22 diciembre 2006

Te deseo...

Estaba pensando en qué post publicar y es que tengo muchas cosas en mente para contar y… al final me he decantado por algo sencillo, algo que… ya, ya sé que no es muy original y quizás no sea esto lo que te hubieras esperado encontrar.

Supongo que te lo habrán dicho en estos días, más de una persona y más de una vez. Pero hoy y ahora quiero ser yo, quiero ser yo el que te desee a ti, sí a ti, a quien ha llegado hasta estas líneas, a ti que eres una persona anónima o quizás no, quizás conozca, aunque sólo sea un poquito, algo de ti.

Pues… a ti que estás leyendo esto ahora quiero desearte de todo corazón que disfrutes de estos días y que el nuevo año 2007 sea un año que llegues a recordar como aquel año lleno de éxitos personales y profesionales.

Carlos

P.D.: en unos días espero publicar algo que te guste, será… mi regalo de estas fechas ;)

14 diciembre 2006

Sin palabras

No hace falta decir nada, basta una mirada.

13 diciembre 2006

Hoy quiero...

... decirte Muchas Felicidades!!!!
... desearte que pases el mejor día de tu vida,
... entregarte el mejor regalo,

... despertarme a tu lado,
... que lo primero que veas sea mi sonrisa,
... vivir este día contigo,
... verte más feliz que nunca jamás hayas estado,
... que yo sea la causa de tu alegría,
... que me sientas más cerca, pegadito a tu lado,
... atarme al vaivén de tus caderas,
... sentirme tuyo,
... entregarme a ti,

... naufragar en tu boca,
... que hagas conmigo lo que quieras,
... perderme en tu mirada,
... decirte dos palabras.

Y todo porque…

Hoy....


Hoy me he acordado de ti, y ayer, quizás mañana también.

07 diciembre 2006

Entrando en calor

Es de noche, noche cerrada, oscura, fría, húmeda. Hace un momento el viento azotaba los primeros copos de nieve contra el coche mientras yo intentaba encontrar los límites de la carretera. Hace frío, bastante, ahora mismo no hay más de 4 o 5º C, pero yo siento el calor, el calor que me produce el tenerte cerca.

Cuando fuí a buscarte dejé la chimenea encendida para que se mantuviese un poco la temperatura de la casa. Aunque no está muy caldeada, la diferencia, al entrar, se nota. Nada más que la ves, ahí, en el medio del salón, te diriges hacia ella, como una luciérnaga en busca de la luz. Subo algo más de leña y te encuentro ahí, recostadita, junto al fuego, con una carita de niña buena, de un ser angelical, aunque... también eres una diablilla. Y he de reconocer que ese lado oculto tuyo me atrae tanto como tu otra mitad. Y es que contigo no hay término medio.

Echamos más leña al fuego y las llamas brotan, envolviendo los troncos, revoloteando a su alrededor, devorándolos, produciendo calor, un calor intenso. Lo siento, lo noto, casi tanto como si te tuviera cerca, a mi lado. No sé porque escribo esto y más a estas horas, supongo que debe de ser por algún motivo, por alguna causalidad. Y es que... es la hora bruja, la hora mágica, la hora en la que llegaste hace algún tiempo.

Ya estamos en la recta final de esta estación y ya han llegado estos primeros fríos, y con ellos quizás haya aumentado más aún mi locura, mi deseo por estar calentito junto a ti, junto al fuego que debes de desprender cuando se enciende en ti la pasión. Y es que estas llamas que se mueven, juguetonas, lamiendo el tronco, ágiles, deseosas de abrazarlo, de consumirlo, hasta el final, sin límite,... llevan mi mente hasta ti. En ocasiones cierro los ojos y te veo, te siento, aquí, a mi lado. Y te siento tan cerca que te cogería y abrazaría mientras, los dos, recostados sobre un manta junto al fuego, lo miramos y nos reconfortamos con su calor. Pero eso es sólo en ocasiones, porque hoy, hoy...


Te abrazo mientras comienzo a besarte. Empiezo por los hombros, dejando que mis labios resbalen sobre tu piel. Las llamas se reflejan sobre nuestros cuerpos y tú permaneces inmóvil, la mirada fija sobre las llamas y comienzas a dejarte llevar, a sentir no sólo el calor que te envuelve, procedente de la chimenea, sino también mis labios húmedos deslizándose por tu espalda.
Desde arriba, desde la nuca, descendiendo suavemente, dándote besitos y, de vez en cuando, la lengua que te acaricia, que humedece tu piel. Percibes esa sensación de frío y calor, de un calor intenso frente a ti, y el frescor de mi boca que se desliza por tu espalda.

