Antes que nada me gustaría aclarar que no voy a poner foto ni imagen alguna porque no sería correcto. Raquelita como le gusta que la llamen tiene derecho a su intimidad. Lo siento por aquello/as que les gustaría verla. Intentaré describírosla lo mejor posible aunque, creedme, lo mejor es que tengáis la oportunidad de verla en carne y hueso.
Una vez aclarado ese punto, contaré lo que me ocurrió hace unos días. Estaba yo en un bar, medio ausente, medio ido, cuando alguien llega por detrás de mí y me coge por la cintura mientras me dice:
- Hola guapo, ¿Qué tal estás?
- Hola Raquelita. Cuánto tiempo!!!! Pues… bien, o eso creo. Y ¿tú?
- ¿Es que no me ves? Yo creo que muy bien
Mientras me dice esto, su sonrisa se hace mucho más amplia aún si cabe.
Raquel es una mujer muy guapa. Tiene unos ojos medio-azules medio-verdes y una sonrisa que sería capaz de derretir el hielo o el metal o cualquier cosa. Es lo primero que te llama la atención. Luego ya te fijas en el resto y ves un cuerpo muy bien proporcionado, mide aproximadamente 175, tiene el pelo rubio natural, unos pechos que casi parecen artificiales de lo bien puestos que están, unas piernas larguísimas y… bueno, espero que os hagáis una idea. Es, lo que podría decirse, un bombón de mujer, lo que muchos hombres y algunas mujeres desearían tener a su lado. Si a esto le unimos que siempre, siempre, está sonriendo. Os lo aseguro, nunca la he visto triste ni seria ni enfadada. Siempre sonríe y, para colmo, le gusta exhibirse. Le gusta ponerse ropa muy ajustada, muy cortita, de la que te permite hacerte una idea de cómo puede ser pero sin llegar a vislumbrar nada. Supongo que me entenderéis y os habréis hecho ya una idea de cómo es Raquel o Raquelita como le gusta que la llamen.
Después de saludarnos le hace un gesto a la camarera y le pide un Cardhu con hielo.
- Carlos, te veo como ido. ¿Qué te pasa?
- Nada, estaba pensando.
- A ti te pasa algo. Pero si no me lo quieres contar... pues allá tú
- No, no es que no te lo quiera contar. Sólo que es difícil de explicar
- Pues no tenemos toda la noche así que ya estás tardando en empezar a contármelo. Por cierto, ¿la conozco?
Me guiña un ojo mientras su sonrisa brilla con la luz azul del neón.
A Raquel la conocí hace tiempo y sólo hemos coincidido pocas veces tomando alguna copa y, bueno, hubo una vez, la primera vez que nos vimos que pasó algo. Luego, otras veces, no surgió el momento o simplemente no nos apetecía.
Cuando nos hemos parado a charlar siempre me he sentido como el blanco de muchas miradas envidiosas, miradas que me querían fulminar. Los hombres la miran con deseo y a mí me odian mientras se preguntan qué es lo que le he dicho, o hecho o por qué la conozco o yo que sé. Las mujeres, simplemente la odian, yo creo que porque atrae la atención de cualquier hombre por donde pasa.
Así pues, estaba en esa tesitura de explicarle lo que me pasaba mientras sentía como algunas miradas se clavaban en nosotros.
- Pues mira, no sé muy bien como sucedió ni cuando empezó todo. Creo que hace un par de meses, más o menos. Estaba navegando cuando hubo algo que me llamó la atención. No sé por qué pero me atrajo aquella frase que había puesto en su perfil. Me parecía que debía de ser una mujer con una gran personalidad. Así que, me decidí a contactar con ella.
- ¿y?...
- Pues nada.
- ¿cómo que nada?
- Pues sí, sólo hemos intercambiado…
- ¿fluídos?, jajajajajaja y, ¿cuándo?
