28 septiembre 2006

Dia de perros...

Hoy tengo un cabreo... De esos que si pillo al autor o autores no sé que les haría. Se me ocurren mil cosas y ninguna buena. Hoy que parecía que iba a brillar el sol.., y brilló, pero también brilló mi ira. Hoy que parecía que haría un buen día, pues no, yo tuve un mal día, un día de perros.

Que ¿qué me ha pasado?. Pues aquí lo cuento para que quien lea esto lo tenga en cuenta y procure evitar que le pase lo que a mí.
Antes de ir al banco a hacer unas gestiones me da por mirar en la web los movimientos y me encuentro con que en la visa tengo unos cargos pendientes por casi 3,000.00 euros. Me quedo perplejo, boquiabierto, cuando veo que son 3 cargos del mismo establecimiento y el mismo día. Es una pizzería que ni siquiera conozco y en la que no he estado jamás. Contacto con el banco y me dicen que si es un fraude (por supuesto que sí) entonces he de poner una denuncia y enviarles una copia para que ellos lo comiencen a gestionar. La cuestión es que el banco me dice que primero me lo cobrarán y luego, cuando se demuestre que soy inocente (que ironía!!!), entonces me devolverán el dinero.
Me voy a la comisaría a poner la denuncia e indagando como ha podido suceder esto, me doy cuenta que, el viernes anterior, cenando en un restaurante, el grrxqzsxx*+(/#.... del camarero probablemente me hizo un duplicado de la visa cuando se la di para pagar. Así que, con esa copia, el muy h.... p.... y algún amiguete suyo (dueño o encargado de otro restaurante, concretamente, la pizzería), el domingo, me intentaron estafar casi 3,000.00 euros en pizzas. Vamos, como para comer pizzas toda una vida.
Opciones:
A) ir a la pizzería a pedir explicaciones. No creo que nadie les haya engañado y se haya hecho pasar por mí con una tarjeta duplicada. Más que nada, porque no creo que nadie sea capaz de gastarse esa cantidad de dinero en pizzas en una tarde. Por tanto, son, como poco, cómplices.
B) ir al restaurante donde cené el viernes y buscar al camarero para pedirle explicaciones. Que ¿por qué estoy tan seguro de que fue en este sitio? Pues porque en bastante tiempo (semanas) no había utilizado esa tarjeta y cuando te la copian la utilizan lo antes posible y te intentan estafar lo máximo hasta llegar al límite de la tarjeta. Así pues, tienen muchas posibilidades de ser el origen del problema.
C) reclamarle a Visa y al banco lo que es mío y que ellos se peguen con los h… p…. que me han querido robar.
D) muchas otras opciones más y todas ellas bastante agresivas.

Como las dos primeras, me han parecido que me iban a suponer algo más que pedir explicaciones y, tampoco estoy dispuesto a tener que, encima, indemnizar a alguien por haberle roto la cara, aunque sea un chorizo cabrón, entonces he optado por:
1) intentar razonar friamente
2) denunciarlo en comisaría
3) enviar una reclamación al banco solicitando que no me cobren lo que yo no me he gastado
4) esperar a que esto se resuelva por un cauce pacífico, aunque, puedo asegurar que, en los primeros momentos, hubiera hecho un par de visitas que...
Lo mejor de todo es lo que he aprendido de esta situación: cuando vayas a pagar con una Visa, Amex, Mastercard,… cualquier tarjeta, salvo en lo sitios que sean de absoluta confianza, en el resto, por muy buena pinta que tengan, nunca, nunca, nunca, nunca jamás, dejes tu tarjeta a ningún camarero, empleado o lo que sea. Pide que te traigan el datafono o bacaladera a la mesa y que pasen la tarjeta delante de ti. Y si te dicen que no se puede, entonces vete con ellos a donde esté el aparatito y fíjate bien, no vaya a ser que pasen tu tarjeta por un lector y aprovechen para hacerte una copia. Esto se debe de aplicar en restaurantes, tiendas,… en cualquier sitio donde pagues con tarjeta.
Ah! Y jamás dejes los recibos (la copia) por ahí tirados. Ya no suelen tener impreso el nº de la tarjeta pero, así y todo, hay auténticas mafias que se dedican a recogerlos de las papeleras de gasolineras, restaurantes,… para coger tus datos e intentar estafarte.
Es una lástima que vivamos en un mundo con un montón de…. Si de mí dependiese les ataba una cadena a lo pies, les daba un pico y una pala y a arreglar las carreteras. Pero no, la justicia les mete en la cárcel (por poco tiempo) y con todo lujo de detalles. En fin, que tengáis mucha suerte y que nunca os pase lo que a mí.

25 septiembre 2006

Annecy (Parte II)


...Continuación ...

Nota: si no has leído la parte I te recomiendo que lo hagas. Y si lo has hecho, puedes volver a leerla para recordar el comienzo de esta historia. Además, he añadido alguna foto.



Entonces, abrigados por la penumbra de aquel portal, en aquel rellano, detrás del ascensor, se me acercó y con sus manos empujó mi chaqueta hacia atrás, dejándola que se deslizase por mis brazos hasta el suelo. Juntó sus labios con los míos y sentí como un escalofrío recorría toda mi espalda. Cerré los ojos mientras ágilmente me quitaba la corbata con una mano y con la otra me iba desabrochando los botones de la camisa. Se detuvo un instante, lo justo para dejar caer su abrigo al suelo y continuó quitándome la camisa.
Deslizó sus manos por mi pecho hasta llegar a la cintura donde introdujo una entre mi piel y los pantalones. Con la otra mano tiró de mi camisa hacia atrás y mis brazos quedaron atrapados por la camisa a medio quitar. Entonces se agachó y me bajó los pantalones. Volvió la mirada hacia mí y en ese momento ví un brillo especial salir de sus ojos. No supe si era el de un ángel o el de un demonio. Poco me importaba en ese momento mi salvación o mi perdición. Sentía como si me fuera a devorar. Más y más. Iba aumentando el ritmo del mismo modo que aumentaba mi respiración, entrecortada, jadeante, casi sin aliento.

Se levantó y terminó de quitarse la ropa que yo aún no había podido quitarle. Entonces se pegó tanto a mí que pensé que me iba a traspasar, que se iba a meter dentro de mí. Ni un solo resquicio entre nuestra piel. Levantó una pierna para pasarla por detrás de las mías y con sus manos se agarró a mi espalda. Me sentía totalmente atrapado, contra la pared, con sus brazos apretándome fuertemente contra ella, sus manos clavándose en mi espalda mientras la estaba comenzando a penetrar. Levantó la otra pierna y la pasó por detrás de mí y sus manos se agarraron a mis hombros. Empujó su cadera hacia abajo y yo noté como me introducía completamente en su interior. Un gritito salió de su boca, me clavó las uñas en la espalda y me susurró algo al oído mientras comenzó a moverse, primero lentamente y después más rápido.
Nuestros jadeos se tenían que oír en todo el edificio pero nada nos importaba. Era como si estuviéramos solos, en un mundo aparte. La sentía como si fuera parte de mí, como si fuéramos un único cuerpo, moviéndonos al mismo compás, en el rincón de aquel portal. Nuestras bocas se devoraban mutuamente. Sus manos se clavaban más y más en mi espalda mientras yo me quería sentir más adentro de ella. Todo fue in crescendo hasta que soltó un grito y se quedó aferrada a mí, inmóvil, apretándose fuertemente contra mi cuerpo. Fueron sólo unos segundos pero me hubiera gustado que fuese toda una eternidad.

