Por fin puedo comenzar a mudarme. Cojo el coche y lo acerco al trastero. Está muy bien esto de poder dejarlo casi al lado de la puerta. Comienzo a seleccionar qué es lo primero que voy a echar al maletero. Con el tiempo, el trastero se me ha ido quedando pequeño. Como su nombre indica, hay todo tipo de trastos. Algunos no tengo ni idea de quién los trajo. Supongo que sería mi ex. O quizás ya estaban allí. ¿quién sabe?. De lo poco útil que observo es la pequeña bodega. Así es como a mí me gusta llamarla. Tengo apiladas montones y montones de botellas de vino y cava. Algunas las fuí comprando yo y otras acabaron regalándomelas por Navidad.
Entre yo y las botellas hay un abismo. Unas cuantas maletas y portatrajes. Tuve que hacer colección cuando curraba. Todas las semanas de aquí para allí. Había veces que dejaba una maleta para coger otra y otro avión. Llegó un momento en el que me conocía los aeropuertos con los ojos cerrados. Y los hoteles, ahhhhh.... los hoteles!!!!! pero eso es otra historia.
En esto que estoy quitando maletas cuando una botella se desliza de su hueco. Me lanzo a cogerla. Me lanzo como tigre al acecho de joven gacela (eso quisiera yo) y consigo llevarme un buen golpe en las costillas. Veo estrellas, galaxias y otros planetas. Todas llegan como una explosión a mi cabeza. Me duele al respirar. Intento relajarme. No vaya a ser que me que dé un parrús y hasta que alguien me encuentre, pueden pasar días o semanas o...
Al menos tengo la botella en mi mano. Es una Juve Camps Reserva de la Familia, cosecha 2001. Una joya. Me pongo en pie y tengo un dolor intenso que me obliga a apretarme las costillas. ¡¡¡ cómo si pudiera saber si hay alguna rota!!!. ¿me habré jodido alguna? La duda golpea mis sienes y me agacho para dejar la botella en el suelo.
Grave error. Al agacharme siento como si un millón de alfileres se estuvieran clavando en mi espalda. Suelto la botella que cae de pie al suelo. Suena un porrazo y, antes de que me dé cuenta, se descorcha sola. Como si tuviera vida propia. Ha decidido nacer antes de tiempo.
El tapón, cual raudo proyectil, impacta contra mi frente. Me quedo completamente agilipollao mirando la botella y aprentando las costillas con los dos brazos. No sé qué dolor es más intenso. Las costillas que a cada inspiración se me clavan como puñales, o si es la frente. La frente que me estalla, que siento cómo se va inflamando y lo noto. Sí, ahí, en medio de los dos ojos. Un bulto. Es como si me quisiera brotar un tercer ojo. No, si al final voy a acabar siendo el Cíclope de los Juve y Camps, pienso.
Los ojos se comienzan a irritar con la llegada de las lágrimas producidas por aquellos dolores. De la botella ha brotado cava que se ha desparramado por el suelo y mis pantalones. Esto no tiene solución y... a mal tiempo, buena cara. Así pues, recuerdo que en una caja guardaba unas copas de cristal. Mi ex quiso que las tirara en la mudanza anterior pero no le hice caso. Coño!!!, ¿cuántas veces me he cambiado de casa?. Ya ni las recuerdo casi. Encuentro las copas y cojo una. Me siento en el suelo, no estoy yo como para mantenerme en pie mucho rato.
Me lleno una copa y observo cómo las burbujitas van subiendo, poco a poco. Lentamente acerco mis labios a la copa. Es como si la quisiera besar. Mi boca junto a la suya. Juntarlas y que se fundan en un único cuerpo y dejar que el fluído llegue hasta mí. Sentir cómo me inunda la boca y cerrar los ojos. Mmmmmm.... qué placer!!!! Vuelvo a acercar mi boca y acaricio con mi lengua su interior. Cuántas cosas se me ocurren en estos momentos, en este trastero iluminado tenuemente por una bombilla. Introduzco la lengua en su interior y lo noto, noto la humedad. Intensa, fuerte, brotando desde el interior, desde la parte más profunda. Con el tiempo he ido aprendiendo a utilizar muchas partes de mi cuerpo. Una de ellas es la lengua. ¡¡¡Menudo músculo!!!. Carnoso pero al mismo tiempo duro y húmedo, muy húmedo.
Continúo con este juego un buen rato. Cada vez que acerco mis labios al borde la copa pienso en alguna situación vivida y lo que recuerdo me produce tanto placer que ya no siento ni siquiera dolor alguno.