- No, no hubo intercambio… de fluídos. Que va, sólo hemos chateado algunas veces. Algún mail que le he enviado, alguna foto que me ha enseñado. Y lo que más me atrae de ella. Su personalidad. Su forma de pensar. Lo que escribe y cómo lo dice. El sentimiento que demuestra en cada palabra. El…
- Para, para, paraaaaa. Eso está muy bien, pero, ¿hubo sexo o no hubo sexo?. Vamos, algún roce habría, ¿no?
- Que no, que no lo entiendes. Ni siquiera sé donde está. Ni por dónde anda. Es sólo una ilusión. A veces me parece como si no fuera real.
- Joder, sí que estás tocado. Pero mucho, mucho, mucho.
- Pues sí, un poco sí que estoy. Ya sabes, que soy un loco peligroso, un loco de atar, jajajajaja.
- No, eso ya lo sé. Lo que me refiero es que estás colgadísimo por esa tía o lo que sea. Vamos, que estás enamorado.
- No, no. Todavía no.
- ¿No?, já, no me lo creo
- No. En serio. De verdad que no. No te digo que no me podría llegar a enamorar como quizás nunca me haya enamorado antes. Pero, de momento, me siento fatalmente atraído por ella y nada más. Cuanto más sé de ella, más me gusta, más la quiero.
Según avanza la conversación veo que Raquel, sin perder la sonrisa, sí que ha perdido cierto brillo en sus ojos. A sus 26 años no comprende que pueda haber alguna mujer que llegue a hacerla sombra. Es muy guapa y también inteligente pero le falta algo, no sé el qué, porque me cae muy bien, pero no, no sería nunca la mujer de mi vida.
Así que, decidida a ganar la batalla como sea, se me acerca, me rodea la cintura con sus brazos y me dice al oído
- Carlos, estás enfermo y yo sé como curarte.
Tiene la mirada brillante, pícara. Está pidiendo guerra. Levanto la vista, alejándola de esos ojos verde-azules, y me encuentro con un par de tíos que se habían acercado a nosotros. Se habían acercado como buitres al acecho. Esperando a que Raquel se despidiera de mí. A ver si yo era sólo un amigo o su primo o su hermano o… lo que fuera con tal de no ser un estorbo.
La situación se está volviendo cada vez más embarazosa. No sé como decirle a Raquelita que no, que no me apetece irme con ella. Que mi coco está perdido por el infinito, dando vueltas y…
- Carlos, ¿te acuerdas del día que viniste conmigo al chalet de mis padres? ¿te acuerdas?. Me acompañaste en tu coche para recoger mis cosas e irnos a jugar un partido de squash. Te presenté a mis padres y luego te pedí que bajases conmigo al garage para recoger las raquetas. Allí me agaché cuando estabas tan cerca de mí que, sin querer, mi culo tropezó contigo y noté lo excitado que estabas. ¿te acuerdas?
- Claro, eso no se olvida
- Ya, y lo que vino después ¿eh?.
Insiste, me quiere provocar, encender en mi la pasión, como aquel día.
- Sin darme la vuelta me froté contra ti. Dejé que me abrazaras por detrás. Que me besaras la nuca, y el cuello y, mientras me besabas, con una mano me acariciabas los pechos y con la otra, por debajo de la falda me ibas .... mmmmmmm, cómo me gustaba. Yo empujaba mi culo contra ti a cada caricia que me dabas y cuanto más lo apoyaba, más dura te la notaba. El otro día me metí los deditos recordando aquel día. Joder, estando mis padres arriba y nosotros allí, en el garage. Luego me empezaste a comer y no paraste hasta que tuve un orgasmo que casi hace bajar a mi padre a ver qué pasaba. Menos mal!!!. La que se hubiera liado si nos ve allí… Y después, cuando te comí yo a ti. ¿lo recuerdas?. Y luego, cuando te pedí que me penetraras, que me follases allí mismo, apoyada contra la mesa del garage. Me recordaba aquella película del Nicholson en la que se tira a una tía encima de la mesa de la cocina.