Entonces se despegó de mí, me quitó la camisa que me tenía aprisionados los brazos contra la espalda y se agachó, apoyando las manos en los últimos peldaños de la escalera. En esa posición me acerqué y la volví a poseer, la volví a sentir mía. Le iba dando mordisquitos en la espalda mientras con las manos acariciaba sus pechos, en la misma medida que me introducía en su interior. Sus movimientos eran rápidos, como si fuesen movidos por una corriente eléctrica, fuertes, constantes. Los jadeos y gritos volvieron a aumentar, otra vez, cada vez más, hasta que sentí que me derretía, que me fundía en su interior.

Nos vestimos y salimos a la calle. Ya había anochecido completamente y la humedad del lago se hacía más presente. La bruma comenzaba a invadir las calles. En su cara tenía una sonrisa y aquel brillo tan especial. No sé si era el de un ángel que acaba de salvar a un pecador o de un demonio que acababa de llevarme a la perdición. Me volvió a besar y ese dulce aroma me invadió otra vez. Susurró algo que me sonó como muy sensual y con una sonrisa se marchó. Me quedé inmóvil por unos instantes y entonces quise ir tras ella para decirle algo aunque fuese por señas, pedirle su teléfono,… lo que fuera. Doblé la esquina y me encontré con que había desaparecido. La calle estaba desierta. Era imposible que se hubiese esfumado así, como si fuera un espíritu.

Desanduve mis pasos y me encontré con el semáforo. Mantenía su luz en color rojo. No había ningún coche, ningún peatón, nada. Todo en silencio excepto el rumor de las aguas que surcaban los canales de la ciudad. La neblina había aumentado y regresé al hotel-palacio. Esa noche no pude dormir. En todo momento sentía su presencia allí, junto a mí, en la habitación.

Aún es el día de hoy que, todavía, no sabría discernir si aquello fue real o sólo fruto de mi imaginación. Quizás fuera el espíritu de una bella dama que regresó del pasado, una de aquellas que un día vivieron en aquella bonita ciudad. O quizás vino del lago o del bosque que lo rodea. No lo sé y por eso pienso que algún día regresaré a Annecy.

19 septiembre 2006

Annecy (Parte I)

A los pies de los Alpes y al borde de un lago que lleva su mismo nombre está esta bella ciudad, Annecy. A mí me suena como al nombre de una mujer. Un nombre de esos dulces, tiernos, encantadores.

Annecy es uno de esos paraísos que son tan bonitos que hasta parecen artificiales, es como si estuvieras dentro de un cuento. A pesar del transcurso del tiempo la ciudad aún mantiene un halo de misterioso recuerdo de otras épocas, de antaño cuando príncipes, dragones y hermosas damas pasearon por lo que hoy son sus calles y canales.

Tuve suerte y la reunión terminó un poco antes de lo previsto. Aún brillaban los últimos rayos del sol antes de dejar paso a una blanca luna. Así que salí del hotel y me fui a dar una vuelta, a recorrer este maravilloso lugar. Dejé atrás el bosque que rodea el hotel-palacio y alcancé las primeras calles de la ciudad, donde el embarcadero.

Me detuve junto al semáforo en rojo. Podría haber pasado ya que no había coches ni peatones. No había nada. Sólo calles desiertas. Lo cierto es que no sé muy bien que fue lo que me impulsó a permanecer allí, parado, ante un semáforo que no cambiaba de color. Los segundos se me hacían eternos.
Como si hubiera surgido de entre la nada, a mis espaldas, noté su presencia. Era una dulce fragancia. No sabría decir muy bien a qué, pero era un perfume que llenaba el aire que me rodeaba. Me mantuve inmóvil y, con el rabillo del ojo, escruté a mi alrededor buscando ansiosamente de dónde provenía aquel suave aroma.

Se había detenido a mi lado, esperando a que el semáforo cambiase de color. Llevaba un abrigo que le llegaba por encima de las rodillas permitiendo ver unas medias que abrigaban aquellas largas piernas. Su cabellera oscura caía sobre sus hombros. Me giré un poquito y pude ver sus ojos. Alegres, divertidos. Me pareció entrever una sonrisa. Yo permanecía inmóvil mientras rogaba a todos los espíritus de aquel lugar que el semáforo se hubiera estropeado o que, al menos, se retrasase un poco más en cambiar de color.

De repente escuché su voz, cálida, muy sensual. Todavía es el día de hoy que por más que lo intento no llego a discernir que fue lo que me pudo decir. No tengo ni idea de francés, tan sólo cuatro frases aprendidas y aquella no era ninguna de ellas. Balbuceé y apenas fui capaz de decirle, en mi inglés españolizado, que no era de allí y que sólo hablo español o inglés. Se sonrió más aún y me dijo otras palabras que a mí me sonaron como si provinieran de una música celestial.

Para mi desgracia, pensé, el semáforo se puso en verde y comenzamos a cruzar la calle. Fue entonces, cuando justo antes de llegar a la acera se me acercó, casi rozándome y me cogió la mano. Yo me dejé llevar. Me volvió a decir algo y ya entonces fue cuando decidí que el francés no puede seguir siendo una asignatura pendiente en mí.

Aceleró el paso y yo detrás de ella, agarrado a su mano como si estuviera a punto de caerme a un precipicio y aquella fuese mi única salvación. Se dirigió hacia una casa que, en su día, debió de ser un palacio. Empujó la puerta y entramos. Una bombilla alumbraba tenuemente lo que ahora era un portal. Más tarde me di cuenta que era un portal anónimo, que ella no vivía allí y que, quizás, nunca hubiese estado allí antes. Me llevó hasta el final, justo donde comenzaba la escalera, al otro lado del maltrecho ascensor. Subimos unos peldaños, justo hasta el primer rellano y allí se detuvo.
…. Continuará …

18 septiembre 2006

Sentimientos

En las últimas horas he hecho de todo. Bueno, vale…. de casi todo. Y curiosamente también he recibido mucho apoyo de personas anónimas, desconocidas o, más bien, poco conocidas. Es algo que me ha sorprendido gratamente. Que alguien de quien no sé su nombre verdadero, haya llegado hasta aquí, haya comprendido mis sentimientos y me envíe un mail con una muestra de cariño.

