Es tan agradable esta sensación que... Estoy tan a gusto y… es que me encanta sentir el chorro a presión del agua caliente. Al final, me cuesta decidirme pero acabo por darle la última vuelta y termino así por cerrar el grifo de la ducha.Unas cuantas gotas, bastantes, no me resultaría fácil contarlas, se han quedado sobre la piel. Ahí están, inmóviles, esperando a que alguien las quite o… a percibir el más mínimo temblor para comenzar una loca carrera, deslizándose cuerpo abajo, jugueteando y juntándose unas con otras para, a veces, cambiar su camino, y otras, aumentar su velocidad mientras me rozan, me tocan, me acarician.
Te llamo y te pido que me ayudes a secarme. Coges una toalla de algodón, una de esas toallas suaves, enormes con las que podrías taparte desde la cabeza hasta los pies, una toalla que absorbería todas las gotas en un instante.
Pero… te digo que no, que no cojas la toalla. Hoy… sí, hoy y ahora, quiero que seas tú mi toalla. Ven, acércate. Sé que te gusta sentir la humedad. Sé que te gustaría empaparte conmigo. Así que no pongas esa carita. Así, así me gusta más. Con el brillo ardiente de esa mirada, de ese volcán que brota por tus ojos. De ese fuego que tienes dentro y… cómo lo percibo ya. Siento que el agua se va a evaporar al primer contacto con tu piel.
Ven, no pierdas más tiempo y desnúdate. Quítame todas estas gotas que resbalan por mi cuerpo. Quiero que sea tu piel la que me seque. Que te pegues tanto a mí como la mejor de las toallas. Que con tu lengua recorras cada centímetro de mi piel quitando las gotas que se hayan quedado olvidadas, escurridizas. Quiero sentir tu cuerpo, caliente, secándome, resbalándose por encima de mí, juntándose al mío sin dejar ni un solo milímetro de separación. Quiero sentir como me secas, quiero sentir tu cabello sedoso acariciándome, quiero sentir como me quitas… hasta la última gota.