Añado un par de troncos más a la chimenea y enseguida las llamas brotan a su alrededor. Mientras, te has tumbado sobre la manta, deseosa de que continúe y no me detenga en tu espalda, esperando que siga y continúe a lo largo de tu cuerpo. Me acerco y veo esa sonrisa en tu cara que tanto me gusta. Tanto como el brillo de tus ojos. No nos decimos nada, ha bastado con que nuestras miradas cómplices se hayan cruzado para que sobren las palabras. Continúo besándote la espalda, deslizando mi lengua, haciéndote cosquillitas, acariciándote. Y tu piel se eriza, se contrae a cada roce. Llego hasta tu cadera y continúo hacia abajo, descendiendo entre tus glúteos. Deslizo una mano por entre ellos, acariciando la parte interna. Te contraes rápidamente, como si hubiera tocado un resorte oculto, y los juntas, aprisionando mi mano entre ellos. Sin apartarla, muevo los dedos, acariciándote mientras recorro con la lengua tu espalda. Cuando llego hacia la mitad todo tu cuerpo se contrae de nuevo, como si una corriente eléctrica lo hubiera traspasado.

Mi mano se desliza entre tus muslos que la intentan mantener prisionera, buscando tu sexo y mis dedos lo encuentran, húmedo. Te das la vuelta, deseosa de que comience a recorrerte, de arriba abajo, de derecha a izquierda, por todos y cada uno de los rincones que aún no había besado. Me dejas llevar la iniciativa, estás relajada, con este calorcito que sale de la chimenea y con el fuego que sientes dentro y que, te hace sentir húmeda, empapada. Llego a los pezones y te los mordisqueo, apretando un poquito, lo suficiente hasta que escucho tus gemidos, los suelto y bajo hasta el ombligo, sigo más abajo y me deslizo hacia tus caderas, rozando tu sexo, sin llegar apenas a tocarlo, sólo lo suficiente como para que te estremezcas. Bajo por tus piernas y al llegar otra vez a la cara interna de los muslos, los contraes de nuevo, apretando las piernas. Las separo suavemente. Me inclino sobre ellas y deslizo la lengua, ascendiendo, poco a poco, recorriendo tu pubis, yendo hacia la cadera.

Sientes el cosquilleo y te mueves mientras sueltas un gemido. Sigo lamiendo tu cadera, ascendiendo, rozándonte, sin apenas tocarte, mientras veo como se erizan todos tus poros. Me levanto y echo otros dos troncos en la chimenea. No quiero que se apague como tampoco quiero que descienda tu temperatura ;) Mientras tanto te has dado la vuelta, tumbada boca abajo, la cabeza recostada a un lado, las llamas reflejándose en tu cuerpo, iluminando cada una de tus curvas. Deslizo una mano sobre una de tus piernas, recorriéndola, acariciándola con las yemas de los dedos, y al mismo tiempo recorro tu espalda con la lengua, desde el final de la columna, y mientras asciendo con la mano, introduciéndola entre tus piernas, asciendo con la lengua hasta llegar a tu nuca. Te mordisqueo la espalda mientras la mano llega hasta tu sexo. Lo noto mucho más húmedo que antes, mucho más.

Giras la cabeza hacia mí y nuestras bocas se encuentran. Nuestras lenguas se unen, deseosas, ansiosas, y las bocas se funden como si fuera una sola. Introduzco un dedo en ti y escucho tu gemido mientras con los otros te acaricio. Con una mano me sujetas la nuca, atrayendo mi cabeza, mi boca hacia la tuya y deslizas la otra por debajo de mí, entre mis piernas y me encuentras. Sientes mi deseo por poseerte, por hacerte mía y sentirme tuyo, dentro, muy dentro de ti. Te das media vuelta hasta quedarte enfrente de mí y pasas una pierna por encima de las mías. Me arqueo, acercándome, rozándote, sintiéndote y tú, sintiéndome a mí. Noto tus pezones, erguidos, duros, apretados contra mi pecho.