¿Qué me pasa? Me preguntan. Creo que no es difícil entreverlo. Una vez, no hace mucho, quise conocer a una princesita, una sirena de esas con alas, una sirena capaz de embrujarte con sus susurros y que, cuando te acercas a ella, echa a volar y vuela, vuela alto, muy alto.

Fue conocerla un momento, sólo un instante y sentí que una luz intensa me inundaba. Con el tiempo, poco tiempo, más bien semanas pero intensamente vividas por mí, la he ido queriendo más y más. Cierta complicidad debió de surgir entre nosotros. Yo así lo vi. No sé Ella, pero intuyo que sí. En silencio nos hablábamos, nos contábamos cosas triviales y otras que, no tanto. Yo sentía que la complicidad iba aumentando, que nuestros pensamientos se encontraban en el mismo camino. Luego, quizás me precipité. No sé. Sentí que la quise conocer. Quise verla, tenerla cerca de mí, aunque es cierto que nunca la viví lejos. Siempre la percibí junto a mí.

Yo creo que se asustó y que, por eso se escondió. Quizás tuvo miedo de que volvieran esos sentimientos tan intensos. Su corazón debe tener algunas espinas clavadas y le duelen. Y por eso teme que, otra vez, pueda volver a sufrir. Eso es lo que yo me quise decir.

Lo cierto es que, se escondió y Yo ya sólo sentí el cristal frío, sin vida, sin nadie delante de mí. Sólo el silencio. Ni siquiera una palabra para olvidarla. Ni tampoco una letra para seguir en mi sinvivir. Nada. Sólo silencio. Silencio que corta y rasga como cuchillas afiladas. Porque no hay nada peor que no saber qué siente Ella, no saber que tiene que decir.

¿cómo es Ella? Me preguntabais. Pues, es dulce, tierna, apasionada, creativa, con las ideas claras, de espíritu fuerte, capaz de darlo todo por ti si se siente correspondida, fiel, sensual,… es… especial. Al menos yo la quise ver así. Quizás fue sólo una ilusión, una ilusión que se resistió a convertirse en una realidad.

Alguien me dijo: No te preocupes. Si el destino ha decidido uniros, algún día estaréis juntos. En ocasiones el destino es así, caprichoso y cruel, y te mantiene en una larga espera. Puede que ella no sea para ti. Puede que todavía no haya encontrado en ti a su príncipe. O puede que sí y le cueste decidirse porque tenga miedo de volver a sentir.

En un instante de cordura, de esa que tengo en muy raros momentos, he decidido que si no se digna a hablarme, que si no es valiente para tomar una decisión y decirme algo, aunque sólo sea una palabra, es que no me merece. Quizás me equivoqué con Ella cuando la ví como una mujer valiente, decidida, dispuesta a arriesgarse porque no tenía nada que perder.

Yo he de seguir mi camino y si Ella quiere venir conmigo ya sabe cómo encontrar mis pasos.

17 septiembre 2006

Reflexiones

“Prefiero soñar y vivir en un sueño antes que morir en una triste realidad.”

La noche era oscura y de dentro de mí surgió ese otro yo, ese que tiene una locura que no puede contener. Llueve y hace frío. Un frío intenso que me traspasa hasta los huesos. Siento como el verano se va, y con él una parte de mí. Una parte que se quedará atrás y que, quizás, nunca más volverá.
La lluvia arrecia y yo no pude más que salir a la calle, mirar a la Luna y sentir como las gotas caían sobre mí, intentando sofocar mis sentimientos. No pude más y por mis ojos también llovió. Ríos de agua que resbalaron por mis mejillas, mezclándose con la lluvia que las estrellas dejaban caer. Sentí como si mi corazón se abriera y me fui.
“Por qué no nos damos cuenta de que estamos perdiendo algo importante y no lo sabemos valorar hasta que lo hemos perdido.”
Nos equivocamos, cometemos errores, aprendemos de ellos y, quizás, volvamos a equivocarnos.
En ocasiones son las dudas, las indecisión las que pueden hacerte perder esa oportunidad. Pero, otras veces, son las prisas, la precipitación.
Daría mi vida por tener otra oportunidad, por volver el tiempo atrás, por volver a sentirte detrás de ese cristal como cuando te conocí, hablando en silencio, sintiéndote cerca como si estuvieras aquí junto a mí.
¡¡¡ qué complejo es el ser humano, qué difícil hacemos lo fácil y sencillo lo complicado!!!.

12 septiembre 2006

Conduciendo

Como soy bastante activo (más o menos hiperactivo o superactivo o lo que sea…activo), me gusta todo lo que conlleve movimiento, cambios, en definitiva, acción.

Conducir es algo que me relaja, me produce placer y me excita. Quizás sea algo raro, un caso de esos que le gustaría estudiar a algún psicólogo/a. Pero no, no voy a dejar que me examinen tan fácilmente.

El caso es que cuando me encuentro extraño, especialmente ansioso, nervioso como gato panza arriba, o simplemente, cuando me apetece, me encanta coger el coche y conducir.

Conducir kilómetros y kilómetros. Sin rumbo fijo. Por autopistas que discurren entre extensas llanuras donde no se ve ni una montaña, y también por esas carreteritas del Norte de mi país, allá donde nací. Esas carreterillas que serpentean entre bosques verdes, entre humedales de ríos y arroyos, entre montañas escarpadas.

Conducir produce en mí tal excitación y placer que mi primer orgasmo en un coche lo tuve yo sólo a los 13 años. Sí, a los 13. Cuando ya conducía yo sólo. Por aquel entonces, un tío mío, que me había enseñado pacientemente un par de años antes, me dejaba su coche. Cómo recuerdo aquel R4 que yo conducía por aquellas carreterillas, más bien caminos sin asfaltar, donde sólo podías encontrar alguna vaca que otra o un caballo o un ciervo. Como mucho, te podías cruzar con otros 2 coches más porque en aquella zona no había ningún otro vehículo.

La cuestión es que, estaré loco o no, seré un tipo raro o no, o todo ello, pero a los 13, el coger el coche y conducir me producía bastante placer. Casi tanto como otros asuntos.

Aquello de meter la marcha, empujar el acelerador, despacito, con mucho tacto, muy despacio al mismo tiempo que vas incrementando la presión y, sentir, sentir cómo gemía en cada una de las curvas. Mmmmm… Me gustaba notar cómo me sujetaba la espalda a cada movimiento, era como si tirase de mí y me pidiera más y más. Sacar la palanca para volver a meterla, otra vez, ahora más lejos, más adentro, y presionar, presionar aquel acelerador, y notar cómo gemía más y más en cada curva.
Así fue que, de repente, un día, me encontré empapado, mojado con mi semen resbalando por mis piernas mientras iba cambiando de marchas, mientras iba empujando la palanca hacia delante y luego hacia atrás (así era el cambio del R4), presionando el acelerador y sintiendo cada curva.

