15 enero 2007

El Meme

Me han invitado (Lara) dulcemente a continuar con un Meme. Antes de seguir la cadena rebusco en el diccionario de la Real Academia Española el significado de dicha palabrita. Siento curiosidad. Mi sorpresa (no muy grande, me lo esperaba) es que no existe semejante palabra en tal diccionario y me sugieren (eso sí que es una sorpresa) que consulte el significado de palabras similares como: memo, mema, memez,... (sin comentarios). Así que no me retraigo y busco en un dicccionario libre, Wikipedia. Parece ser que aquí sí que existe esa palabrita, y que significa la unidad mínima de transmisión de la herencia cultural.
Bueno, visto lo visto,... mejor continúo con la cadena y me olvido de buscarle un sentido a esa palabreja.

Así pues, para el Meme de los 5 secretos he aquí los míos:

1) Me encantan los animales. Sería capaz de vivir en el campo, en medio de la naturaleza. Siento gran atracción por lo verde y los bichos. Alguien me dijo una vez que yo podría haber estudiado Biología. No creo que llegue a tanto mi interés. Pero eso sí, si retrocediera en el tiempo sería capaz de irme a vivir a Africa, a una reserva en medio de la selva. Bueno... ¿quién sabe? quizás algún día cuando sea mayor, me lie la manta a la cabeza y me vaya a un sitio así. Por cierto, no sólo me gusta la fauna salvaje sino también la 'domable'. Especialmente los caballos. Son una especie muy inteligente, noble, fuerte,... Me encantan!!!

2) No me gusta el fútbol. Aunque parezca extraño en un hombre, lo considero un deporte que está bien para practicarlo pero no para sentarse en un sofá a verlo o para ir a un bar... Sinceramente, y que me perdonen los entusiastas de este deporte, eso lo considero absurdo. Y más con las cifras que se manejan a nivel de jugadores, entrenadores,... Me parece una tomadura de pelo a la especie humana. Y que uno llegue un lunes a la oficina y el compañero de turno esté de buen humor o de un humor más ácido que un limón porque 'su' equipo ha ganado o perdido... pues que queréis que os diga, que me parece de lo más estúpido. Con esto no quiero decir que soy incapaz de ver un buen partido pero es que hay tan pocos... Sólo ha habido una vez que fuí a un campo de fútbol, y fué porque me invitaron a un palco y era un compromiso social.

3) Soy muy perfeccionista. Más que una virtud hoy en día, para algunos, quizás sea un defecto. Me gustan las cosas 100% bien hechas. Y sino pues no me quedo a gusto. Lo siento pero soy así. Y más cuando pago por ello. Soy muy exigente, pero no exijo más de lo que me exijo a mí mismo. Así que, si voy a un sitio y pago por... o me compro... pues quiero que sea todo 100% tal y como me lo han vendido. Y no admito medias tintas. Si pago por un trabajo bien hecho pues... yo voy a pagar ¿no?, pues entonces que sea un trabajo bien hecho y no al 99%. Y lo mismo con el trabajo. Si tienes que hacer esto, por qué dices que lo has terminado cuando aún falta... o no funciona correctamente. ¿Te he dicho yo que puedes tener un margen de error del... %?. No, ¿verdad?, pues si no está bien, lo tendrás que continuar hasta que esté perfecto.


4) Nunca he escrito nada antes de este blog. Salvo en raras ocasiones, jamás he escrito una carta o contado nada por escrito o... Me entró el gusanillo de los blogs a través de una personita que he conocido y aquí estoy. Si alguien me llega a decir hace 6 meses que iba a escribir contando mis experiencias, fantasías, ilusiones, sentimientos,... en un blog, no me lo hubiera creido. Y sin embargo... pues aquí estoy continuando un meme :D

5) Las serpientes y culebras me dan cierto repelús. Pues sí, me gustan los animales pero es que con las culebras y serpientes siento un repelús, una sensación tan desagradable que... lo siento pero me veo incapaz de tocar un bicho semejante.
Y siguiendo la tradicción del Meme le paso el 'marrón' a Anaís, Calma, Valeria, Lucía y Pandora.

