28 noviembre 2007

Gran Reserva

¿Te gusta el vino? Dispongo de un Gran Reserva de 1995 muy especial, algo que no se puede catar en cualquier copa. Eligieron las mejores viñas y se logró una cosecha excelente. Por eso necesito el recipiente más adecuado, aquél sobre el que su sabor se enriquecerá aún más.

Tiene un color rojo rubí intenso que, a la luz de las velas, destila diferentes tonalidades. Desprende un perfume a frutas rojas maduras, a cuero y tierra mojada. En la boca mantiene una buena acidez, la justa. Sé que te gustará.

Pero antes de que tú lo pruebes quiero catarlo yo. Quiero paladearlo lentamente, deleitarme con su sabor sobre tu piel. Tomaré unas gotas y las dejaré deslizarse por tu cuerpo, lentamente, acariciándote. Y antes de que se pierdan las recogeré una a una con mi boca.

Esa sensación de frescor y calor hará que se te contraigan todos los poros de tu piel. Un escalofrío te recorrerá por dentro mientras yo, por fuera, recorro todo tu cuerpo saboreándolo, recreándome en todos y cada uno de tus rincones, entreteniéndome con mi lengua en aquellos pliegues donde haya podido quedar la más mínima gota.

13 noviembre 2007

Escape

Estaba dándole vueltas a cómo comenzar, a cómo decir esto y creo que no le voy a seguir dando más vueltas porque si sigo así, voy a explotar. Necesito liberarme un poquito de tanta presión.

Hoy no escribo esto para que Tú lo leas, ni para que lo lea Ella ni para Ti a quien aprecio en gran medida, ni para Ti, ni para nadie en particular. Hoy escribo para mí, para escucharme a mi mismo, para decirme que necesito hablar, necesito decir, necesito contar, necesito… gritar!!!!!!! Y si no puedo hablar, si no puedo gritar, si no puedo dejar que me escuchen, entonces tendré que escucharme a mí mismo.
Creo que necesito un cambio más, más bien, muchos cambios más. Me gusta estar en constante evolución, cambiando, haciendo algo diferente, algo distinto. Soy así, y si no puedo ser así, entonces me muero, me muero por dentro. Me gusta la paz, la tranquilidad, la armonía, pero eso no significa que no necesite sentir que vivo en una metamorfosis continua.


Hace algo así como un par de horas, iba ensimismado en mis cosas, en mis pensamientos, dándole vueltas a todo, tanto que me distraje no sé cómo ni con qué, y sin darme cuenta, dejé de pisar el suelo gris para pasar al verde. Fue muy rápido. De repente sentí como saltaba todo y entre llaves, monedas, CD’s y demás, allí iba yo, dando botes por el campo. No pasó nada, sólo unos arañazos en la pintura debido a alguna rama que, sin comerlo ni beberlo, se encontró con un objeto casi volante, mejor dicho, “botante”, que la arrolló en plena noche.

Este ha sido mi aviso personal para navegantes, un aviso para decirme que he de centrarme, que últimamente estoy fuera de control. Ha sido un aviso, porque de haber ido con el otro coche no hubiera salido tan bien de esta situación. Yo que me considero un buen conductor, que hasta me permití, no hace mucho, escribir un post sobre las consecuencias de pasar los límites, yo, que con tanta soberbia, me digo que llevo los pies sobre la tierra, cuando en realidad estoy en las nubes.

Yo, que hasta me permito escribir mails con el smartphone, chatear en el MSN con la PDA, enviar algún SMS,… (me encantan todos estos gadgets), todo mientras voy conduciendo. Sí, conduciendo, mientras estoy en algún atasco, casi parado, pero conduciendo. Quizás sea debido a ese ansia mía por no estarme quieto, de intentar aprovechar cada minuto, cada segundo, como si fuera el último. Yo, el estúpido soberbio que vuela cuando no tiene alas, se acordará mañana que tiene que centrarse.

Me tenéis harto, agotado completamente. Ya no sé cuántas oportunidades os he dado. Y voy a tomar medidas. Lo siento. Es la parte más dura, la más difícil, la que jamás me ha gustado, la que odio profundamente, pero no podemos seguir así. Os he intentado convencer a lo largo de todos estos meses, pero vosotros seguís anclados en el pasado. No sólo no cambiáis de actitud, sino que vais a peor. Estáis empezando a perjudicar al resto y ya habéis superado el límite. He tomado la decisión de que dejéis de formar parte de mi equipo en los próximos días.