Luego, el tiempo ha ido pasando y a medida que pasaba, los coches iban cambiando, y algunos de ellos pasando por mis manos. Recuerdo aquel R5 y el R9 y mi primer coche, el Opel, y luego vinieron más, algunos Peugeot y Citroen, y finalmente los Audi’s y BMW’s. Y siempre, siempre, cuidándolos con cariño y sintiendo como se fundían conmigo en cada carretera, en cada curva del camino.

También es cierto que ya no me producen orgasmos. Sólo placer y relax.

Mis orgasmos con los coches han ido también cambiando con el tiempo. Pasaron a ser de orgasmos con los coches, a orgasmos en los coches con. Algunos bastante típicos en el asiento de atrás pero otros, otros más atrevidos.

Recuerdo algunos bastante significativos como cuando iba conduciendo aquella tarde, por la autopista, cerca de la ciudad. Ella desliza su mano ágilmente entre mis piernas y comienza a acariciarme para pasar a desabrocharme el cinturón y bajarme la cremallera. Su mano serpentea entre mi ropa hasta llegar a mi piel. Noté su mano cálida, y cómo me iba acariciando, más y más. Luego, se agachó, puso su cabeza entre mis piernas y continuó acariciándome con su lengua para pasar después a engullirme con su boca.

Todavía no me explico cómo conseguí dejar atrás la autopista y, sin cambiar de marcha, para no distraerla, llegar a aquel semáforo en 5ª y con muy pocas revoluciones. Eso sí, pocas revoluciones tenía el motor del coche porque el mío iba pasado de vueltas. Aún recuerdo la cara de aquella parejita que estaba en el coche de al lado, cuando, en el semáforo, tal y como hacen muchos, miraron a su alrededor, curioseando mientras esperaban la luz verde y, nos vieron. Mejor dicho, me vieron a mí y a ella agachada sobre mí. Se abrió el semáforo y yo arranqué y ellos allí se quedaron. Perplejos. De una piedra.

Como soy un caballero, si a una mujer también le gusta conducir, entonces no me voy a comportar egoístamente. Así pues no me lo pensé más y un poco más allá, detuve el coche e intercambiamos posiciones.
Ella conducía por las calles de Madrid y yo iba de copiloto. Y menudo copiloto. Todavía recuerdo como me decía que no sabía conducir por la ciudad. Que nos íbamos a perder. Y yo diciéndole que no se preocupara, que mientras no fuésemos en dirección prohibida, que todo iba bien. Y ella gimiendo, yo creo que más que el coche porque de 2ª no lo pasó, y acelerar, vaya si lo aceleraba. A cada empujón de mi lengua, pisotón que ella le daba al acelerador. El coche se encabritaba, para eso tenía sus CV, las ruedas chirriaban y yo me esmeraba aún más. Así estuvimos un buen rato, hasta que alcanzamos la carretera de La Coruña y ya allí pudo darle rienda suelta al acelerador, y yo a mi lengua. Todavía no sé como el coche pudo aguantar. Creo que llegó a ponerlo a más de 120 en 2ª. Después llegamos a mi casa y dejamos el coche para continuar más cómodamente, sin ropa.

Y a ti, ¿te gusta conducir?.

Por cierto, me acaba de asaltar una duda. Con esto del carnet por puntos que se acaba de imponer en España, alguien sabría decirme cuántos puntos te pueden quitar si un guardia te pilla distrayendo a la conductora ;)

11 septiembre 2006

Y volé, volé alto

Por fin pude Volar.

Últimamente andan mis huesos soportando una pesada carga que no me deja dormir, que no me deja vivir. Tengo que hacer algo diferente, distinto. He de relajar mis hormonas que están bastante excitadas desde que decidí mantener mi abstinencia hasta que algún día pueda volar con Ella.

Luce un sol radiante, el cielo azul y yo aquí deseando volar. Y Ella, ¿dónde estará? ¿qué estará haciendo en este instante? Cómo me gustaría ser pájaro para poder volar, volar y surcar los cielos hasta llegar a su ventana y verla despertar.

Antes de acabar de volverme loco como un cencerro decido intentar volar. Es viernes y aún no hay mucho tráfico así que me subo al coche y me dirijo al aeródromo, ese pequeñito que está en la zona Norte. Allí encuentro a un grupo de Dédalos, de esos locos enamorados del viento que con sus pequeños artefactos surcan los cielos. Reconozco a uno de ellos y le convenzo para que subamos allá arriba, allá a lo alto. Hoy quiero sentirme pájaro y volar.

El ultraligero tiembla al arrancar el motor que mueve la hélice que tengo a mis espaldas. Siento su fragilidad, noto como todo se mueve y como comienza a traquetear por el campo. Empujamos el mástil que sujeta esa especie de ala delta que nos va a sustentar y despegamos. Primero rápidamente para alejarnos de las copas de los árboles y luego despacio, intentando coger alguna térmica para saborear el ascenso.

Allá arriba me siento bien. Me gusta sentir el aire en la cara, fresco, puro, como si fuese su aliento. Me encanta esa sensación de estar flotando. Me relaja y al mismo tiempo me abstrae en mis pensamientos.

Seguimos subiendo más y más y yo desearía tener mis propias alas, como el mismísimo Ícaro para poder continuar volando alto, más alto y más allá, hasta sentir la brisa del mar en la cara.

Es una sensación difícil de explicar. La fragilidad del artefacto, el ronroneo de la hélice cuando la ponemos al ralentí para dejarnos planear, el sentir cómo nos elevamos con la fuerza de una térmica, el aire fresco, puro… y el poder verlo todo ahí debajo, pequeñito, como si fuésemos pájaros.

No tiene nada que ver con volar en un avión. Sería como comparar una bicicleta con un camión. Tengo un amigo un poco loco, como yo, que me está tentando para que pruebe el parapente. No sé, quizás lo intente. Todo se andará. Mejor, dicho, todo se volará.

07 septiembre 2006

Raquelita

Antes que nada me gustaría aclarar que no voy a poner foto ni imagen alguna porque no sería correcto. Raquelita como le gusta que la llamen tiene derecho a su intimidad. Lo siento por aquello/as que les gustaría verla. Intentaré describírosla lo mejor posible aunque, creedme, lo mejor es que tengáis la oportunidad de verla en carne y hueso.

Una vez aclarado ese punto, contaré lo que me ocurrió hace unos días. Estaba yo en un bar, medio ausente, medio ido, cuando alguien llega por detrás de mí y me coge por la cintura mientras me dice:

- Hola guapo, ¿Qué tal estás?
- Hola Raquelita. Cuánto tiempo!!!! Pues… bien, o eso creo. Y ¿tú?
- ¿Es que no me ves? Yo creo que muy bien

Mientras me dice esto, su sonrisa se hace mucho más amplia aún si cabe.