- Sí Raquel, me acuerdo. Y me gustó. Y me pareces una tía cojonuda. De verdad. Eres un encanto. Y estás buenísima. Pero es que…
Se le cambió la cara. Casi pierde la sonrisa.
- Oye, si me estás rechazando me lo dices y me voy. Pero que sepas que nunca me ha rechazado ningún tío. Y tú no vas a ser el primero, ¿verdad?
Vuelve a sonreír maliciosamente mientras se me acerca más y apoya su pecho contra el mío.
- Mira Raquel, quizás otro día. Hoy no puedo. He bebido muchísimo y no saldría bien.
Es la primera excusa que se me ha ocurrido.
- O sea que me rechazas. Vale, no pasa nada. Me voy. Que tengas mucha suerte con esa….
- ¿ilusión?
- Lo que sea. Ya nos veremos. Adiós.
Me suelta y se marcha. Los dos tíos que estaban junto a nosotros se sonríen. Creen que era mi novia y que me ha dejado o se ha cabreado conmigo. Qué equivocados están. Eso sí, si supieran la verdad seguro que, como poco, me llamarían idiota o algo peor.
Apuro la copa y salgo de allí. No voy detrás de los pasos de Raquel. Me voy a mi casa con un fuego dentro de mí que, porque no hay ninguna fuente cerca, que sino me metería dentro a ver si mis hormonas se enfrian un poco.
Mientras camino voy pensando que debo de ser un auténtico idiota. O quizás no. No lo sé. Tengo un extraño sentido de la fidelidad. Pero es que, si es una... ilusión o... ¿será de carne y hueso?.
Joder, que todavía voy a acabar chiflado de verdad!!!!
Una vez aclarado ese punto, contaré lo que me ocurrió hace unos días. Estaba yo en un bar, medio ausente, medio ido, cuando alguien llega por detrás de mí y me coge por la cintura mientras me dice:
- Hola guapo, ¿Qué tal estás?
- Hola Raquelita. Cuánto tiempo!!!! Pues… bien, o eso creo. Y ¿tú?
- ¿Es que no me ves? Yo creo que muy bien
Mientras me dice esto, su sonrisa se hace mucho más amplia aún si cabe.
Raquel es una mujer muy guapa. Tiene unos ojos medio-azules medio-verdes y una sonrisa que sería capaz de derretir el hielo o el metal o cualquier cosa. Es lo primero que te llama la atención. Luego ya te fijas en el resto y ves un cuerpo muy bien proporcionado, mide aproximadamente 175, tiene el pelo rubio natural, unos pechos que casi parecen artificiales de lo bien puestos que están, unas piernas larguísimas y… bueno, espero que os hagáis una idea. Es, lo que podría decirse, un bombón de mujer, lo que muchos hombres y algunas mujeres desearían tener a su lado. Si a esto le unimos que siempre, siempre, está sonriendo. Os lo aseguro, nunca la he visto triste ni seria ni enfadada. Siempre sonríe y, para colmo, le gusta exhibirse. Le gusta ponerse ropa muy ajustada, muy cortita, de la que te permite hacerte una idea de cómo puede ser pero sin llegar a vislumbrar nada. Supongo que me entenderéis y os habréis hecho ya una idea de cómo es Raquel o Raquelita como le gusta que la llamen.
Después de saludarnos le hace un gesto a la camarera y le pide un Cardhu con hielo.
- Carlos, te veo como ido. ¿Qué te pasa?
- Nada, estaba pensando.
- A ti te pasa algo. Pero si no me lo quieres contar... pues allá tú
- No, no es que no te lo quiera contar. Sólo que es difícil de explicar
- Pues no tenemos toda la noche así que ya estás tardando en empezar a contármelo. Por cierto, ¿la conozco?
Me guiña un ojo mientras su sonrisa brilla con la luz azul del neón.
