19 abril 2009

Insomnio

Llevo un buen rato dando vueltas en la cama. De un lado para otro. Y cuántas más vueltas doy, más despierto y, por tanto, más inquieto, me encuentro. Enciendo la TV a ver si me aburre y me duermo y nada, que no hay manera. Sí que me aburre pero sigo sin poder dormirme.

Me canso de hacer zapping, de un canal a otro. Lo único que hay a estas horas son esos programas de adivina el nombre, dime el número, encuentra la diferencia,... y cuando sepas la respuesta llámame. Una forma más de hacer caja, de aumentar los ingresos de las televisiones. Porque me gustaría a mí saber cuántas personas llaman y se quedan escuchando algún mensaje de espera mientras el tiempo pasa y la factura aumenta y aumenta.

Vuelvo a mirar el reloj y ya sólo quedan 2 horas para que amanezca. Se me ocurre que... quizás si me doy una vuelta... al menos salgo y siento el aire, que aquí dentro ya me encuentro como un león enjaulado.

No lo pienso más y me levanto. Bajo al garage, abro la puerta procurando no hacer mucho ruido y sin arrancarla la empujo hasta la calle. No quisiera despertar a los vecinos. Al menos a los que tengo más cerca. Aunque la puerta del garage hace algo de ruido y en el silencio de la noche...

Afuera no se escucha nada. Todo debe de estar quieto, todo está dormido, menos yo.

Me subo y dejo que se deslice calle abajo hasta que ya no hay más opción que arrancarla. Pulso el botón, zumbido y acto seguido el rugido del motor inunda la calle. Sin dudarlo un instante me dirijo hacia la salida. El vigilante, con cara de estar medio dormido, sale de su garita y abre la barrera mientras hace un ademán de algo así como un saludo.

El aire es bastante, bastante fresco. No me encuentro a nadie en la carretera, todo está desierto. Voy dejando atrás luces de barrios en penumbra mientras me acerco más al centro de la ciudad. Entro en un túnel y el sonido del motor se propaga con un eco ronco, grave, ensordecedor. Doy gas a fondo para salir de ahí cuanto antes.

Justo a la salida del túnel hay una serie de paneles informativos sobre diferentes vías y alternativas. Una de ellas me recuerda a ti y aquel día que me dijiste si me iba a tomar una copa contigo.

Fué hace bastante tiempo. Y hoy, como ayer, lo hubiera vuelto a hacer. Hoy y ahora hubiera ido a verte, a tomar esa copa contigo, a beberla de tus labios, a sentir tu piel junto a la mía, volver a verte sonreír, ese brillo en tu mirada, esas conversaciones sin palabras, esos roces de tu cuerpo cerca del mío, el mío más cerca aún, mi cara junto a la tuya, cerca muy cerca, apenas sintiendo tus labios. Y mi boca acariciando tu piel, percibiendo como se eriza, cómo se contrae cada vez que me acerco y me deslizo por tu cuello hasta llegar a los hombros.

Me detengo un momento, lo justo para beber un poco y volver a acercarme. Esta vez con un pedacito de hielo entre mis labios para compartirlo con tu boca, para fundirlo contigo, dentro de ti. No te imaginas cómo me gusta ver cómo te humedeces, cómo te empapas, cómo te fundes.

No sé que tendrá este momento del día, cuando la noche muere, justo un poco antes del alba.