Quién me iba a decir a mí que una sirena, sí, has leído bien, una sirena tuviese guantes. Y no contenta con ello va y me lanza uno a mí. Y yo que voy de aquí para allá, que no paro ni un momento, que últimamente hasta me he planteado si alguna extraña metamorfosis se estará apoderando de mi, porque bien es cierto que cada día duermo menos y más recorro la noche, cuál vampiro se tratara. Y mira que me encanta el día, el amanecer, el sol que comienza a iluminar la mañana. Pero es que también me gusta el atardecer y la noche y la Luna y…
Así que en este devenir mío, me detengo un momento, me paseo por esos blogs que me gusta curiosear y me encuentro con que la sirena Glauka me ha lanzado un guante. Y yo que soy un caballero, y por tratarse vos de quien se trata, pues recojo el guante y hago un hueco en esta ajetreada vida para satisfacer esa curiosidad gatuna.
Me pide que “transcriba el segundo párrafo de la página 179 del libro que actualmente estés leyendo”. Y he de reconocer que empecé a leer este libro hace tiempo pero lo dejé aparcado en un estante. Otros menesteres reclamaron mi atención y no soy yo hombre que deje nada a medias. Que todo lo pendiente lo llevo anotado detrás de las cejas. Así que ahora que vuelve el buen tiempo, entre relax y relax, entre sol y sol, terminaré la tarea empezada.
Es un libro de bolsillo. No suelo llevarme grandes volúmenes conmigo. Por eso lo del segundo párrafo casi se convierte en una página completa. Es más, ha sido media página y la primera frase de la siguiente página. No iba dejar el texto a medias porque, ¿ya lo dije?, no me gusta dejar nada pendiente, nada a medias.
Bien, pues he aquí el párrafo en cuestión:
“ – Los caballeros nos dejaron solos para que pudiéramos rezar, después de lo cual mi tío abrió una pequeña puerta que estaba cerrada bajo llave, situada detrás de la tumba y se irguió como si estuviera dirigiéndose hacia el Capítulo. A continuación se arrodilló dando la espalda al altar y a la cruz. Abrió la urna y extendió los huesos resecos de san Eusanio formando un semicírculo ante los dos. “Arrodíllate a mi lado, Pietro”, me dijo. Y luego comenzó a recitar algo que sonaba como una plegaria en una lengua que yo hasta entonces jamás había oído. La plegaria incomprensible continuó durante algún tiempo. Cuando se detuvo, comenzó a hablar sin mirarme: “Pietro, hoy habéis dado el primer paso de una serie que os llevará, a vos y a vuestra familia, a obtener un gran poder. Ahora debéis estudiar.”
El librito en cuestión es “El Ultimo Templario” de Edward Burman. Es una novela con ciertos rasgos históricos. Una mezcla entre el pasado real y la ficción. O quizás no hubo tanta ficción. No estuve allí. Y tú, ¿estuviste allí? A mí me hubiera gustado tener la oportunidad de ser testigo de esa historia.
A la amiga Glauka: ¿satisfecha su curiosidad?. Pues ha habido suertecilla porque esta pregunta hace un par de meses, hubiese tenido como respuesta un compendio de frases en inglés relativos a un tema un tanto aburrido pero sobre el que me tenía que empapar.
Y no, no voy a pasarle el guante a nadie. Este guante me lo quedo yo. Y si tú que has leído esto quieres contarnos que estás leyendo, pues ¿a qué esperas?.
Así que en este devenir mío, me detengo un momento, me paseo por esos blogs que me gusta curiosear y me encuentro con que la sirena Glauka me ha lanzado un guante. Y yo que soy un caballero, y por tratarse vos de quien se trata, pues recojo el guante y hago un hueco en esta ajetreada vida para satisfacer esa curiosidad gatuna.
Me pide que “transcriba el segundo párrafo de la página 179 del libro que actualmente estés leyendo”. Y he de reconocer que empecé a leer este libro hace tiempo pero lo dejé aparcado en un estante. Otros menesteres reclamaron mi atención y no soy yo hombre que deje nada a medias. Que todo lo pendiente lo llevo anotado detrás de las cejas. Así que ahora que vuelve el buen tiempo, entre relax y relax, entre sol y sol, terminaré la tarea empezada.
Es un libro de bolsillo. No suelo llevarme grandes volúmenes conmigo. Por eso lo del segundo párrafo casi se convierte en una página completa. Es más, ha sido media página y la primera frase de la siguiente página. No iba dejar el texto a medias porque, ¿ya lo dije?, no me gusta dejar nada pendiente, nada a medias.
Bien, pues he aquí el párrafo en cuestión:
“ – Los caballeros nos dejaron solos para que pudiéramos rezar, después de lo cual mi tío abrió una pequeña puerta que estaba cerrada bajo llave, situada detrás de la tumba y se irguió como si estuviera dirigiéndose hacia el Capítulo. A continuación se arrodilló dando la espalda al altar y a la cruz. Abrió la urna y extendió los huesos resecos de san Eusanio formando un semicírculo ante los dos. “Arrodíllate a mi lado, Pietro”, me dijo. Y luego comenzó a recitar algo que sonaba como una plegaria en una lengua que yo hasta entonces jamás había oído. La plegaria incomprensible continuó durante algún tiempo. Cuando se detuvo, comenzó a hablar sin mirarme: “Pietro, hoy habéis dado el primer paso de una serie que os llevará, a vos y a vuestra familia, a obtener un gran poder. Ahora debéis estudiar.”
El librito en cuestión es “El Ultimo Templario” de Edward Burman. Es una novela con ciertos rasgos históricos. Una mezcla entre el pasado real y la ficción. O quizás no hubo tanta ficción. No estuve allí. Y tú, ¿estuviste allí? A mí me hubiera gustado tener la oportunidad de ser testigo de esa historia.
A la amiga Glauka: ¿satisfecha su curiosidad?. Pues ha habido suertecilla porque esta pregunta hace un par de meses, hubiese tenido como respuesta un compendio de frases en inglés relativos a un tema un tanto aburrido pero sobre el que me tenía que empapar.
Y no, no voy a pasarle el guante a nadie. Este guante me lo quedo yo. Y si tú que has leído esto quieres contarnos que estás leyendo, pues ¿a qué esperas?.