Me contrataron para organizar esto, para crear un equipo. Lo que me encontré, salvo unos pocos casos excepcionales, no era precisamente lo mejor de cada familia. Poco a poco os he ido moldeando, dirigiendo hacia un mismo objetivo. Paso a paso habéis ido notando un cambio, os valoran mucho más, vuestro trabajo es mucho más agradecido. Lo que no voy a hacer es que retrocedan casi 50 porque 2 quieran, o mejor dicho, no quieran. Me ha costado tomar esta decisión pero es algo que tengo que hacer. No os imagináis cómo me jode, pero no me habéis dejado otra alternativa. O eso o irme yo y dejar que venga otra persona en mi lugar que, probablemente, haga lo mismo. Y yo no soy de los que tiran la toalla, así que yo no me voy a ir para dejar que vosotros hagáis lo que os dé la gana.

Si hay algo de lo que me sienta orgulloso en mi vida profesional, es que allí por dónde he pasado, no me recuerdan tanto a mí como a la gente, a los equipos que he creado.

Y sigo casi gritando, porque lo necesito, necesito gritar, y es que cada día me tenéis más "contento". Y no puedo decírselo a nadie. A los de arriba porque sois los que habéis generado esto, a los de abajo porque entonces les desmotivaría. Al final me lo tengo que tragar, y es que no puedo, necesito gritarlo a los cuatro vientos.

Necesito decirte que si esto no funciona no es por los de abajo, no, es porque tú no eres capaz de poner orden ni concierto. No se puede consentir que de 14+1, sólo 2 hayamos conseguido lo que nos pediste. Que sólo 2 hayan sido capaces de entusiasmar a muchos para que, ilusionados, pongan todo de su parte, esperando cambios que tú, ahora, no te atreves a implementar.

Muchos días, al levantarme, me digo al oído que los triunfadores son aquellos que se arriesgan, aquellos que cada día toman 10 decisiones, y que no importa que 9 sean equivocadas si una fue acertada. Peor sería no haber tomado ninguna. Así que, si 2 fuimos capaces, y los otros 12+1 no hicieron nada, no por desconocimiento, no, sino por desidia, ya me dirás a ver qué hacemos ahora. ¿Qué le puedo contar yo a aquellas personas que confiaron en mí, a las que les entusiasmé con aquello que, ahora, no se sabe si llegará a realizarse algún día?. Me gustaría gritártelo, decirte que ahí te quedas porque me has defraudado. Y ten por seguro que te lo diré, no tardando.

Y también tengo más para mí, para el estúpido que vive dentro de mí. El idiota que no ve que lo está haciendo mal, que en lugar de acercarse se aleja. El torpe que no se da cuenta que te está agobiando, que te va a perder si sigue así. Pero esto Te lo diré con palabras, con aquellas palabras que no supe contarte, que no supe encontrarte.

Necesito centrarme, volver a tomar las riendas de un trocito de mi vida para poder escapar de tanta presión, para poder liberarme y no ir de culo como ibas tú, tal y como me decías hace unos días. Sí, yo, él que te daba consejos. Consejos vendo pero para mí no tengo.

Casi todo lo tengo claro, sé cómo abordarlo, cómo regresar rápidamente al camino. Sólo hay algo... lo más importante. Y es el volver a retomar aquella pista, aquella senda entre barrancos que me pueda llevar junto a Ti. Quiero seguir aquel camino que empecé a trazar un día, conociéndote, comprendiéndote, respetándote, queriéndote.

04 noviembre 2007

Formal vs Descarado

Cierra los ojos y escucha lo que te voy a susurrar al oído. Por si acaso tuvieras alguna duda, te aclaro que soy todo un caballero, educado y amable, así que no tienes por qué desconfiar. Reconozco que, en ocasiones, soy un descarado, un sinvergüenza, un atrevido. Pero esto sólo ocurre a veces, en determinados momentos que me reservo para cuando...

Cierra los ojos y déjame que te cuente, déjame que te diga que... sí, aún hay tiempo, podemos ir al aeropuerto y subirnos a un avión que nos lleve lejos, a una playa recóndita, muy escondida de multitudes que nos puedan agobiar, una playa para nosotros solos.

Llegaremos cerca del crepúsculo, justo a tiempo para cenar algo. Conozco un restaurante desde el que podremos observar como el sol se oculta, entre las montañas, descendiendo lentamente, penetrando con sus últimos rayos entre las ramas de los árboles.

A la luz de unas velas, regaremos la cena con un buen caldo, un tinto, quizás un Marqués de Viernes Noche. Brindaremos mirándonos a los ojos, comunicándonos mucho más que con cualquier verso, estrofa o palabra. Mientras paladeamos algún manjar, recordaremos los buenos momentos. ¿Sabes? me encantará volver a escuchar el dulce sonido de tu voz, la melodía de tu risa. Y ver el brillo de tu mirada.

Poco a poco habrá ido oscureciendo, noche cerrada será cuando lleguemos a los postres. De fondo, alguna pieza clásica nos envolverá, sobresaliendo las notas del piano. Una música que te hará sentir relajada, feliz, contenta. Y con la luz de velas alzaremos nuestras copas para brindar otra vez por nosotros y por el paseo que daremos por la playa. Un paseo a caballo, aprovechando la luz de la luna llena, escuchando el rumor de las olas, como llegan una y otra vez a la orilla, una y otra vez, despacio, suavemente, sin prisa, perezosamente.

