Me estás buscando y me vas a acabar encontrando. Sí, tú, mujercita de ojos marinos que me sonríes cada vez que me ves y me paras para sólo preguntarme banalidades. Y me dices que me sienta muy bien esa corbata. Y ese traje. Y luego me preguntas que tal estoy. Que si necesito algo. ¿Acaso me estás buscando? Ten cuidado porque soy muy diferente a como me ves. Sólo conoces una parte de mí. Y las apariencias engañan. Esta parte que conoces, ése tan serio, tan comedido, tan formal, tan responsable,... es sólo una parte. No conoces la otra, la de las intensas noches, la de los largos fines de semana. Esa no se parece en nada a lo que te encuentras por el día. Y si sigues por ese camino, si sigues buscándome entonces, entonces vas a acabar por encontrarme.*****************************
Me dices que estás alucinada, que coincides en muchas cosas conmigo. Que te gusta escucharme, lo que te digo, cómo te lo digo, que eso te da ánimos para seguir adelante. ¿estás segura?. Eso es porque no me conoces del todo, porque si me conocieras...
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Están todos hablando, hay mucho ruido como para escuchar lo que dicen. Y mientras tanto llevas el vaso a los labios, lentamente, tomas un sorbo y me miras fijamente. O quizás sea yo el que te esté mirando mientras también llevo los labios al borde del vaso. Y sostenemos la mirada. No sé de qué están hablando ni si nos están contando algo, pero nosotros parece como si tuviéramos una conversación aparte, sólo mirándonos, sin hablar. ¿Para qué hablar si esa mirada lo dice todo? Y esa sonrisa, ese brillo… Como sigas manteniéndome la mirada te vas a enterar.
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Hace tiempo que no sé mucho de ti. Bueno, sé mucho, como si te conociera de toda la vida. Y tú de mí. Creo que te entiendo y que sé cada paso que das y por qué lo das. O quizás esté completamente equivocado. Quizás yo vaya y tú ya estás de vuelta. O quizás no, quizás vaya junto a ti, pegadito a ti, como una sombra invisible. Puede que eso te dé miedo. Sí, tú que pareces que lo tienes todo controlado, que no hay nadie que vaya a tu paso. Puede que en realidad seas muy sensible, bastante tímida, aunque aparentas lo contrario, y por ese motivo te escondes detrás de esa coraza. A nadie nos gusta que conozcan nuestros puntos débiles no vaya a ser que nos hagan daño. Ya, ya sé que eso a ti no te preocupa, que tú eres más fuerte que nadie. Y puede que sí. Y también puede que no tanto. Y ese “cada día me seduce más la idea de conocerte” fue el comienzo de una ola, de una ola que fue creciendo y que casi acaba en un tsunami. Al final llegó a la orilla lentamente. Ya sabes como es el mar de caprichoso. Cuando ves que viene una ola enorme, una de esas que quizás te dé un buen revolcón, luego al pasar, es sólo un vaivén el que has sentido. Y eso te hace tener más confianza pero, no te fíes. Ya sabes que esa misma ola retrocede en la orilla, vuelve hacia el interior del mar y luego puede regresar con más fuerza y entonces, entonces… puede que sí, que vuelva y te dé ese revolcón que, por una parte, tanto te apetece. Porque en el fondo te gustaría, te encantaría que esa ola te llevase en brazos y tú, dejándote flotar, dejándote llevar, relajada, disfrutando. Incluso puede que sea algo más que un revolcón, que sea un tsunami que rompa con todo, que lo lleve todo por delante y que haga temblar el suelo sobre el que te mantienes tan altiva.
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Y tú que tienes esos ojazos, esa melena, ese colorcillo que te pone el sol,… no me digas que no te gustaría quedarte aislada, que la nieve no te deje abrir la puerta. Y claro, si además no estuvieras sola, si estuvieras con alguien que te susurrase al oído, cerca de la chimenea, viendo a través del cristal como sigue nevando. Y luego…
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“Que hace mucho que no escribes nada. ¿es que no te dejan en paz las mujeres?”. Pues no sé, no lo he pensado. Hay muchas cosas que no planifico, que no pienso en ellas, que dejo que sucedan porque, de algún modo, tienen que suceder. Lo cierto es que estoy bastante entretenido. Vamos, que no me aburro. Me gusta mi trabajo, tiene sus cosillas, como todos los trabajos, pero no me importa. Me quedo con la parte positiva de todo ello. Creo que, al final, se verán los resultados y, quizás, antes de lo previsto. Y de mi locuras… pues qué te voy a contar, que sí, que sigo inmerso en ellas, que sigo indomable. Y veo difícil que cambie.
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Ya, ya sé que no me prodigo mucho por las mañanas. Si ya sabes que no puedo, que voy a tope. Y te aseguro no me he olvidado de ti ni de esas largas conversaciones. Y ya sabes lo que te he dicho, ¿no? Espero que no te hayas olvidado de ello, que lo recuerdes cada día, especialmente en los momentos complicadillos. Un besazo con mis mejores deseos.
