Una de cal y otra de arena. Un post un poco calentito ;) y otro un poco reflexivo. El blanco y el negro. Y en el medio..., sí, sí ahí estoy yo. Con una cucharadita de esto y otra de aquello.
Y ahí estoy, en la tierra de nadie, en el pequeño espacio que queda entre dos fronteras. Me parece que esa es la mejor definición para explicar como me encuentro. En el medio, donde no estás en ningún lado concreto.
Y ¿por qué? me preguntarás. Pues ahora te lo explico. Resulta que, a veces, todas me quieren, todas me desean, pero... en otros momentos, ninguna me quiere. Y... ¿yo?. Pues yo me encuentro con que ya estoy un poco cansado de esta situación. Ya son muchos meses así y podría seguir otros tantos o incluso más, pero es que no me interesa.
Durante todos estos meses me he encontrado de todo. Quien ni siquiere te responde a quien te dice que “tú, sí tú, tú vales mucho, más de lo que te imaginas, mucho más de lo que yo necesito”. Al principio pensé que era una frase tópica y típica para decirme un "no" de una forma bastante política. La cuestión es que cuando una amiga, de toda confianza, me dijo esto, entonces ya empecé a pensar que podría tener algo de razón. Modestia aparte. ;)
Lo cierto es que si he llegado a esta situación no ha sido porque yo lo haya querido así expresamente. Más bien me he visto, un tanto, empujado, presionado hasta alcanzar este status. Todo empezó hace tiempo, cuando me inicié en esta profesión.
Me considero todo un currante nato y un buen profesional. Así que no me resultó muy dificil el ir progresando. Y si en una empresa alcanzaba la cima, el tope hasta donde podía llegar, pues entonces esperaba a que me tentasen desde otra para dar un salto. Y así, de repente, un día, me encontré, podría decir que, en una situación en la que, cuando empecé en esto, ni siquiera se me había pasado por la mente, el que podría llegar hasta ahí, hasta esta posición. Y cuando llegas, en ese momento piensas que ya has alcanzado un status del que no quieres cambiar, que consideras que ya es suficiente, pero entonces el sistema, la empresa, te presiona para que sigas progresando más aún, si cabe. Ya se sabe... o te promocionamos o te fulminamos.
Así que sólo tienes dos opciones, ir hacia delante o irte fuera. Y entonces te piden más y más, y te dan más y más, y tienes más y más responsabilidades, y te exigen más y más dedicación y esfuerzo, y te empujan más y más arriba, y... algunos podrían tener envidia de esta situación y verte como a un ejecutivo agresivo, como a un directivo con éxito, pero yo ni me veo así ni tampoco es así como quiero estar.
Cierto tipo de empresas funcionan así, obligando a que los empleados trabajen más y más, tengan más y más responsabilidades, se les promociona más y más y si, en algún momento, quieres decir basta, esto ya es suficiente, entonces pasas a ser malo, a verte como que no aprecias la “oportunidad” que te están dando.
En mi caso no fue exactamente así, les seguí el juego porque me interesaba, porque me permitía ir desarrollando un currículum bastante interesante. Así pues, cuando hace unos cuantos meses me encuentro con que me ofrecen irme a trabajar a un país de esos que no me gustan nada porque no hay vida, no hay espíritu, todos viven para trabajar y encerrarse en sus casas y no hay nada más allá, pues elegí la otra opción, la de negociar, irme y buscar otra alternativa profesional.
Y ahí es cuando empiezo a encontrarme en tierra de nadie. Cuando algunos headhunters me dicen “tú vales mucho, tu CV es espectacular, es una lástima porque no tengo nada suficientemente interesante para ti, pero no te preocupes que te tendré en cuenta”. Y sí, esto te puede subir el ego, pero es que yo no quiero ser el superdirectivo de la megaempresa, yo quiero algo más tranquilo, algo que me permita vivir bien y con tiempo para disfrutar de la vida. No quiero seguir malviviendo entre hoteles de lujo y aeropuertos y despachos y salas de reuniones. Pero claro, esto no lo entienden. Ellos sólo ven que un CV así, un profesional así, lo pueden vender a un buen cliente, uno de esos que estará dispuesto a pagarles 15 o 20 o incluso 30 mil euros por un proceso de búsqueda y selección de un buen profesional. Y entonces yo me siento como un solomillo, como un trozo de carne puesto encima de un plato. Eso sí, de un restaurante de lujo.