Acabo la botella y echo una ojeada al resto. Todavía me quedan unas cuantas para disfrutarlas en compañía de yo que sé quién, pero seguro que alguien, alguien a quien le gusten los juegecitos.
Entre yo y las botellas hay un abismo. Unas cuantas maletas y portatrajes. Tuve que hacer colección cuando curraba. Todas las semanas de aquí para allí. Había veces que dejaba una maleta para coger otra y otro avión. Llegó un momento en el que me conocía los aeropuertos con los ojos cerrados. Y los hoteles, ahhhhh.... los hoteles!!!!! pero eso es otra historia.
En esto que estoy quitando maletas cuando una botella se desliza de su hueco. Me lanzo a cogerla. Me lanzo como tigre al acecho de joven gacela (eso quisiera yo) y consigo llevarme un buen golpe en las costillas. Veo estrellas, galaxias y otros planetas. Todas llegan como una explosión a mi cabeza. Me duele al respirar. Intento relajarme. No vaya a ser que me que dé un parrús y hasta que alguien me encuentre, pueden pasar días o semanas o...
Al menos tengo la botella en mi mano. Es una Juve Camps Reserva de la Familia, cosecha 2001. Una joya. Me pongo en pie y tengo un dolor intenso que me obliga a apretarme las costillas. ¡¡¡ cómo si pudiera saber si hay alguna rota!!!. ¿me habré jodido alguna? La duda golpea mis sienes y me agacho para dejar la botella en el suelo.
Grave error. Al agacharme siento como si un millón de alfileres se estuvieran clavando en mi espalda. Suelto la botella que cae de pie al suelo. Suena un porrazo y, antes de que me dé cuenta, se descorcha sola. Como si tuviera vida propia. Ha decidido nacer antes de tiempo.
El tapón, cual raudo proyectil, impacta contra mi frente. Me quedo completamente agilipollao mirando la botella y aprentando las costillas con los dos brazos. No sé qué dolor es más intenso. Las costillas que a cada inspiración se me clavan como puñales, o si es la frente. La frente que me estalla, que siento cómo se va inflamando y lo noto. Sí, ahí, en medio de los dos ojos. Un bulto. Es como si me quisiera brotar un tercer ojo. No, si al final voy a acabar siendo el Cíclope de los Juve y Camps, pienso.
Los ojos se comienzan a irritar con la llegada de las lágrimas producidas por aquellos dolores. De la botella ha brotado cava que se ha desparramado por el suelo y mis pantalones. Esto no tiene solución y... a mal tiempo, buena cara. Así pues, recuerdo que en una caja guardaba unas copas de cristal. Mi ex quiso que las tirara en la mudanza anterior pero no le hice caso. Coño!!!, ¿cuántas veces me he cambiado de casa?. Ya ni las recuerdo casi. Encuentro las copas y cojo una. Me siento en el suelo, no estoy yo como para mantenerme en pie mucho rato.
Me lleno una copa y observo cómo las burbujitas van subiendo, poco a poco. Lentamente acerco mis labios a la copa. Es como si la quisiera besar. Mi boca junto a la suya. Juntarlas y que se fundan en un único cuerpo y dejar que el fluído llegue hasta mí. Sentir cómo me inunda la boca y cerrar los ojos. Mmmmmm.... qué placer!!!! Vuelvo a acercar mi boca y acaricio con mi lengua su interior. Cuántas cosas se me ocurren en estos momentos, en este trastero iluminado tenuemente por una bombilla. Introduzco la lengua en su interior y lo noto, noto la humedad. Intensa, fuerte, brotando desde el interior, desde la parte más profunda. Con el tiempo he ido aprendiendo a utilizar muchas partes de mi cuerpo. Una de ellas es la lengua. ¡¡¡Menudo músculo!!!. Carnoso pero al mismo tiempo duro y húmedo, muy húmedo.
Continúo con este juego un buen rato. Cada vez que acerco mis labios al borde la copa pienso en alguna situación vivida y lo que recuerdo me produce tanto placer que ya no siento ni siquiera dolor alguno.
Acabo la botella y echo una ojeada al resto. Todavía me quedan unas cuantas para disfrutarlas en compañía de yo que sé quién, pero seguro que alguien, alguien a quien le gusten los juegecitos.

1 comentario:
Muy bueno. Me he reído un buen rato y también me he excitado. Sigue así que vas por buen camino ;-)
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