Raquel es una mujer muy guapa. Tiene unos ojos medio-azules medio-verdes y una sonrisa que sería capaz de derretir el hielo o el metal o cualquier cosa. Es lo primero que te llama la atención. Luego ya te fijas en el resto y ves un cuerpo muy bien proporcionado, mide aproximadamente 175, tiene el pelo rubio natural, unos pechos que casi parecen artificiales de lo bien puestos que están, unas piernas larguísimas y… bueno, espero que os hagáis una idea. Es, lo que podría decirse, un bombón de mujer, lo que muchos hombres y algunas mujeres desearían tener a su lado. Si a esto le unimos que siempre, siempre, está sonriendo. Os lo aseguro, nunca la he visto triste ni seria ni enfadada. Siempre sonríe y, para colmo, le gusta exhibirse. Le gusta ponerse ropa muy ajustada, muy cortita, de la que te permite hacerte una idea de cómo puede ser pero sin llegar a vislumbrar nada. Supongo que me entenderéis y os habréis hecho ya una idea de cómo es Raquel o Raquelita como le gusta que la llamen.

Después de saludarnos le hace un gesto a la camarera y le pide un Cardhu con hielo.

- Carlos, te veo como ido. ¿Qué te pasa?
- Nada, estaba pensando.
- A ti te pasa algo. Pero si no me lo quieres contar... pues allá tú
- No, no es que no te lo quiera contar. Sólo que es difícil de explicar
- Pues no tenemos toda la noche así que ya estás tardando en empezar a contármelo. Por cierto, ¿la conozco?

Me guiña un ojo mientras su sonrisa brilla con la luz azul del neón.

A Raquel la conocí hace tiempo y sólo hemos coincidido pocas veces tomando alguna copa y, bueno, hubo una vez, la primera vez que nos vimos que pasó algo. Luego, otras veces, no surgió el momento o simplemente no nos apetecía.


Cuando nos hemos parado a charlar siempre me he sentido como el blanco de muchas miradas envidiosas, miradas que me querían fulminar. Los hombres la miran con deseo y a mí me odian mientras se preguntan qué es lo que le he dicho, o hecho o por qué la conozco o yo que sé. Las mujeres, simplemente la odian, yo creo que porque atrae la atención de cualquier hombre por donde pasa.

Así pues, estaba en esa tesitura de explicarle lo que me pasaba mientras sentía como algunas miradas se clavaban en nosotros.

- Pues mira, no sé muy bien como sucedió ni cuando empezó todo. Creo que hace un par de meses, más o menos. Estaba navegando cuando hubo algo que me llamó la atención. No sé por qué pero me atrajo aquella frase que había puesto en su perfil. Me parecía que debía de ser una mujer con una gran personalidad. Así que, me decidí a contactar con ella.
- ¿y?...
- Pues nada.
- ¿cómo que nada?
- Pues sí, sólo hemos intercambiado…
- ¿fluídos?, jajajajajaja y, ¿cuándo?
- No, no hubo intercambio… de fluídos. Que va, sólo hemos chateado algunas veces. Algún mail que le he enviado, alguna foto que me ha enseñado. Y lo que más me atrae de ella. Su personalidad. Su forma de pensar. Lo que escribe y cómo lo dice. El sentimiento que demuestra en cada palabra. El…
- Para, para, paraaaaa. Eso está muy bien, pero, ¿hubo sexo o no hubo sexo?. Vamos, algún roce habría, ¿no?
- Que no, que no lo entiendes. Ni siquiera sé donde está. Ni por dónde anda. Es sólo una ilusión. A veces me parece como si no fuera real.
- Joder, sí que estás tocado. Pero mucho, mucho, mucho.
- Pues sí, un poco sí que estoy. Ya sabes, que soy un loco peligroso, un loco de atar, jajajajaja.
- No, eso ya lo sé. Lo que me refiero es que estás colgadísimo por esa tía o lo que sea. Vamos, que estás enamorado.
- No, no. Todavía no.
- ¿No?, já, no me lo creo
- No. En serio. De verdad que no. No te digo que no me podría llegar a enamorar como quizás nunca me haya enamorado antes. Pero, de momento, me siento fatalmente atraído por ella y nada más. Cuanto más sé de ella, más me gusta, más la quiero.

Según avanza la conversación veo que Raquel, sin perder la sonrisa, sí que ha perdido cierto brillo en sus ojos. A sus 26 años no comprende que pueda haber alguna mujer que llegue a hacerla sombra. Es muy guapa y también inteligente pero le falta algo, no sé el qué, porque me cae muy bien, pero no, no sería nunca la mujer de mi vida.

Así que, decidida a ganar la batalla como sea, se me acerca, me rodea la cintura con sus brazos y me dice al oído

- Carlos, estás enfermo y yo sé como curarte.

Tiene la mirada brillante, pícara. Está pidiendo guerra. Levanto la vista, alejándola de esos ojos verde-azules, y me encuentro con un par de tíos que se habían acercado a nosotros. Se habían acercado como buitres al acecho. Esperando a que Raquel se despidiera de mí. A ver si yo era sólo un amigo o su primo o su hermano o… lo que fuera con tal de no ser un estorbo.

La situación se está volviendo cada vez más embarazosa. No sé como decirle a Raquelita que no, que no me apetece irme con ella. Que mi coco está perdido por el infinito, dando vueltas y…

- Carlos, ¿te acuerdas del día que viniste conmigo al chalet de mis padres? ¿te acuerdas?. Me acompañaste en tu coche para recoger mis cosas e irnos a jugar un partido de squash. Te presenté a mis padres y luego te pedí que bajases conmigo al garage para recoger las raquetas. Allí me agaché cuando estabas tan cerca de mí que, sin querer, mi culo tropezó contigo y noté lo excitado que estabas. ¿te acuerdas?
- Claro, eso no se olvida
- Ya, y lo que vino después ¿eh?.

Insiste, me quiere provocar, encender en mi la pasión, como aquel día.


- Sin darme la vuelta me froté contra ti. Dejé que me abrazaras por detrás. Que me besaras la nuca, y el cuello y, mientras me besabas, con una mano me acariciabas los pechos y con la otra, por debajo de la falda me ibas .... mmmmmmm, cómo me gustaba. Yo empujaba mi culo contra ti a cada caricia que me dabas y cuanto más lo apoyaba, más dura te la notaba. El otro día me metí los deditos recordando aquel día. Joder, estando mis padres arriba y nosotros allí, en el garage. Luego me empezaste a comer y no paraste hasta que tuve un orgasmo que casi hace bajar a mi padre a ver qué pasaba. Menos mal!!!. La que se hubiera liado si nos ve allí… Y después, cuando te comí yo a ti. ¿lo recuerdas?. Y luego, cuando te pedí que me penetraras, que me follases allí mismo, apoyada contra la mesa del garage. Me recordaba aquella película del Nicholson en la que se tira a una tía encima de la mesa de la cocina.
- Sí Raquel, me acuerdo. Y me gustó. Y me pareces una tía cojonuda. De verdad. Eres un encanto. Y estás buenísima. Pero es que…

Se le cambió la cara. Casi pierde la sonrisa.