Y mientras tanto... pues a esperar. Pero es que ya estoy cansado de esperar y, además, repito, no quiero seguir progresando más y más en mi carrera profesional, me considero a gusto con un status intermedio. Y es que esto no lo entienden. Cuando se lo dices piensan que estás loco. Y quizás sí, quizás esté un poco loco pero también estoy un poco cuerdo.
Y a lo largo de estos meses me encuentro con que me ofrecen llegar incluso a dirigir el departamento de una de las empresas más, digamos conocidas, de este país, y sí, reconozco que me atraía, que me resultaba interesante. Más que nada porque me parecía la oportunidad de encontrar un trabajo atractivo y que, curiosamente, me iba a permitir vivir bastante tranquilo. Una empresa muy grande pero al mismo tiempo, con un ambiente, un tanto de “funcionario”. Y después de muchos meses de entrevistas y de ir avazando paso a paso, al final, me encuentro con que todo se cancela, todo se paraliza. Y vuelta a empezar.
Y continuar con más procesos de selección, y todos para trabajar en multinacionales. Y sí, quizás tenga en la frente una etiqueta de “chico internacional”, más que nada porque cuando llego a un aeropuerto o a algún hotel, incluso en España, todos se dirigen a mí en inglés, alemán o francés. Y cuando les respondo se disculpan, “perdone, pensé que Ud. era...”, “sí, sí, no se preocupe, ya estoy acostumbrado a que me consideren ruso o sueco o alemán o... todo menos español”. Un día de estos me tengo que fijar en el espejo no sea que se me haya quedado pegada una etiqueta de esas “made in...” en medio de la frente :D
Me llaman y me buscan, y dicen que me quieren. ¿Para qué?. Pues para seguir haciendo lo mismo que antes pero mucho más, con más responsabilidades, con muchas más personas a mi cargo, con un presupuesto mucho más grande, en una empresa muchísimo más grande. Y el headhunter, el “cazatalentos”, el intermediario, sonriente mientras me vende a su cliente. Porque claro, yo soy su candidato ideal. Y puede que sí, puede que lo sea. Porque es que me conozco el mundillo de las multinacionales de memoria, con los ojos cerrados. Así que cuando me entrevisto con ellos me resulta sencillo darles la respuesta que están esperando. Y luego más entrevistas. Hasta me han hecho ir a visitar su central, a un país de esos, de tierra de bárbaros. Y allí... pues claro, me conozco el negocio, me sé su filosofía, lo que buscan, lo que quieren, y yo sé responderles, sé decirles lo que quieren escuchar. Y luego, otra vez aquí, y más entrevistas. La última con el presidente de la compañía. Y es que, hoy en día, para encontrar un trabajo cada vez te tienes que ver con más y más gente.
Y después de todo si yo quiero algo más tranquilo, curiosamente, aunque supero las expectativas de lo que esas pequeñas empresas buscan, ninguna me quiere. Ni que les diese miedo. De verdad que no lo entiendo.
Y... mientras tanto, pues sí, ahí, en tierra de nadie, esperando a ver si tengo una oportunidad y consigo saltar a algún lado de la frontera. Y no sé por qué intuyo que voy a acabar cayendo en el lado que menos me gustaría. Pero bueno, también tiene su parte positiva. Y es que si caigo ahí, en ese lado, me exigirán mucho pero también me van a tener que dar mucho. Y eso me permitirá algún capricho que otro.
Y ¿por qué cuento todo esto? Porque ha habido quién me lo ha preguntado y porque me apetece contarlo. Y daros una de arena que dentro de unos días ya os daré una de cal. Que sí, que sí, que ya te estoy preparando una sorpresilla que espero que te guste ;)