A Raquel la conocí hace tiempo y sólo hemos coincidido pocas veces tomando alguna copa y, bueno, hubo una vez, la primera vez que nos vimos que pasó algo. Luego, otras veces, no surgió el momento o simplemente no nos apetecía.
Cuando nos hemos parado a charlar siempre me he sentido como el blanco de muchas miradas envidiosas, miradas que me querían fulminar. Los hombres la miran con deseo y a mí me odian mientras se preguntan qué es lo que le he dicho, o hecho o por qué la conozco o yo que sé. Las mujeres, simplemente la odian, yo creo que porque atrae la atención de cualquier hombre por donde pasa.
Así pues, estaba en esa tesitura de explicarle lo que me pasaba mientras sentía como algunas miradas se clavaban en nosotros.
- Pues mira, no sé muy bien como sucedió ni cuando empezó todo. Creo que hace un par de meses, más o menos. Estaba navegando cuando hubo algo que me llamó la atención. No sé por qué pero me atrajo aquella frase que había puesto en su perfil. Me parecía que debía de ser una mujer con una gran personalidad. Así que, me decidí a contactar con ella.
- ¿y?...
- Pues nada.
- ¿cómo que nada?
- Pues sí, sólo hemos intercambiado…
- ¿fluídos?, jajajajajaja y, ¿cuándo?
- No, no hubo intercambio… de fluídos. Que va, sólo hemos chateado algunas veces. Algún mail que le he enviado, alguna foto que me ha enseñado. Y lo que más me atrae de ella. Su personalidad. Su forma de pensar. Lo que escribe y cómo lo dice. El sentimiento que demuestra en cada palabra. El…
- Para, para, paraaaaa. Eso está muy bien, pero, ¿hubo sexo o no hubo sexo?. Vamos, algún roce habría, ¿no?
- Que no, que no lo entiendes. Ni siquiera sé donde está. Ni por dónde anda. Es sólo una ilusión. A veces me parece como si no fuera real.
- Joder, sí que estás tocado. Pero mucho, mucho, mucho.
- Pues sí, un poco sí que estoy. Ya sabes, que soy un loco peligroso, un loco de atar, jajajajaja.
- No, eso ya lo sé. Lo que me refiero es que estás colgadísimo por esa tía o lo que sea. Vamos, que estás enamorado.
- No, no. Todavía no.
- ¿No?, já, no me lo creo
- No. En serio. De verdad que no. No te digo que no me podría llegar a enamorar como quizás nunca me haya enamorado antes. Pero, de momento, me siento fatalmente atraído por ella y nada más. Cuanto más sé de ella, más me gusta, más la quiero.
Según avanza la conversación veo que Raquel, sin perder la sonrisa, sí que ha perdido cierto brillo en sus ojos. A sus 26 años no comprende que pueda haber alguna mujer que llegue a hacerla sombra. Es muy guapa y también inteligente pero le falta algo, no sé el qué, porque me cae muy bien, pero no, no sería nunca la mujer de mi vida.
Así que, decidida a ganar la batalla como sea, se me acerca, me rodea la cintura con sus brazos y me dice al oído
- Carlos, estás enfermo y yo sé como curarte.
Tiene la mirada brillante, pícara. Está pidiendo guerra. Levanto la vista, alejándola de esos ojos verde-azules, y me encuentro con un par de tíos que se habían acercado a nosotros. Se habían acercado como buitres al acecho. Esperando a que Raquel se despidiera de mí. A ver si yo era sólo un amigo o su primo o su hermano o… lo que fuera con tal de no ser un estorbo.
La situación se está volviendo cada vez más embarazosa. No sé como decirle a Raquelita que no, que no me apetece irme con ella. Que mi coco está perdido por el infinito, dando vueltas y…
- Carlos, ¿te acuerdas del día que viniste conmigo al chalet de mis padres? ¿te acuerdas?. Me acompañaste en tu coche para recoger mis cosas e irnos a jugar un partido de squash. Te presenté a mis padres y luego te pedí que bajases conmigo al garage para recoger las raquetas. Allí me agaché cuando estabas tan cerca de mí que, sin querer, mi culo tropezó contigo y noté lo excitado que estabas. ¿te acuerdas?
