26 febrero 2007

Dulce despertar

Una luz suave, cálida, acogedora, se cuela a través de una pequeña rendija en la persiana. Hace rato que ha amanecido y el sol, radiante, al otro lado de la ventana, me invita a terminar de despertar.
Me levanto despacio para no despertarla. Tiene apoyada su cabecita y un brazo sobre mi pecho. Duerme plácidamente y si cuando está despierta tiene una carita de ángel, dormida lo parece aún más. Pero no hay que dejarse llevar por equívocos. También es un auténtico demonio. Y quizás, porque me gusta el riesgo, las emociones fuertes, porque me atrae el peligro, quizás por eso me sienta atraído por ella.
Me termino de deslizar y dejo que su cabecita resbale suavemente y descanse sobre una almohada. Voy hacia la puerta de la habitación y antes de salir me giro para mirarla. Su cuerpo desnudo se ilumina por los rayos del sol que se cuelan a través de los resquicios de la ventana, haciendo que la piel brille y el bronceado parezca aún más intenso. Sobre la pared se proyectan las sombras que producen sus curvas. Cierro la puerta y me dirijo a la cocina.
Preparo un buen desayuno: zumo de naranja, café, tostadas, mermelada, mantequilla, miel. Regreso sobre mis pasos llevándolo todo en una bandeja. Abro la puerta y allí sigue. Dejo la bandeja sobre una mesita y me inclino sobre ella. La beso suavemente en la espalda. Se estremece. La sigo besando. Poquito a poco. Voy dándole besitos aquí y allá. Aparto su pelo a un lado y la beso en la nuca para después continuar hacia el cuello. Su piel se vuelve a estremecer como si tuviera frío. Pero no, en realidad hace bastante calor y la temperatura de la habitación es bastante elevada. Casi tanta como la que desprendimos la noche anterior amándonos locamente. No sé cuanto tiempo estuvimos, pero no nos detuvimos hasta que nuestros cuerpos se quedaron exhaustos. Luego nos fundimos en un abrazo y así nos quedamos dormidos.
A medida que mis besos aumentan, su cuerpo se estremece más y más. El silencio de la habitación queda roto por un suave murmullo que sale de su boca. Una de las almohadas está un poco descosida por el borde. Introduzco dos dedos para atrapar una de aquellas pequeñas plumas con las que están hechas. Deslizo mi mano muy despacito, dejando que el plumón acaricie su cuerpo. Comienzo por el brazo que tengo más cerca para continuar por el hombro y después descender por la columna hasta alcanzar el final de la espalda. Giro hacia la derecha y subo por un costado. El murmullo de antes se está convirtiendo ahora en un gemido.
Continúo ascendiendo y dejo que la pluma acaricie un pecho aplastado contra las sábanas. Su cuerpo se continúa estremeciendo y en su carita veo una sonrisa de placer. Su cuerpo está tenso como yo también me estoy empezando a poner. Me susurra algo que no llego a entender.
Desciendo con las caricias hacia su cadera. Ahí me agacho y le doy un mordisquito en una nalga. Es toda ella tan apetitosa que me la comería toda entera. Vaya si me la comería. Y, ¡¡¡ cómo me la comería!!! Comienzo a acariciar sus largas piernas. Alcanzo un tobillo para agacharme y darle un besito. Continúo con la lengua recorriendo el borde de su pie para llegar a los deditos. Ahí me detengo y comienzo a chuparle los dedos, primero uno, luego otro. Se está desperezando y la oigo cómo me dice: ¡¡¡ cómo me gusta, mmmmmmm……sigue!!!
Está comenzando a excitarse. Me incorporo para recorrer con la lengua una pierna. Me encantan. Son largas, bien formadas. Me entrego en cuerpo y alma en esa labor de recorrer su cuerpo con mi lengua. Saboreándolo. Disfrutándolo como si ésta fuera la última vez. Me voy deteniendo aquí y allá. Especialmente en todos aquellos lugares donde hay un rinconcito, como si ahí se hubiera escondido su deseo y la llave que enciende el fuego de ese volcán que brota de dentro suyo.
Vuelvo a acariciar con la pluma su espalda y siento cómo se tensa, como si fuera la cuerda de un arco, preparada para explosionar con toda su fuerza en el mismo instante que la liberen. Separo sus piernas con mis manos, suavemente y comienzo a besar la parte interna de sus muslos. Los gemidos aumentan.
De repente, sin que se dé cuenta, hundo la cabeza entre sus muslos para tocar con la puntita de la lengua su sexo. Su cuerpo se convulsiona como si lo hubiera tocado un cable eléctrico. Sus piernas se cierran sobre mí apretando mi cabeza aún más. Vuelvo a tocarla y la oigo como me dice: ¡¡¡ me encanta cómo me despiertas!!!
Se da la vuelta mientras entreabre sus ojos. No hay nada que me complazca más que ver la felicidad en su cara. Sus pechos están frente a mí. Erguidos. Duros. Su excitación ha ido creciendo a medida que aumentaban mis caricias. Comienzo a besar sus pechos. Primero uno y luego otro.
Me termino de incorporar y me dirijo a la bandeja donde está el desayuno. Cojo el tarro con la miel y con la cucharita dejo caer unas gotitas. La miel le recorre el pecho como si fuera una húmeda caricia. Me acerco y con la lengua voy lamiendo su pecho y la miel, y la miel y el pecho. Se revuelve en la cama. Se excita más aún. Se siente húmeda, muy húmeda y excitada. Sus pechos están duros como yo también lo estoy. No hay nada que más me excite que ver cómo se excita ella. Y es ese juego tan divertido de excitarse y dejarse excitar lo que nos entretiene con gran placer.
Cojo otra cucharadita y dejo caer unas gotas sobre su pubis. Las dejo que resbalen lentamente, camino de su sexo. Mueve sus piernas y las aprieta fuertemente. Hacia ahí me dirijo. Comienzo a chupar su pubis y es ahora cuando la oigo gemir fuertemente. Empieza a arquear su pelvis y yo aprovecho para lamerle el sexo por donde discurre la miel.
Con las manos separo sus piernas para hundir más mi cabeza y poder así llegar más adentro con la lengua. Continúo en mi búsqueda por alcanzar lo más profundo de su ser.
Noto cómo está a punto de llegar al orgasmo. Su humedad aumenta al ritmo que aumentan sus movimientos en la cama. El colchón vibra con todo su cuerpo al estremecerse de placer. Alargo una mano y le acaricio un pecho mientras mi lengua sigue profundizando más y más en su recorrido dentro de ella. A medida que sus movimientos aumentan, aumento yo los de mi lengua. Primero moviéndola en círculos y luego introduciéndola dentro, dando empujoncitos de arriba a abajo.
En este momento le gustaría decirme que quiere que la penetre, que la folle, que le sujete los brazos a la cabecera de la cama mientras la hago mía pero es tal su excitación que no puede articular palabra. Sólo puede gemir y gemir de placer mientras yo agito mi lengua dentro de ella con más fuerza aún hasta que llega al orgasmo.
En este momento es cuando me doy cuenta de que la he despertado completamente, que el demonio que lleva dentro está dispuesto a devorarme y yo... yo me siento un tanto indefenso aunque dispuesto a luchar, a plantarle cara y demostrarle que no me voy a rendir fácilmente si pensaba que sería una presa fácil, una víctima más de ese rosario de hombres que han ido cayendo, uno detrás de otro, rendidos a sus pies. Y para ello, la voy a hacer frente, haciéndola mía una y otra vez, de una y mil formas distintas hasta que consiga aplacar ese fuego, esa bruja malvada que lleva dentro.

