30 enero 2008

El hombre ideal

Conversación telefónica de esta tarde:
(yo) .- Hola, ¿que tal estás?
(ella) .- Bien, ¿y tú?.
.- Muy bien. Si has visto el nº desde donde te llamo te darás cuenta que estoy aquí en xxxx
.- ¿Sí?, desde luego que eres el hombre ideal para una mujer que quiera tener un amante.
El problema del teléfono es que no puedes ver los ojos de la otra persona así que no sabes interpretar muy bien lo que te está diciendo, sólo por el tono de voz...
Antes de responder, por mi cabeza pasan varios pensamientos: ¿cómo puede decirme eso si no me conoce íntimamente? ¿estará intentando ligar conmigo? Tiene que haber algún otro motivo. Mientras mi neurona le da vueltas al tema continúo la conversación
.- jejeje, no sé por qué me dices eso.
.- hombre, pues verás, si estás en xxxx eres el ideal de toda mujer que quiera tener un amante mientras su marido le pone una visa oro, le da todos los caprichos del mundo y además no la molesta ya que no está nunca en casa.
.- jajajaja, tengo que darte la razón. Hoy ha sido un día largo, muy largo.
Al menos no tengo a nadie que me espere en casa, luego respiro tranquilo.

24 enero 2008

Va por Ti

Porque Tú eres capaz de salir de cualquier bache, de cualquier charco, aunque no hagas pie.
Por tu coraje, por tu fortaleza, por tus principios, por ser tal y como eres, por todo eso y mucho más, Tú saldrás adelante, sobrevivirás a este momento como a otros muchos por los que has pasado ya.
Va por Ti.



17 enero 2008

Me ha tocado...

Por estos lares es costumbre jugar a la lotería una o dos veces al año. Incluso para quienes casi nunca jugamos a ningún juego de azar. Son el sorteo de Navidad y el de El Niño.

No soy muy afortunado en el juego, más bien nada. Los juegos de azar no van conmigo. Si te quieres arruinar, invítame un día al casino y no ganarás nada, ni siquiera apostando al rojo y al negro al mismo tiempo. Eso sí, hay otros juegos... que me gustan mucho más.

Extrañamente, en Navidad, nos tocó el reintegro, es decir, la misma cantidad que habíamos jugado. Así que, de mutuo acuerdo, decidimos reinvertir las ganancias en el siguiente sorteo, en el de El Niño.

Ni corto ni perezoso decido ir al centro de la ciudad. Toda una odisea. Pero me apetecía cambiar la lotería en alguna administración del centro, en algún local bastante afamado por la cantidad de premios que suelen repartir. También es una cuestión de lógica matemática. Cuanta más lotería venden, más posibilidades tienen de entregar algún premio.

Había bastante tráfico, aunque no mucho más que en otras fechas. Cuando ya estaba en una de la arterias principales, me desvío en el primer cruce siguiendo las indicaciones de una señal de parking.

A pocos metros de la entrada vislumbro la señal de advertencia. ¡¡Diablos!! por ahí no paso. No es la primera vez que me sucede esto. En el centro los parkings no suelen tener demasiada altura y con este coche eso es un problema. Tengo un margen de 2 cm por lo que decido no arriesgarme y quedar encajado en alguna rampa o en algún rincón donde el que midió la altura del parking se haya equivocado.

No me queda más remedio que continuar. Doblo la esquina con la intención de hacer un cambio de sentido y dirigirme a otro parking y... ¡¡nada, imposible!! Una señal que me obliga a girar al final de la calle, justo en el sentido contrario que yo quería.

Aquí es donde me empieza a tocar la lotería. Justo al final del todo hay un hueco. Una tarde, en estas fechas, en esta ciudad, en esta zona,... encontrar un sitio en la calle donde aparcar es algo así como si te encuentras una aguja en un pajar.

El sitio es justito, mucho. Tanto que si no fuera por la cámara de marcha atrás me hubiese llevado por delante algún bolardo o me hubiera tenido que bajar muchas veces para calcular las distancias. Pero dada la suerte que he tenido no es cuestión de desaprovecharla, así que después de un buen rato de maniobras, consigo aparcar.

En esta ciudad como en muchos otros lugares, aparcar en la calle, en determinadas zonas implica tener que pagar por ello. Así que me dirijo a la maquinita en cuestión, introduzco unas monedas y obtengo un ticket que me autoriza a dejar el coche allí durante una hora.

Cambio el billete de lotería y serpenteando entre la multitud me encamino de nuevo hacia el coche.

Doblo la esquina y veo al policía de espaldas a mí, enfrente del coche, tomando nota de la matrícula. ¡¡¡ Me está multando!!!!!

