29 mayo 2007

El Guante

Quién me iba a decir a mí que una sirena, sí, has leído bien, una sirena tuviese guantes. Y no contenta con ello va y me lanza uno a mí. Y yo que voy de aquí para allá, que no paro ni un momento, que últimamente hasta me he planteado si alguna extraña metamorfosis se estará apoderando de mi, porque bien es cierto que cada día duermo menos y más recorro la noche, cuál vampiro se tratara. Y mira que me encanta el día, el amanecer, el sol que comienza a iluminar la mañana. Pero es que también me gusta el atardecer y la noche y la Luna y…

Así que en este devenir mío, me detengo un momento, me paseo por esos blogs que me gusta curiosear y me encuentro con que la sirena Glauka me ha lanzado un guante. Y yo que soy un caballero, y por tratarse vos de quien se trata, pues recojo el guante y hago un hueco en esta ajetreada vida para satisfacer esa curiosidad gatuna.

Me pide que “transcriba el segundo párrafo de la página 179 del libro que actualmente estés leyendo”. Y he de reconocer que empecé a leer este libro hace tiempo pero lo dejé aparcado en un estante. Otros menesteres reclamaron mi atención y no soy yo hombre que deje nada a medias. Que todo lo pendiente lo llevo anotado detrás de las cejas. Así que ahora que vuelve el buen tiempo, entre relax y relax, entre sol y sol, terminaré la tarea empezada.

Es un libro de bolsillo. No suelo llevarme grandes volúmenes conmigo. Por eso lo del segundo párrafo casi se convierte en una página completa. Es más, ha sido media página y la primera frase de la siguiente página. No iba dejar el texto a medias porque, ¿ya lo dije?, no me gusta dejar nada pendiente, nada a medias.

Bien, pues he aquí el párrafo en cuestión:

“ – Los caballeros nos dejaron solos para que pudiéramos rezar, después de lo cual mi tío abrió una pequeña puerta que estaba cerrada bajo llave, situada detrás de la tumba y se irguió como si estuviera dirigiéndose hacia el Capítulo. A continuación se arrodilló dando la espalda al altar y a la cruz. Abrió la urna y extendió los huesos resecos de san Eusanio formando un semicírculo ante los dos. “Arrodíllate a mi lado, Pietro”, me dijo. Y luego comenzó a recitar algo que sonaba como una plegaria en una lengua que yo hasta entonces jamás había oído. La plegaria incomprensible continuó durante algún tiempo. Cuando se detuvo, comenzó a hablar sin mirarme: “Pietro, hoy habéis dado el primer paso de una serie que os llevará, a vos y a vuestra familia, a obtener un gran poder. Ahora debéis estudiar.”

El librito en cuestión es “El Ultimo Templario” de Edward Burman. Es una novela con ciertos rasgos históricos. Una mezcla entre el pasado real y la ficción. O quizás no hubo tanta ficción. No estuve allí. Y tú, ¿estuviste allí? A mí me hubiera gustado tener la oportunidad de ser testigo de esa historia.

A la amiga Glauka: ¿satisfecha su curiosidad?. Pues ha habido suertecilla porque esta pregunta hace un par de meses, hubiese tenido como respuesta un compendio de frases en inglés relativos a un tema un tanto aburrido pero sobre el que me tenía que empapar.

Y no, no voy a pasarle el guante a nadie. Este guante me lo quedo yo. Y si tú que has leído esto quieres contarnos que estás leyendo, pues ¿a qué esperas?.

10 mayo 2007

Infiel

.- Todito todo te lo consiento pero eso sí que no. Mira... vale que me llames descarado, golfo, vividor, sinverguenza,... hasta pájaro nocturno me has dicho. Pero eso... eso sí que no. Que me llames infiel no te lo consiento. Porque... vamos a ver, ¿dije yo algo de exclusividad?. No, ¿cierto?.

.- No pero...

.- Pues entonces... Y no me pongas esa carita. Ni tampoco me mires con ojitos de corderita degollada. Me gusta más esa mirada pícara que tienes...

.- ¿cuál, ésta?

.- Sí, esa... por ejemplo. Y... por cierto, ¿te puedes dar la vuelta?

.- ¿la vuelta?

.- Sí, date la vuelta que quiero verte por detrás

.- ¿Por detrás? (mientras sonríe le brilla la mirada maliciosa...)

.- Sí, sí, por detrás, que quiero volver a ver que bien te queda ese tanga que asoma por encima de esos pantalones, esos hilos que sujetan ese triangulillo y que, por más que lo intenté, no pude evitar poner mis ojos en ellos. Venga, mujer, date la vuelta... que mientras te miro voy a posar mi mirada en toda tu espalda, te voy a recorrer con el aliento, te voy a refrescar a besitos, te voy a hacer caricias prohibidas, te voy a comer y no voy a dejar nada para quien venga detrás.

06 mayo 2007

Si me lo cuentan...

Si me lo cuentan no me lo creo. Hace sólo tres o cuatro días y mira con lo que me encuentro. Con casi veinte centímetros de nieve. Un paisaje invernal fuera de toda lógica y sentido para esta época del año. Pero es que hay tantas y tantas cosas sin lógica ni sentido alguno que una más...
Me encanta el sol, el mar, pero también las montañas nevadas. Me gusta perderme por un sitio de esos y, del mismo modo que me quedo contemplando las olas del mar durante horas, soy capaz de salir del camino trazado y perderme sin rumbo, sin ruta alguna. Sólo para pensar, contemplar, respirar y coger un poco de fuerzas para seguir adelante. Y, curiosamente fuí a salirme de la carretera justo por donde había un camino con un cartel avisando "No pase, Usted y su vehículo podrían quedar atrapados en el interior". Pues basta que quieran prohibirme algo para que más me sienta atraído. Y no, no me perdí. Ni tampoco me quedé atrapado. Me gusta el riesgo, el peligro, lo prohibido,... pero siempre que lo puedo controlar.
Recorrí, no sé cuanto, no mucho, y allí en medio de la nada, después de parar el motor, se escuchaba un silencio absoluto. Era como si el mundo se hubiera detenido. Ni un pájaro, ni un grillo ni... nada. Es una sensación extraña sobre todo cuando estás tan acostumbrado a ese ruido urbanita de motores, radios, tvs, gente gritando,... todos de aquí para allá sin estarse quietos ni un momento. Y yo, por más que me esforzaba por intentar escuchar algo, nada, como si me hubiera quedado sordo absolutamente. Ni siquiera la más mínima brisa de aire que pudiera mover algunas hojas y escuchar así algún sonido. Nada, no se escuchaba nada, ni siquiera oía mi respiración. Allí estuve bastante tiempo, sintiéndome como una parte más de aquella nada, inmóvil, intentando fundirme con aquel vacío.
Regresé por el mismo camino y cuando llegué a la carretera me fijé en ella, una recta y, al final... una curva. Y la vida es así, a veces vas en una recta, sin fijarte, sólo mirando al frente, sin darte cuenta de nada más y, de repente, te encuentras con una curva que te hace cambiar, que te hace ver las cosas desde otra perspectiva, una curva que te invita a realizar un giro inesperado a tu vida. Y después de esa curva quizás haya unas cuantas más, pero también habrá rectas, también habrá buenos momentos en los que dejarse llevar será todo un placer y casi sin esfuerzo. Ahora voy a seguir adelante y a pasar esa curva cuanto antes para ver qué es lo que me encuentro después.
Esto del cambio climático me va a acabar de volver loco completamente.