05 enero 2007

El Espíritu del Vino

Abro la ventanilla de tu lado y al instante te llega un aroma dulce, verde, algo húmedo, y cierras los ojos para concentrarte en ese olor que te invade. Son las viñas que nos rodean. A ambos lados de la carretera, en la ladera de los montes, apretujadas, en inmensas líneas que van como si alguien con un peine gigante, lo hubiese pasado por ahí creando todos esos trazos, esos mechones verdes.

Esa dulce fragancia te envuelve y por tu boca se escapa un pequeño gemido, un “mmmm….” Y no puedo más que, mientras te miro por el rabillo del ojo y veo tus ojos, cerrados con una sonrisa de placer en la boca, decirte “es un olor muy agradable éste de los viñedos, el de las uvas que se convertirán en vino…” y me respondes… “mmmm… veo vino por todas partes y no sabes cómo me gusta… cómo me excita…”.

Dejamos un poco atrás los viñedos para adentrarnos en esto que hace años era un pueblo y que ha ido creciendo hasta el punto de que, en las afueras, donde antes había unas pocas bodegas ahora se ha convertido en una zona industrial en la que se elaboran gran parte de los vinos que se distribuyen por muchos lugares. Y a pesar de la modernización sigue guardando todo su espíritu de antaño, de bodegas centenarias.

Vamos pasando entre naves modernas y edificios con paredes que aún conservan los restos de la historia. Y luego más naves con inmensos depósitos de aluminio y después otras con las cubiertas de teja antigua, con paredes oscuras, ennegrecidas, muros de arena y barro por los que sobresale alguna parra, muros mejor o peor conservados pero con muchos años de historia a su vera.

Nos adentramos por una calle estrecha y ahí, en un recodo de la calle, giro y entramos por debajo de un arco de hierro forjado que decora la entrada a un patio. Un patio muy pequeño, que no tendrá más de 15 o 20 metros de ancho por otros 30 o 40 de largo. Tiene una apariencia más de mansión, de caserón o antiguo palacete antes que de una afamada bodega.

Aparco en la zona reservada a visitas y descendemos del coche. No puedes evitar mirar a tu alrededor observándolo todo. Y al levantar la vista ves el nombre de la bodega. Un nombre muy conocido. La verdad es que nunca te la hubieses imaginado así. Un edificio relativamente pequeño, muy espartano, es el que alberga esta bodega que sólo por su nombre serías capaz de reconocerla y de ser consciente de los agradables caldos que han salido de entre esas paredes.

Me acerco a ti, paso una mano por tu cintura mientras te susurro al oído: "vamos, creo que te vas a sorprender con lo que verás. El edificio como que engaña pero en su interior… ".

Nos encaminamos hacia el fondo del patio, allá donde hay una puertecilla de madera y cristal. Una puerta que parece sacada de lugar. Por nada del mundo te hubieras imaginado que por aquella puerta estaría el paso hacia el interior de la bodega. Una puerta tras la que hay un espacio interior muy pequeño. Apenas cabemos los dos. Y en ese interior, a tu derecha y a izquierda ves unos escaparates. En ellos hay muchos objetos. Algunos muy antiguos y otros más modernos. Sacacorchos, posavasos, termómetros,… todos relacionados con la cultura del vino.

Nos echamos un poco hacia atrás para poder abrir la otra puerta, también muy pequeña, de madera y cristal. Se trata de un cristal antiguo, tanto que debió de ser hecho a mano hace muchísimos años. Un cristal que sólo permite vislumbrar un poco la luz del otro lado.