Cabalgaremos hasta una cala que conozco, una cala protegida por los arrecifes, allí tumbados en la arena observaremos la luna y las estrellas. Casiopea, la Osa Mayor, la Estrella Polar,... todas, todas brillarán por ti esa noche. Buscaremos alguna estrella fugaz a la que pedir un deseo, abrazados porque la brisa del mar, a esas horas, propicia que los cuerpos se acerquen para darse calor mutuamente.

Y podremos quedarnos toda la noche, los ojos mirándose, hablándose, susurrando al oído para no quebrar la paz que nos rodea.

Más tarde, al amanecer, después de ver como nace el sol sobre el horizonte, como el cielo se transforma, primero azul, luego anaranjado, regresaremos al hotel para desayunar y cambiarnos de ropa. Y sí, por supuesto, habré reservado habitaciones independientes, que yo soy todo un caballero, muy formal, muy serio.

Con el día podremos ir a una playa que casi nadie visita. Para entonces las olas ya se habrán despertado, y batirán la arena, llamándonos para ir a su encuentro.

Cuando regresemos a la arena, con la piel perlada por la gotas del mar, nos tumbaremos para que el sol vuelva a templar nuestros cuerpos. Y... ¿sabes?, pocas cosas hay que me gusten más que poder ver esas gotas de agua sobre tu piel, deslizándose lentamente, empujándose las unas a las otras, para coger más velocidad y bajar rápidamente por tus curvas, haciéndote cosquillitas.

De algunas gotas ya me haré cargo yo. Ya las recogeré con mis labios, dándote besitos, dulcemente, saboreándolas, deleitándome en cada gota, en cada poro de tu piel, secándote. Lo haré indistintamente, aquí y allá, según se vayan deslizando, sorprendiéndote, porque te pediré que cierres los ojos y que escuches el sonido de las olas mientras yo deslizo mis labios por tu cuerpo.

Recorreré tu cuello, mordisqueándolo, acariciándolo. Tumbada boca abajo te masajearé la nuca, para luego continuar dándote besitos por toda la espalda, descendiendo hasta tus caderas. Bajaré por tus piernas, y cuando haya terminado de secarte, empezaré a extender el bronceador empezando por los pies, masajeándolos, relajándolos. Después ascenderé por tus tobillos, esos que se suben en los tacones de aguja.

Con el aceite deslizaré mis dedos, poco a poco, en círculos, a veces presionando un poquito, lo justo, como si de un masaje relajante se tratara. Y a veces, sin apenas tocarte, para provocarte esas cosquillitas que te dan escalofríos.

Más arriba, llevaré los dedos hasta el interior de tus muslos, para extender bien el aceite, mientras me agacho y te doy besitos en la espalda. Así, entre la espalda y los muslos, provocándote sensaciones, aquí y allá, poco a poco, con el sonido del mar de fondo, el sol calentando tu cuerpo y la brisa o las caricias, ya no sabrás discernir cuál es la causa de los escalofríos que te recorrerán por dentro, desde la cabeza hasta los pies.

Antes de que te suba demasiado la temperatura, te extenderé el aceite por la espalda, masajeándote las caderas, relajándote. Luego continuaré hasta llegar a la nuca y ahí me volveré a entretener, pasando mis dedos por tu cabeza, entre tu pelo.

Será entonces cuando te des la vuelta. Ahora los besos comenzarán por tu cuello, subiendo hacia tus mejillas, para llegar peligrosamente a tus labios.

A continuación comenzaré por las piernas, como antes, empezando por los pies, masajeando los deditos. Subiré por los tobillos, las rodillas, los muslos y volveré a asegurarme que no queda ni un solo rincón sin recorrer, sin proteger.

De propina te daré algún besito que otro, sí, entre las piernas. Yo creo que esos besitos te van a gustar, te van a provocar unos escalofríos mayores que los que hayas sentido hasta ese momento. Besitos con una lengua descarada, una lengua traviesa que se empeñará en explorar todos tus rincones más íntimos. Abriéndose paso, lentamente, indagando, separando hacia un lado, luego hacia el otro, para después volver a entrar un poquito más adentro. Retrayéndose, regresando por el mismo camino abierto para volver a entrar, más decidida, más adentro. Y así una y otra vez, explorando los alrededores, entrando y saliendo, recorriéndote por dentro, deslizándose, humedeciéndote mientras tú te humedeces.

Luego... luego... lo dejo a tu imaginación que será también la mía.

Vas a pensar que soy un descarado, un sinvergüenza, y como soy un caballero, te seré sincero. Sí lo soy, lo reconozco. Pero no lo soy siempre, sólo de vez en cuando, todo a su tiempo, en su momento adecuado.

Proposiciones de todo un señor loco, y también de un sinvergüenza trastornado.