- Oye, si me estás rechazando me lo dices y me voy. Pero que sepas que nunca me ha rechazado ningún tío. Y tú no vas a ser el primero, ¿verdad?

Vuelve a sonreír maliciosamente mientras se me acerca más y apoya su pecho contra el mío.

- Mira Raquel, quizás otro día. Hoy no puedo. He bebido muchísimo y no saldría bien.

Es la primera excusa que se me ha ocurrido.

- O sea que me rechazas. Vale, no pasa nada. Me voy. Que tengas mucha suerte con esa….
- ¿ilusión?
- Lo que sea. Ya nos veremos. Adiós.

Me suelta y se marcha. Los dos tíos que estaban junto a nosotros se sonríen. Creen que era mi novia y que me ha dejado o se ha cabreado conmigo. Qué equivocados están. Eso sí, si supieran la verdad seguro que, como poco, me llamarían idiota o algo peor.

Apuro la copa y salgo de allí. No voy detrás de los pasos de Raquel. Me voy a mi casa con un fuego dentro de mí que, porque no hay ninguna fuente cerca, que sino me metería dentro a ver si mis hormonas se enfrian un poco.

Mientras camino voy pensando que debo de ser un auténtico idiota. O quizás no. No lo sé. Tengo un extraño sentido de la fidelidad. Pero es que, si es una... ilusión o... ¿será de carne y hueso?.

Joder, que todavía voy a acabar chiflado de verdad!!!!


06 septiembre 2006

Cómo te extraño, Princesa

Apareciste detrás de un cristal,
y yo perdí la razón.
Eras la princesa con alas,
que me tocó el corazón.

Ayer yo era fuerte,
hasta que te conocí.
Hoy me siento frágil por desearte,
por quererte junto a mí.

Dame sólo una razón,
para dejar de mirarte.
Dime sólo una palabra,
para que pueda olvidarte.

Sólo el viento sabe,
cuánto sufro por amarte.
Vivo pensando en ti.
Sueño por alcanzarte.
Y me muero sin saber de ti. Por ti.

A la luz de la Luna yo soy aquél que va detrás de una ilusión, una ilusión que se resiste a ser real

05 septiembre 2006

Un...

Is it getting better?
¿van mejor la cosas?
Or do you feel the same?
O ¿te sientes igual?
Will it make it easier on you now?
¿será todo más fácil para tí ahora?
You got someone to blame
Tienes a alguien a quien culpar
You say...
Dices...

One love
Un Amor
One life
Una vida
when it's one need
cuando es la necesidad de uno
In the night
En la noche
One love
Un Amor
We get to share it.
Vamos a compartirlo.
Leaves you baby, if you
Te deja, nena, si tú
don't care for it
no cuidas de él

Did I dissapoint you?
¿Te decepcioné?
Or leave a bad taste in you mouth?
O, ¿dejé un mal sabor en tu boca?
You act like you neve had love
Actúas como si nunca hubieras amado
and you want me to go withouth
y quisieses que yo tampoco
well it's...
bien, es...

Too late
Demasiado tarde
Tonight
esta noche
To drag the past out into the light
para traer el pasado a la luz
We're one, but we're not the same
Somos uno, pero no somos el mismo
We get to
Tenemos que
Carry each other
Llevar al otro
Carry each other
Llevar al otro
One...
Uno...

ONE - U2


04 septiembre 2006

Mirando al mar

Había una vez una sirena, una ninfa marina, que con sus cánticos me atraía hacia su mar. Un mar cálido, muy sensual.

Yo la escuchaba. La oía como me susurraba. Me sugería enigmáticas locuras: ven, relájate, no te vayas, fúndete conmigo.

Era tal su atracción que no había cadenas con las que me pudieran sujetar.

Con la lava de un volcán fabricaron una jaula y en ella me encerraron, mirando al mar.

Piscina

Llegamos a la casa y cuando subimos la escalera de la terraza ves la piscina. Hace calor. La verdad es que en esta época del año hace calor en cualquier parte. Sin pensarlo ni un instante te diriges a la piscina mientras te vas quitando la ropa. Primero el top, luego la minifalda y finalmente, te quitas las braguitas y sigues caminando hacia el borde la piscina. Tu media melena flota con la suave brisa que envuelve tu cuerpo mientras yo me quedo embelesado, mirándote. Viendo unas piernas larguísimas que terminan en dos nalgas muy bien formadas para continuar con una espalda que se arquea mientras te lanzas al agua.

No lo pienso más y despierto de mi parálisis para continuar tras tus pasos. El agua está muy fria comparada con el calor de nuestros cuerpos desnudos. Me dirijo hacia tí y sonries. Tus mechones caen sobre tus hombros. Te cojo por la cintura y te acerco al borde de la piscina. Alzas tus brazos para sujetarte al borde mientras apoyas la cabeza. En ese momento tus pechos salen del agua como dos náufragos en busca de oxígeno para no morir ahogados. Un mechón de tu cabello resbala sobre tu pecho mientras observo cómo los pezones están de punta. No sé si debido a la temperatura del agua o a la excitación del momento. Supongo que es debido al segundo motivo porque yo también lo estoy. Me acerco a tus pezones y los beso muy suavemente para comenzar a masajearlos con la lengua. Primero el derecho y luego el izquierdo. Vuelvo otra vez al derecho y le doy un pequeño mordisquito. Un gemido sale de tu boca mientras cierras los ojos.

Te comento que hay una carretera un poco más arriba por la que, de vez en cuando, suele pasar algún coche o alguna persona caminando. Desde la carretera se puede ver una parte de la piscina. Sé que te gusta exhibirte y que eso te provoca y te excita.

Desciendo con la lengua hacia tu ombligo y con mis manos sujeto tus nalgas para hacer que tu cuerpo flote más aún sobre el nivel del agua. Eso me permite ver tu pubis depiladito. Tan sólo una pequeña hilera de vello como el de las brasileñas. Aprieto tus nalgas y separo tus piernas para poner mi cabeza entre ellas. Apoyo la boca sobre tu pubis y comienzo a hacerte cosquillitas con la lengua. Me dirijo hacia el interior de uno de tus muslos y rozo suavemente tu sexo. Esto te hace soltar otro gemido. A continuación paso al otro muslo y hago lo mismo. Rozándote, sin apenas tocarte. Subo hacia tus pechos y continuo acariciándolos. Tus pezones están duros como piedras y tu cuerpo flota y se sumerge en el agua del mismo modo que nuestro deseo flota en el ambiente.

Vuelvo a bajar hacia tu entrepierna y entonces sí, entonces te acaricio con la lengua. Primero alrededor de tu sexo, allá donde comienza y terminan tus nalgas. En esa zona que está llena de nervios y donde la piel es muy suave, muy delicada, casi transparente. Tus gemidos aumentan mientras aumenta el ritmo de tu respiración.