- Claro, eso no se olvida
- Ya, y lo que vino después ¿eh?.
Insiste, me quiere provocar, encender en mi la pasión, como aquel día.
- Sin darme la vuelta me froté contra ti. Dejé que me abrazaras por detrás. Que me besaras la nuca, y el cuello y, mientras me besabas, con una mano me acariciabas los pechos y con la otra, por debajo de la falda me ibas .... mmmmmmm, cómo me gustaba. Yo empujaba mi culo contra ti a cada caricia que me dabas y cuanto más lo apoyaba, más dura te la notaba. El otro día me metí los deditos recordando aquel día. Joder, estando mis padres arriba y nosotros allí, en el garage. Luego me empezaste a comer y no paraste hasta que tuve un orgasmo que casi hace bajar a mi padre a ver qué pasaba. Menos mal!!!. La que se hubiera liado si nos ve allí… Y después, cuando te comí yo a ti. ¿lo recuerdas?. Y luego, cuando te pedí que me penetraras, que me follases allí mismo, apoyada contra la mesa del garage. Me recordaba aquella película del Nicholson en la que se tira a una tía encima de la mesa de la cocina.
- Sí Raquel, me acuerdo. Y me gustó. Y me pareces una tía cojonuda. De verdad. Eres un encanto. Y estás buenísima. Pero es que…
Se le cambió la cara. Casi pierde la sonrisa.
- Oye, si me estás rechazando me lo dices y me voy. Pero que sepas que nunca me ha rechazado ningún tío. Y tú no vas a ser el primero, ¿verdad?
Vuelve a sonreír maliciosamente mientras se me acerca más y apoya su pecho contra el mío.
- Mira Raquel, quizás otro día. Hoy no puedo. He bebido muchísimo y no saldría bien.
Es la primera excusa que se me ha ocurrido.
- O sea que me rechazas. Vale, no pasa nada. Me voy. Que tengas mucha suerte con esa….
- ¿ilusión?
- Lo que sea. Ya nos veremos. Adiós.
Me suelta y se marcha. Los dos tíos que estaban junto a nosotros se sonríen. Creen que era mi novia y que me ha dejado o se ha cabreado conmigo. Qué equivocados están. Eso sí, si supieran la verdad seguro que, como poco, me llamarían idiota o algo peor.
Apuro la copa y salgo de allí. No voy detrás de los pasos de Raquel. Me voy a mi casa con un fuego dentro de mí que, porque no hay ninguna fuente cerca, que sino me metería dentro a ver si mis hormonas se enfrian un poco.
Mientras camino voy pensando que debo de ser un auténtico idiota. O quizás no. No lo sé. Tengo un extraño sentido de la fidelidad. Pero es que, si es una... ilusión o... ¿será de carne y hueso?.
Joder, que todavía voy a acabar chiflado de verdad!!!!

3 comentarios:
ke bonito es ese sentimiento...cuando uno se ilusiona con alguien..no?
ese primer sentimiento es el mejor para mi..es como si tuvieras todos tus sentidos listos para captar todas las señales que pasan por tu lado,es el instante en que las endorfinas estan a flor de piel.
salud!
Me ha gustado la decision que tomastes, eso te hace ganar muchos puntos como persona.
Cuando el sentimiento manda, el deseo calla :)
el lado oscuro...: sí, ese sentimiento es lo más maravilloso que hayas vivido nunca.
kiasca: Muchas Gracias, una, dos,... cinco o treinta veces ;) Me ha gustado la música, videos,... de tu blog. Seguro que me paso por ahí en más de una ocasión.
Besos para las dos.
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