Entonces, ágilmente te giras y me empujas hasta dejarme tumbado, boca arriba mientras te sientas sobre mí. Me dices que no eres ninguna chica inocente, que eres retorcidamente perversa y lo veo, lo veo en tu sonrisa y en tus ojos. Esa mirada que tienes, como si tú fueras una pantera y yo tu presa. Y te sientas sobre mí, sobre mi cadera, haciendo que me introduzca en ti, dentro de ti. Te agachas y mientras comienzas a moverte sobre mí nuestras bocas se vuelven a juntar, comiéndose, y nuestros cuerpos se unen, se funden en uno solo. Y empujo mi cuerpo hacia arriba, levantando las caderas, empujándote a ti, metiéndome más dentro de ti. Nos dejamos caer hacia un lado, manteniendo los cuerpos unidos. Juntas las piernas, haciéndome tu prisionero, sin soltarme, sin que me separe de ti, como si fuésemos un único cuerpo.

Entonces... mejor te lo cuento otro día. Porque ya sabes..., ya sabes como continuaremos. ¿no? ;)

02 diciembre 2006

En Tierra de nadie...

Una de cal y otra de arena. Un post un poco calentito ;) y otro un poco reflexivo. El blanco y el negro. Y en el medio..., sí, sí ahí estoy yo. Con una cucharadita de esto y otra de aquello.

Y ahí estoy, en la tierra de nadie, en el pequeño espacio que queda entre dos fronteras. Me parece que esa es la mejor definición para explicar como me encuentro. En el medio, donde no estás en ningún lado concreto.

Y ¿por qué? me preguntarás. Pues ahora te lo explico. Resulta que, a veces, todas me quieren, todas me desean, pero... en otros momentos, ninguna me quiere. Y... ¿yo?. Pues yo me encuentro con que ya estoy un poco cansado de esta situación. Ya son muchos meses así y podría seguir otros tantos o incluso más, pero es que no me interesa.

Durante todos estos meses me he encontrado de todo. Quien ni siquiere te responde a quien te dice que “tú, sí tú, tú vales mucho, más de lo que te imaginas, mucho más de lo que yo necesito”. Al principio pensé que era una frase tópica y típica para decirme un "no" de una forma bastante política. La cuestión es que cuando una amiga, de toda confianza, me dijo esto, entonces ya empecé a pensar que podría tener algo de razón. Modestia aparte. ;)

Lo cierto es que si he llegado a esta situación no ha sido porque yo lo haya querido así expresamente. Más bien me he visto, un tanto, empujado, presionado hasta alcanzar este status. Todo empezó hace tiempo, cuando me inicié en esta profesión.

Me considero todo un currante nato y un buen profesional. Así que no me resultó muy dificil el ir progresando. Y si en una empresa alcanzaba la cima, el tope hasta donde podía llegar, pues entonces esperaba a que me tentasen desde otra para dar un salto. Y así, de repente, un día, me encontré, podría decir que, en una situación en la que, cuando empecé en esto, ni siquiera se me había pasado por la mente, el que podría llegar hasta ahí, hasta esta posición. Y cuando llegas, en ese momento piensas que ya has alcanzado un status del que no quieres cambiar, que consideras que ya es suficiente, pero entonces el sistema, la empresa, te presiona para que sigas progresando más aún, si cabe. Ya se sabe... o te promocionamos o te fulminamos.
Así que sólo tienes dos opciones, ir hacia delante o irte fuera. Y entonces te piden más y más, y te dan más y más, y tienes más y más responsabilidades, y te exigen más y más dedicación y esfuerzo, y te empujan más y más arriba, y... algunos podrían tener envidia de esta situación y verte como a un ejecutivo agresivo, como a un directivo con éxito, pero yo ni me veo así ni tampoco es así como quiero estar.

Cierto tipo de empresas funcionan así, obligando a que los empleados trabajen más y más, tengan más y más responsabilidades, se les promociona más y más y si, en algún momento, quieres decir basta, esto ya es suficiente, entonces pasas a ser malo, a verte como que no aprecias la “oportunidad” que te están dando.

En mi caso no fue exactamente así, les seguí el juego porque me interesaba, porque me permitía ir desarrollando un currículum bastante interesante. Así pues, cuando hace unos cuantos meses me encuentro con que me ofrecen irme a trabajar a un país de esos que no me gustan nada porque no hay vida, no hay espíritu, todos viven para trabajar y encerrarse en sus casas y no hay nada más allá, pues elegí la otra opción, la de negociar, irme y buscar otra alternativa profesional.