Con la punta de la lengua rozo tu clítoris y lo masajeo de derecha a izquierda y de arriba a abajo. Sé que te gusta. Te doy un golpecito con la lengua para escuchar otro gemido y ver cómo el agua va creando olas al mismo ritmo que se mueve tu cuerpo.

A continuación paso a lamer tu sexo mientras con mis manos continúo agarrando fuertemente tus nalgas y empujando tu entrepierna hacia mi cara. Notas la presión de mis manos en tus nalgas, cómo te sujetan y te impiden escaparte. Pero no piensas en marcharte. Todo lo contrario. Notas como dentro de tí te vas empapando poco a poco. Cómo tu fluido va resbalando desde el fondo de la vagina.

Habías hecho sexo oral otras veces pero como ésta no recordabas ninguna. En este momento, es tal tu excitación que no puedes pensar en nada más que en follar.
Es un momento de pasión, de locura, de deseo desenfrenado. Estás notando como mi lengua va poco a poco penetrando más y más en tu sexo, cómo va abriéndose paso hacia el interior, hacia aquella zona que esta mañana te había tocado y que fué entonces cuando te corriste.

Lo estabas notando otra vez. Veias que te ibas a correr. Ni siquiera el mejor de tus consoladores era capaz de provocarte esos orgasmos.

Suelto una mano para cogerte un pecho y masajearlo mientras con la otra sigo empujando fuertemente tus nalgas hacia mi cara. Tus gemidos han aumentado así como tu respiración. Tu cuerpo se convulsiona en el agua. Sigo a pesar de que me dices que te vas a correr, que te folle, por favor, ahora sí, fóllame por lo que más quieras. Pero no te hago caso. Mi lengua está dentro de tí, masajeando las paredes mientras con la puntita rozo esa zona dura que hace que te corras una y otra y otra vez.

Entonces sueltas tus manos para sujetarte a mi cabeza. Abres los ojos y mirándome fijamente me dices que te haga tuya, que deseas que te penetre. Al mismo tiempo tus piernas se abrazan fuertemente a mi cadera y aprietas tu cuerpo con el mío. Noto tus pechos aplastados, cómo tus pezones siguen fuertes. Nuestras bocas se encuentran y las lenguas se funden. Son como los apéndices de dos seres que están deseosos el uno del otro.

La presión de tus piernas empuja mi cadera hacia tu entrepierna y entonces mi pene roza tu clítoris. Lo notas. Está duro. De hecho, desde esta mañana estoy ansioso por penetrarte. Notas como poco a poco se va abriendo paso. Un sentimiento dentro de tí te hace recordar lo que ha ocurrido hace apenas una hora. Y lo notas, notas como pasa rozando esa zona dura que te hace excitarte hasta la locura. Te doy un pequeño empujón y es ahí donde sientes que te he penetrado hasta el fondo. Como a tí te gusta. Tu cuerpo te lo estaba pidiendo. Llevabas así desde que estuvimos en el parking.
Nuestros cuerpos comienzan a moverse. Primero poco a poco y luego aumentando el ritmo. El agua de la piscina va creando olas cada vez más grandes al mismo tiempo que nosotros aumentamos el ritmo. Cierras los ojos y escucho como tus gemidos aumentan de nuevo. Me dices que siga, que no pare, que continúe así, hasta el fondo. Que entre y que salga, que te roze como a tí te gusta.

Somos como un solo cuerpo movido al mismo compas por un único motor. El del deseo más irrefrenable que pueda existir de dos seres que se atraen. De dos mentes que están pidiendo más y más y más y más y más hasta que los dos soltamos un gemido que suena al unísono.

Nuestros cuerpos siguen abrazados mientras nos dejamos mecer por las olas que hemos creado en la piscina.

Te sueltas y te diriges hacia la escalerilla. Sales del agua y veo tu cuerpo ondulado. Como una sirena que ha salido del líquido elemento. Unos mechones de tu cabello rozan tus pechos. Es entonces cuando me dices: bueno, qué!, ¿me vas a enseñar el resto de la casa?.
Continuará...

03 septiembre 2006

En la Terminal

Dedicado a tí que tuviste la oportunidad de conocer este relato antes de su publicación.

"Desde mis sueños y Fantasías..."

Mientras te espero en la Terminal pienso si no estaremos un poco locos. En ese momento llegan los pasajeros de tu vuelo. Rápidamente te reconozco. Alta, esbelta, con unas gafas de sol, de esas que ocultan media cara, media melena, con carita de niña buena, de no haber roto nunca un plato pero con una picardía y morbosidad que haría titubear al más valiente de los mortales.

Te acercas hacia mí­, nos saludamos y mientras nuestras miradas se cruzan, al acercar nuestras caras nos rozamos y sentimos como si una corriente eléctrica hubiese recorrido nuestros cuerpos. Hemos quedado para pasar unos días juntos en mi casa de la sierra. Te había prometido que, una vez que la hubiese limpiado, después de la reforma, te invitaría. Quizás pensases que era una excusa para no quedar contigo. No lo sé y quizás nunca lo sepa. Lo importante es que, por fin, vamos a vernos.

No hemos hablado mucho pero, ambos sabemos cuán locos estamos y cuán cuerdos, en en este mundo de locos. En este mundo en el que nadie sabe donde acaba la cordura y donde comienza la locura. ¿o es al revés?. Que más da!.

Nos dirigimos al parking y al llegar junto al coche noto tu aliento en mi nuca, un frescor, la dulzura de un suave beso o era una caricia. No importa ese detalle. Lo cierto es que al darme la vuelta te encuentro con esa sonrisita y el deseo que surge en nuestras miradas. Doy un paso hacia ti y te agarro con mis manos firmes mientras acerco tu cuerpo hacia el mío. Comienzo a darte besitos en el cuello y sigo bajando hacia tu escote mientras deslizo una mano por debajo de tu minifalda y comienzo a acariciarte suave, muy suavemente.

Te estremeces y sueltas y pequeño gemido. Tus pezones están duros, deseosos de que los recorra con mi lengua, acariciándolos y dándoles un pequeño mordisquito. Sentimos unos pasos de alguien a lo lejos pero es mayor nuestro deseo que el temor a que puedan vernos.

Me arrodillo, te levanto la minifalda, deslizo tus braguitas y te acaricio con mi lengua. Primero alrededor del pubis mientras escucho tus gemidos. Luego bajo hacia el clítoris y comienzo a recorrerlo con la lengua. De derecha a izquierda y de arriba abajo. Sé que es así como te gusta. Te doy algunos golpecitos con mi lengua y siento la presión de tus piernas en mi cara. Te estás humedeciendo, cada vez más. Los pezones están más de punta que nunca y tú no paras de gemir.

Estás deseando que te folle, hasta dentro, ahora. Me lo vas a pedir cuando introduzco mi lengua en tu sexo y comienzo a moverla. Te oigo decir que no, que no pare, que siga, que... por favor, no me detenga ahora. Sigo moviendo mi lengua mientras escucho tus gemidos de placer. La empujo hacia dentro, como si te estuviera penetrando y noto esa pared dura donde dicen que está el punto G. Froto con la punta de la lengua mientras con mis manos aprieto tus nalgas hacia mi cara. Noto tus movimientos de cadera, tus manos sujetando mi cabeza y diciéndome sigue, sigue, por favor, sigueeee...