Pasamos al interior y descubres un suelo de tarima brillante, encerada, deslumbra tanto que nuestros cuerpos se reflejan sobre el suelo. A nuestro alrededor todo son mostradores de madera y cristal, y detrás, muchas estanterías. Sientes como si hubiésemos hecho un viaje al pasado, un viaje a los años 40 o 50. Y todo permanece casi igual que debió de estar entonces. El aspecto antiguo, casi abandonado, que te dio esa primera impresión al entrar por la primera puerta, la del fondo del patio, ahora se ha convertido con la luz y el brillo de la madera centenaria bien cuidada, en algo así como si hubieses entrado en el interior de una película de esas de blanco y negro, pero eso sí, lo estás viviendo a todo color.

Te quedas seducida por la cantidad de artilugios que hay detrás de las vitrinas. Algunos te imaginas cuál será su cometido pero otros… ni por lo más remoto. Y entre ellos, botellas. Algunas de añadas muy famosas, reconocidas por su excelencia. Botellas de vinos que fueron memorables, vinos que le otorgaron la fama a esta bodega y que también se llevaron medallas y grandes premios.

Te has quedado observando, mirando, fijándote en todo, como si estuvieras viviendo en un sueño y mientras tanto, te vuelvo a agarrar por la cintura para acercarnos al mostrador. El suelo de tarima chirría con nuestros pasos, rompiendo la quietud, el silencio. Y escuchamos un “hola, que tal están?, son Uds…. Les estábamos esperando”. Nos dice la chica sonriente detrás del mostrador. Tú te quedas un poco perpleja. Esta chica te recuerda a… sí, a tu amiga… Se da un aire… pero no lo es. Ella sigue sonriendo mientras tú te has quedado mirándola fijamente. Entonces nos dice “si me acompañan por aquí les voy enseñando la bodega y luego ya pasaremos a catar algunos de nuestros vinos”.

Levanta una parte del mostrador y pasamos al otro lado. Allí, a sus espaldas hay una puerta por la que entramos al interior de la bodega. Entonces, lo que había parecido como una pequeña tienda, se convierte en un inmenso espacio con unos techos muy altos. El suelo empedrado y a izquierda y a derecha inmensas cubas.

Nos va explicando todo el proceso. "Allí se echa la uva... Toda es de esta zona. Nosotros tenemos unas cuantas hectáreas pero no son las suficientes para todo el vino que producimos. Tenemos acuerdos con algunos viticultores de por aquí para comprarles toda la cosecha y es así como conseguimos, año tras año, toda la uva que necesitamos. Maceramos una gran variedad de uvas: garnacha, mazuelo, graciano,… que combinadas en diferentes porcentajes es como obtenemos los distintos vinos que Uds. conocen."
Continuamos caminando entre inmensas cubas de madera mientras nos sigue explicando. "De allí pasamos el mosto a estos depósitos de roble donde dejamos que fermente. La maceración dura de unos 15 a 20 días... en esas cubas y luego viene la crianza. Para ello traspasamos el vino a estos otros depósitos de roble de 15.000 litros donde lo dejamos reposar durante doce meses."
Nos dirigimos a otra zona de la bodega donde hay un gran número de de barricas, todas apiladas, unas encima de otras, en interminables hileras. "Aquí es donde mantenemos el vino durante otros treinta y seis meses como mínimo. Lo vamos pasando de unas barricas a otras, para que no vaya cogiendo mucho sabor. Todo depende de la antigüedad de la barrica. Después, allí, lo embotellamos... Y en esta zona lo dejamos que siga madurando en las botellas durante... al menos otros treinta seis meses. Después de la crianza lo clarificamos con claras de huevo... Y ya, por fin, aquí tenéis el vino embotellado, listo para catarlo. Así es como conseguimos estos grandes reservas, como éste de 1995 que vais a catar ahora."

En un decantador ha vaciado una botella y nos sirve unas copas. Son de cristal fino, de una transparencia casi absoluta. Una luz tenue envuelve la bodega pero es suficiente como para poder percibir el color rojo rubí-teja del vino en la copa. Desprende un aroma a frutas entremezcladas con cueros y tierra mojada. Acto seguido también te llega un olor como a vainilla y coco con un trasfondo de frutos rojos. Es un olor que te embriaga, que te seduce. Llevas la copa a los labios y lo paladeas. Cierras los ojos y sientes como te recorre por dentro, de forma sigilosa, liberando el camino, dejándote un recuerdo en la boca mientras se despiertan en tí todos tus sentidos.