Cuando estoy a su lado le digo:
.- Oiga, he puesto un ticket de aparcamiento y se ha terminado el tiempo hace 5 minutos, no es justo que me multe.

Se gira hacia mi y me responde:
.- ¿es éste su coche?

.- ¡¡¡Claro!!! Si ya le he dicho que...

.- ¿es que no ha visto la señal?.

La señal no la he visto pero a ti sí que te estoy viendo. Esto no se lo digo, sólo lo pienso. Lo que sí que hago es poner cara de perplejidad, cuestión que no me resulta difícil ya que no me había fijado en ninguna señal. Yo, tan contento de haber aparcado allí, y ahora resulta que estaba prohibido estacionar justo en ese hueco. Y la señal que lo indica está justo al lado del coche.

.- Si hubiese aparcado Ud. unos metros más allá ya no estaría ocupando una plaza reservada, y sólo le multaría por haber sobrepasado el límite de tiempo en más de 20 minutos.

.- Disculpe, no me había dado cuenta. No ví la señal. Y con respecto al ticket... utilicé todas las monedas que tenía, no pude sacar un ticket por más tiempo. Y por cierto, tuteame, no me gusta que me llamen de Ud.

.- Mire, para que no le vuelva a ocurrir le voy a dar una tarjeta.

.- ¿una tarjeta?, no, no hace falta tanto, con que me des tu número de teléfono me basta, no necesito tu tarjeta de visita.
No he acabado de decirle esa tontería y ya me estoy arrepintiendo. Generalmente, a los policías no les gustan las bromas.
Sin prestar mucha atención a mi comentario, como si no lo hubiera oído, responde:

.- Nooo, es una tarjeta electrónica que puede recargar, como si fuera una tarjeta de crédito. Sirve para pagar en los parkímetros.

No me pareció que se hubiera ofendido por el comentario anterior, así que continúo, intentando conseguir alguna empatía y que se apiade de mi.

.- Vaya, yo que me había hecho ilusiones. A pesar de que los uniformes de policía no son nada favorecedores, a ti te sienta muy bien. Así que no me imagino cómo debes de estar cuando te quites el uniforme y te vistas con ropa de calle.

Me sonríe mientras se gira y se dirige delante de mi hacia la máquina de tickets.

Caminando detrás suyo, no puedo evitarlo, se me va la vista hacia su culo. El pantalón deja adivinar unos glúteos tersos, duros. Y ese vaivén de caderas...mmmmm....

Muy amablemente me explica con todo detalle el funcionamiento de la tarjeta.
.- Se introduce en esta ranura, mediante este botón comprueba el saldo, con éste puede recargar la tarjeta, con este otro obtiene el ticket de estacionamiento,...

.- Da gusto tratar con policías como tú, eres un encanto. Y... ya sé que estás de servicio y ahora no puedes pero, ¿podemos quedar otro día a tomar algo?. Ah!!! Y le voy a enviar una carta al alcalde pidiéndole que a las mujeres policía os den un uniforme más femenino.
Todavía hoy no sé como lo he conseguido, pero no me multó.

02 enero 2008

Tratamiento de contra-adicción (fase inicial)

No soy quién para decirte lo que tienes que hacer y lo que has de dejar de hacer, pero en la medida de la confianza que tenemos para hablar y contarnos cualquier cosa con sinceridad, pues te lo digo: no me gusta que fumes tanto.

Llevamos no sé si unas dos o tres de horas juntos. Ya hemos pasado por tres bares y no recuerdo cuántos cigarrillos has fumado, pero han sido muchos.
Así que me gustaría que no fumases tanto. Sé de un método que te ayudará a olvidarte del tabaco, un método contra esa adicción tuya.
- Ah! ¿sí? ¿cuál?.
Sin dejar de mirarte a los ojos, con mis manos en tu cadera, atraigo tu cuerpo hacia mi, mientras me acerco y te susurro al oído: comenzaría haciéndote caricias, suaves, muy, muy suaves, y también dándote besitos por todo el cuerpo, poco a poco,...

- ¿y qué pasa si luego me vuelvo adicta a los orgasmos?

Hay vicios y adicciones que son más saludables que otros. Mientras te susurro esto, abrazándote, dejo que mis labios besen tu cuello, sin apenas tocarlo. Noto como te aprietas contra mi cuerpo y yo continúo dándote besitos, desde la base del cuello, subiendo poco a poco, pausadamente, hasta llegar al lóbulo de la oreja.

Luego, sin dejar de abrazarte, continúo, deslizando los labios muy cerca de ti, rozándote, acariciándote, y cuando apenas te toco me alejo un poquito, y vuelvo otra vez a dejar que mis labios te besen, junto a la oreja. Y subo un poco hacia arriba, y luego bajo, y te beso el lóbulo, y después te lo mordisqueo un poquito.