Te acabas de correr. Estás empapada. Te ayudo a ponerte las braguitas y me miras profundamente a los ojos diciéndome: no, espera, fóllame ahora mismo, lo necesito. Me levanto y te digo que luego, más tarde, que todo llegará. Eres una mujer a la que le gusta ser sorprendida, así pues, espera y tendrás tu recompensa. No te gusta que te lleven la contraria. Más bien, que nadie te diga no, ni tampoco lo que tienes que hacer. Pero aceptas y te subes al coche.

Continuará...

02 septiembre 2006

Cíclope

Por fin puedo comenzar a mudarme. Cojo el coche y lo acerco al trastero. Está muy bien esto de poder dejarlo casi al lado de la puerta. Comienzo a seleccionar qué es lo primero que voy a echar al maletero. Con el tiempo, el trastero se me ha ido quedando pequeño. Como su nombre indica, hay todo tipo de trastos. Algunos no tengo ni idea de quién los trajo. Supongo que sería mi ex. O quizás ya estaban allí. ¿quién sabe?. De lo poco útil que observo es la pequeña bodega. Así es como a mí me gusta llamarla. Tengo apiladas montones y montones de botellas de vino y cava. Algunas las fuí comprando yo y otras acabaron regalándomelas por Navidad.

Entre yo y las botellas hay un abismo. Unas cuantas maletas y portatrajes. Tuve que hacer colección cuando curraba. Todas las semanas de aquí para allí. Había veces que dejaba una maleta para coger otra y otro avión. Llegó un momento en el que me conocía los aeropuertos con los ojos cerrados. Y los hoteles, ahhhhh.... los hoteles!!!!! pero eso es otra historia.

En esto que estoy quitando maletas cuando una botella se desliza de su hueco. Me lanzo a cogerla. Me lanzo como tigre al acecho de joven gacela (eso quisiera yo) y consigo llevarme un buen golpe en las costillas. Veo estrellas, galaxias y otros planetas. Todas llegan como una explosión a mi cabeza. Me duele al respirar. Intento relajarme. No vaya a ser que me que dé un parrús y hasta que alguien me encuentre, pueden pasar días o semanas o...

Al menos tengo la botella en mi mano. Es una Juve Camps Reserva de la Familia, cosecha 2001. Una joya. Me pongo en pie y tengo un dolor intenso que me obliga a apretarme las costillas. ¡¡¡ cómo si pudiera saber si hay alguna rota!!!. ¿me habré jodido alguna? La duda golpea mis sienes y me agacho para dejar la botella en el suelo.

Grave error. Al agacharme siento como si un millón de alfileres se estuvieran clavando en mi espalda. Suelto la botella que cae de pie al suelo. Suena un porrazo y, antes de que me dé cuenta, se descorcha sola. Como si tuviera vida propia. Ha decidido nacer antes de tiempo.

El tapón, cual raudo proyectil, impacta contra mi frente. Me quedo completamente agilipollao mirando la botella y aprentando las costillas con los dos brazos. No sé qué dolor es más intenso. Las costillas que a cada inspiración se me clavan como puñales, o si es la frente. La frente que me estalla, que siento cómo se va inflamando y lo noto. Sí, ahí, en medio de los dos ojos. Un bulto. Es como si me quisiera brotar un tercer ojo. No, si al final voy a acabar siendo el Cíclope de los Juve y Camps, pienso.

Los ojos se comienzan a irritar con la llegada de las lágrimas producidas por aquellos dolores. De la botella ha brotado cava que se ha desparramado por el suelo y mis pantalones. Esto no tiene solución y... a mal tiempo, buena cara. Así pues, recuerdo que en una caja guardaba unas copas de cristal. Mi ex quiso que las tirara en la mudanza anterior pero no le hice caso. Coño!!!, ¿cuántas veces me he cambiado de casa?. Ya ni las recuerdo casi. Encuentro las copas y cojo una. Me siento en el suelo, no estoy yo como para mantenerme en pie mucho rato.

Me lleno una copa y observo cómo las burbujitas van subiendo, poco a poco. Lentamente acerco mis labios a la copa. Es como si la quisiera besar. Mi boca junto a la suya. Juntarlas y que se fundan en un único cuerpo y dejar que el fluído llegue hasta mí. Sentir cómo me inunda la boca y cerrar los ojos. Mmmmmm.... qué placer!!!! Vuelvo a acercar mi boca y acaricio con mi lengua su interior. Cuántas cosas se me ocurren en estos momentos, en este trastero iluminado tenuemente por una bombilla. Introduzco la lengua en su interior y lo noto, noto la humedad. Intensa, fuerte, brotando desde el interior, desde la parte más profunda. Con el tiempo he ido aprendiendo a utilizar muchas partes de mi cuerpo. Una de ellas es la lengua. ¡¡¡Menudo músculo!!!. Carnoso pero al mismo tiempo duro y húmedo, muy húmedo.

Continúo con este juego un buen rato. Cada vez que acerco mis labios al borde la copa pienso en alguna situación vivida y lo que recuerdo me produce tanto placer que ya no siento ni siquiera dolor alguno.

Acabo la botella y echo una ojeada al resto. Todavía me quedan unas cuantas para disfrutarlas en compañía de yo que sé quién, pero seguro que alguien, alguien a quien le gusten los juegecitos.

01 septiembre 2006

1 de Septiembre, vida nueva

Se acaba el verano y noto como a mí se me acaba el tiempo. He disfrutado de unas, pero que muy, muy largas vacaciones, nada menos que 4 meses y ahora he de comenzar otra vez. ¿Dónde? aún no lo sé. Todo se verá. Me gusta dejarme querer y últimamente me están queriendo mucho ;) No sé si me decantaré por seguir en Madrid, en Valencia, en Barcelona, en Orense o en León. Y eso que puse un límite: Hispania y nada más.

Hace un tiempo anduve por tierras de bárbaros y aquello no me gustó nada. Como nuestra tierra no hay nada mejor para malgastar la vida. Creedme los ingenuos/as que leéis esto, no hay mejor país para vivir que el nuestro. Quizás por eso vengan tantos inmigrantes.

Alguien, más de uno y de una, se preguntará que por qué me he decidido a crear un blog. La respuesta es sencilla, porque me apetece y quiero compartir con vosotros mis locuras, mis deseos, mis fantasías, mis apetencias,... y también, si no me pilla la tramontana, pues mis corduras. Porque, ay!!!! de vosotros/as si me pilla el viento de cara. Entonces brota en mi la locura y me lanzo a volar. O, al menos, lo intento.

Un beso muy dulce para vosotras y para vosotros una camisa de fuerza.

Carlos