Me acerco por detrás pegándome a tu espalda. Con los brazos te rodeo la cintura y sumerjo la cara en tu pelo mientras mi aliento roza tu oreja. Y entonces te susurro al oído que ahora me gustaría a mi probarte, degustarte sorbo a sorbo, pegar mis labios a los tuyos, juguetear mi lengua con tu cuerpo, sentir como te humedeces, embriagarme de ti. Mientras tanto, la chica que nos sigue contando algunas características de este vino, sonríe, quizás por el morbo que le estamos despertando.

En ese momento, suena el teléfono que lleva en la cintura. Lo coge y después de colgar se disculpa diciendo que tiene que ausentarse un momento. "Podéis seguir catando este vino mientras hago unas gestiones. Regresaré en seguida."
Y se va y nos deja solos. Entonces te das la vuelta y me comes la boca mientras aprieto tu cuerpo contra el mío. El vino en nuestras bocas ha despertado nuestros instintos, nuestro deseo mutuo y nuestras bocas se devoran, la una a la otra. Te cojo las nalgas, apretándolas. Te separo los muslos y te acaricio mientras noto, a través de la ropa, tus pezones duros, excitados. Deslizo una mano por debajo de tu falda hasta llegar a las braguitas buscando el elástico para, por debajo de él, pasar el dedo y comenzar a acariciarte. Tu cuerpo se estremece.
Te sigo acariciando y noto la respuesta a este estímulo en tu boca que aumenta el ansia por devorar la mía. Paso la otra mano y hago lo mismo, con los dedos por debajo de las braguitas, acariciando tu piel suave, tersa. Con una mano separo la tela para dejar el suficiente espacio como para que mis dedos rocen tu sexo. Siento la humedad que baja hacia tus muslos y saco la mano izquierda para subir por entre tus ropas hacia tus senos. Mientras... la otra mano sigue ahí, acariciándote, jugueteando.
Mantengo una mano apoyada en tu pubis, con los dedos apenas rozándote, moviéndose alrededor, masajeándote... y con dos dedos te abro mientras introduzco otro dentro. Separas tu boca de la mía para soltar un gemido. Abres los ojos y me coges la otra mano para comenzar a chuparme los dedos.
Te desabrocho la blusa y empiezo a acariciarte con la lengua, lamiéndote, mordisqueándote. Me gusta escuchar tus gemidos. Te sientes húmeda y caliente. El olor a vino que flota en el ambiente, el recuerdo que ha dejado en tu boca, la luz tenue, la excitación que te ha producido toda la situación,… hace que me muerdas y me digas que quieres sentirme dentro, muy dentro.
Cogiéndote las nalgas con firmeza te levanto para subirte sobre la mesa. Te tumbas y cojo una copa de la que vierto algunas gotas sobre tu pubis. Notas como el vino corretea sobre tu piel, tibio. Me agacho sobre ti para recoger esas gotas, para beberlas sobre tu cuerpo. Tus gemidos aumentan del mismo modo que aumenta el tono de tu respiración. Veo como tu pecho ondula a ritmo acelerado.
Me levanto para tomar un sorbo y a continuación junto mi boca con la tuya para que lo bebamos juntos. Noto tus manos como se clavan en mi cadera, empujándome hacia ti, haciendo que me introduzca en tu interior, primero lentamente, abriéndome paso entre tus líquidos y el vino derramado.
Y así continuamos, rodeados de estas barricas de roble centenario, entre grandes reservas, bebiéndonos los cuerpos, juntándolos, haciendo que sean uno sólo, entre aromas de frutos rojos, de vainilla, de cuero, de maderas,… estremeciéndonos al mismo ritmo, al mismo compás.