Un suspiro sale de tu boca mientras me dices que te deje fumar un cigarro y te echas hacia atrás. La mano va directa al bolsillo de atrás de tu pantalón donde tienes el mechero.

Mientras te digo que no, que más tarde, te sujeto esa mano a tu espalda, cogiéndote la muñeca con fuerza. Con el otro brazo sigo sujetando tu cuerpo junto al mío. Y me vuelvo a inclinar sobre tu cuello para dejar que me sientas cerca, muy cerca.

Continúo besándoteo. Echo hacia atrás tu pelo para dejar descubierta la oreja y poder concentrarme en ella. Sin embargo, apenas he comenzado a besarla, la dejo para irme directo hacia la mejilla. Noto la fuerza que haces por intentar liberar el brazo, por intentar acceder al tabaco. No sé si es la fuerza de la adicción o la de la contra-adicción. Cuando paso mi cara junto a la tuya sigo de largo, hacia el otro lado. Y comienzo a besarte el otro hombro, poco a poco. Los labios humedecidos, la nariz que apenas te roza, y tu piel y... y todo tu cuerpo está erizado, mientras intentas liberarte.

Te mordisqueo el lóbulo de la oreja, presionándolo, sin llegar a hacerte daño, y después alejo los labios, pero sin separar la boca de tu piel, y vuelvo a acercarme a tu mejilla.
Notas mi respiración, cómo te siento y cómo me sientes. Los dos cuerpos, apretados, pegados, y como si fuera un baile de dos polos opuestos, de dos imanes que se atraen, pasamos nuestras caras muy cerca la una de la otra, acariciándonos, piel con piel, respirando el mismo aire.
Y en ese movimiento acerco los labios hacia los tuyos, sin llegar a tocarlos. Y giras la cabeza a un lado y yo paso de largo, volviendo hacia la otra oreja y mordisqueándote el otro lado del cuello.
Continuó bajando, besándote, aquí y allá, poco a poco, por el cuello y después por el hombro. Y es entonces cuando noto como eres Tú la que me muerde. Y como si de una corriente eléctrica se tratara, un escalofrío recorre todo mi cuerpo.
Asciendo nuevamente, por el hombro camino del cuello. Paso junto a la oreja, llego a tu cara, y mientras hago este recorrido, caminando beso a beso, de repente, ya no resistes más y... al llegar junto a tu boca nuestros labios se juntan. Ha sido un instante, muy rápido, para volver a separarse, como si fuera una tenue caricia, y continúo hacia el otro lado de tu cara. Y cuando llego a la otra oreja entonces retrocedo, volviendo a tu boca. Esta vez, me detengo un poco más.

Hay quien piensa que uno de los sentidos, el tacto, se manifiesta con los dedos de las manos. Yo pienso que los labios tienen una sensibilidad mucho mayor y transmiten mucho más. Y como si quisiera dibujar tu contorno, sin dejar ni un solo poro de tu piel, continúo deslizándolos, subiendo y bajando, hasta que nuestras bocas se encuentran otra vez, se unen de nuevo.

Nos empezamos a comer, primero suavemente, un poquito, como si nos estuviéramos descubriendo, explorándonos lentamente.

Una pequeña pausa para continuar mordisqueándote el cuello, después el hombro y, a continuación, regreso a tu boca. Me estás esperando y me recibes introduciéndome tu lengua en mi boca.
Y en ese juego de labios y lenguas nos comemos, nos deseamos ajenos a todo lo que pasa a nuestro alrededor.

Y cuando nos detenemos un momento, para recuperar el aliento, apoyas tus manos sobre mis brazos mientras te sigo sujetando, con las manos en tu cadera, manteniendo tu cuerpo pegadito al mío. Nos hablamos con la mirada, sin decir ni una palabra, lo suficiente como para que te coja la carita y volvamos a empezar.

Mis manos sujetan levemente tu cabeza mientras bebo de tu boca, mientras nos volvemos a comer, a besar, a fundir las bocas. Mientras nos deseamos más y más, con más ansia, con más y más ganas de irnos a otro sitio.

Y en ese vaivén de besos y caricias, de lenguas y labios, seguimos y seguimos, comiéndonos, deseándonos, excitándonos...

Entonces me pides que, por favor, te deje fumar un cigarro. Te miro a los ojos y te dejo, te dejo que lo fumes, mientras te doy una tregua porque ya te sientes empapada.

Y sabes…, ya sabes que habrá otra fase, otra fase más intensiva de este tratamiento antitabaco ¿no? ;)
Porque lo tuyo con el tabaco es vicio, y para mitigar ese vicio tendré que emplearme muy, muy a fondo contigo.
(De un momento... especial, una noche... en un bar)