12 febrero 2007

Reinicio

Volví de ese casi paraíso, y digo casi con motivo, con causa. Porque cada día que estuve allí me faltaba algo y ya sabes a qué me refiero. Así que vuelvo y casi sin poner los pies en el suelo me encuentro sumergido en una vorágine que, sinceramente, no la había previsto así. Me enfrento al mayor reto profesional de mi historia. Si bien es cierto que algo de todo esto lo intuía, también es cierto que me he visto desbordado. Quizás por eso no vengo tanto por este sitio como quisiera. Lo cuál no quiere decir nada. Tan sólo que necesito de un poquito de tiempo para aclimatarme, para situarme, para orientar la brújula en esta nueva situación.

Me han puesto el listón muy bajo, casi al ras del suelo. Y eso sí que no me lo esperaba. Y no es que yo sea muy bueno, no. Es que como me decías, 'si me comparo...'.

Tanto desorden, tanto caos, me tiene completamente agotado. Ya sabes como soy, así que en ese ambiente no me encuentro a gusto hasta que consigo ponerlo todo en su sitio. Son tantas las cosas que, mires hacia donde mires hay muchísimo por hacer. Será cuestión de sólo unos días más, hasta que esto empiece a coger su marcha, su velocidad de crucero.

Y tú con ese 'te odio tanto como te deseo...' No pensé que te fueras a poner así, aunque es cierto que eres una mujer de fuerte carácter. Y quizás eso, como muchas otras cosas, sea lo que más me atrae de tí. Y te entiendo. Y te comprendo. Y sólo puedo pedirte que esperes un poquito más. Sólo unos días hasta que salga de este atasco. Y sabes que me apetece muchísimo estar contigo y eso, a pesar de que tu odio haga que me claves las uñas, que me arañes, que... o quizás sea el deseo.