n sabria decirte porque...simplemeente jamas le pierdo el respeto al coche...adoro conducir...y de echo conduzco acasi a diario...vivo en un pueblo pekeñito a 15 por autovia de la capital...y hay que viajar casi apra todo...
pero no....no me gusta la velocidad....

gracias por tu visita....
muy interesante tu blog...me encnató leerte..
;-)

eclipse de luna dijo...

A mi no me asustaba la velocidad hasta que tuve un accidente por culpa de otro...ahora me da panico..revivo una y otra vez aquel frenazo...
Un besito.Mar
Gracias por tu visita a mi eclipse, alli tienes un rinconcito por si decides regresar.

almassueltas dijo...

Hoooooooola !!!
A mi me gusta conducir...
gracias por pasar eres el mas acertado de los comentarios..,,

un beshote smart guy !"!!!!!!
muack,muak

luna llena dijo...

Creo que deberían poner este post para el proximo anuncio de la DGT...la verdad es que la mayor parte de las veces no pensamos en el riesgo que corremos, o mejor dicho tenemos la puñetera costumbre de creer "que no pasa nada, o que a nosotros no nos va a pasar"...pero nadie está libre de tener un accidente, de perder a alguien en la carretera, o de provocar que otro pierda la vida (y luego hay que vivir con eso). muy bueno el post.
besos de luna

Anónimo dijo...

Soy totalmente disciplinada conduciendo, pero exagerada. No miedosa, para nada, pero yo ya me pegue la gran hostia hace años, y aprendí, aprendí que en segundo se te va la vida.
Me ha encantado el post querido Carlos, me encanta verte "vivo" por aquí y que lo estés por allí también, en tu mundo, con tus cosas, no sé, sabes lo mucho que te aprecio.
Besos Carlos, un montón de besos, cuídate.

A lo largo de todo el espectro cibernético..... dijo...

Me gusta conducir,sí...me encanta, manos al volante, viajar sin rumbo fijo,en ocasiones, y disfrutar de lo que me voy encontrando.
Leer este post ha coincidido,además,con un viaje que hice ayer...Madrid-Asturias-Galicia y Madrid,de regreso. Y son muchos kilómetros para pensar, y ver cuántas locuras e imprudencias se cometen a manos del volante.
Algunos se sienten más poderosos que responsables y prudentes.

Gracias por tu visita a mi blog.
Un beso enorme!!
María.

e-catarsis dijo...

Vaya me has dejado sin palabras y sí me gusta pisarle y sí llevas razón y... gracias
:)

pandora dijo...

carlos!!!!!!! yo con la velocidad.... no me gusta reconocerlo pero en más de una ocasión.....voy más rápido de lo que debería, pero cuando voy de copiloto y al conductor le da por correr...me pongo nerviosísima.


un beso desde mi caja.
pandora