Y ahí es cuando empiezo a encontrarme en tierra de nadie. Cuando algunos headhunters me dicen “tú vales mucho, tu CV es espectacular, es una lástima porque no tengo nada suficientemente interesante para ti, pero no te preocupes que te tendré en cuenta”. Y sí, esto te puede subir el ego, pero es que yo no quiero ser el superdirectivo de la megaempresa, yo quiero algo más tranquilo, algo que me permita vivir bien y con tiempo para disfrutar de la vida. No quiero seguir malviviendo entre hoteles de lujo y aeropuertos y despachos y salas de reuniones. Pero claro, esto no lo entienden. Ellos sólo ven que un CV así, un profesional así, lo pueden vender a un buen cliente, uno de esos que estará dispuesto a pagarles 15 o 20 o incluso 30 mil euros por un proceso de búsqueda y selección de un buen profesional. Y entonces yo me siento como un solomillo, como un trozo de carne puesto encima de un plato. Eso sí, de un restaurante de lujo.
Y mientras tanto... pues a esperar. Pero es que ya estoy cansado de esperar y, además, repito, no quiero seguir progresando más y más en mi carrera profesional, me considero a gusto con un status intermedio. Y es que esto no lo entienden. Cuando se lo dices piensan que estás loco. Y quizás sí, quizás esté un poco loco pero también estoy un poco cuerdo.

Y a lo largo de estos meses me encuentro con que me ofrecen llegar incluso a dirigir el departamento de una de las empresas más, digamos conocidas, de este país, y sí, reconozco que me atraía, que me resultaba interesante. Más que nada porque me parecía la oportunidad de encontrar un trabajo atractivo y que, curiosamente, me iba a permitir vivir bastante tranquilo. Una empresa muy grande pero al mismo tiempo, con un ambiente, un tanto de “funcionario”. Y después de muchos meses de entrevistas y de ir avazando paso a paso, al final, me encuentro con que todo se cancela, todo se paraliza. Y vuelta a empezar.

Y continuar con más procesos de selección, y todos para trabajar en multinacionales. Y sí, quizás tenga en la frente una etiqueta de “chico internacional”, más que nada porque cuando llego a un aeropuerto o a algún hotel, incluso en España, todos se dirigen a mí en inglés, alemán o francés. Y cuando les respondo se disculpan, “perdone, pensé que Ud. era...”, “sí, sí, no se preocupe, ya estoy acostumbrado a que me consideren ruso o sueco o alemán o... todo menos español”. Un día de estos me tengo que fijar en el espejo no sea que se me haya quedado pegada una etiqueta de esas “made in...” en medio de la frente :D

Me llaman y me buscan, y dicen que me quieren. ¿Para qué?. Pues para seguir haciendo lo mismo que antes pero mucho más, con más responsabilidades, con muchas más personas a mi cargo, con un presupuesto mucho más grande, en una empresa muchísimo más grande. Y el headhunter, el “cazatalentos”, el intermediario, sonriente mientras me vende a su cliente. Porque claro, yo soy su candidato ideal. Y puede que sí, puede que lo sea. Porque es que me conozco el mundillo de las multinacionales de memoria, con los ojos cerrados. Así que cuando me entrevisto con ellos me resulta sencillo darles la respuesta que están esperando. Y luego más entrevistas. Hasta me han hecho ir a visitar su central, a un país de esos, de tierra de bárbaros. Y allí... pues claro, me conozco el negocio, me sé su filosofía, lo que buscan, lo que quieren, y yo sé responderles, sé decirles lo que quieren escuchar. Y luego, otra vez aquí, y más entrevistas. La última con el presidente de la compañía. Y es que, hoy en día, para encontrar un trabajo cada vez te tienes que ver con más y más gente.

Y después de todo si yo quiero algo más tranquilo, curiosamente, aunque supero las expectativas de lo que esas pequeñas empresas buscan, ninguna me quiere. Ni que les diese miedo. De verdad que no lo entiendo.
Y... mientras tanto, pues sí, ahí, en tierra de nadie, esperando a ver si tengo una oportunidad y consigo saltar a algún lado de la frontera. Y no sé por qué intuyo que voy a acabar cayendo en el lado que menos me gustaría. Pero bueno, también tiene su parte positiva. Y es que si caigo ahí, en ese lado, me exigirán mucho pero también me van a tener que dar mucho. Y eso me permitirá algún capricho que otro.
Y ¿por qué cuento todo esto? Porque ha habido quién me lo ha preguntado y porque me apetece contarlo. Y daros una de arena que dentro de unos días ya os daré una de cal. Que sí, que sí, que ya te estoy preparando una sorpresilla que espero que te guste ;)