03 noviembre 2006

Una joya

A pesar de todo sé, y es que estoy convencido de ello, que eres una joya. Todo un lujo al alcance de muy pocos, de casi ninguno. Culta, inteligente, muy sensual, y… morbosa!!!

Y es que te gusta provocar. Descarada!!!! Te gusta que te observen. Te encanta que todos los hombres se fijen en ti con miradas lujuriosas. Sientes como sus ojos se clavan en tus glúteos, como sus pupilas se dirigen hacia tus pechos, como les gustaría tenerte a su lado. Y yo… para qué nos vamos a engañar, pues sí, a mí eso me cautiva porque me encanta darles envidia.

¿Sabes…? Sí, ya te lo imaginas. Soy un egoísta. Me gustaría tenerte sólo para mí. Llevarte a los mejores restaurantes y ver como el resto de los comensales se quedan boquiabiertos, llevarte a los mejores hoteles y disfrutar viendo como el personal se queda petrificado y es que… tienes una carita de princesa, de niña buena, de no haber roto nunca un plato, de una dulce timidez, pero… tu mirada te delata. Por tus ojos brota el fuego de ese volcán que hay dentro de ti, ardiente, deseosa de que alguien mitigue un poco ese calor que tanto te consume.

Mañana he pensado en llevarte a la ópera antes de ir a cenar a ese restaurante de cocina francesa. Y… no creo que sea capaz de aguantarme. Lo sabes muy bien, tu sensualidad desborda mi sexualidad. En el entreacto te voy a poner contra una de esas paredes nobles y frías del Teatro Real y allí, rodeados de tanta aristocracia y gente de bien (o eso dicen), te voy a excitar hasta que el deseo ciegue tu pudor. No pararé hasta que me ruegues que siga, que no me detenga, que lo hagamos allí mismo, en cualquier sitio, en ese instante porque ya estás tan húmeda y el fuego que sientes es tan grande que ni siquiera mis labios pueden calmar los tuyos, ni siquiera mi lengua puede refrescarte. Y entonces… sí, entonces, en ese momento me detendré, porque quiero disfrutar contigo de esa excitación que nos haría cometer cualquier locura aunque fuésemos el objeto de todas las miradas, la noticia de todas las portadas. Quiero saborear contigo esa excitación sin llegar aún al climax. No hay nada mejor y sé que te gusta, aunque tu deseo te ciegue y te incite a continuar. Ese es un placer reservado a aquellos que lo saben degustar como tú y como yo.

Luego… creo que eso no te lo voy a contar ahora. Luego será una sorpresa. Una dulce sorpresa que sé que te va a satisfacer.

Y ya sabes que soy un cabrón, un egoísta, un provocador, un…. Vamos, lo que se dice una joyita!!!!. O quizás no tanto.

24 octubre 2006

Toalla

Es tan agradable esta sensación que... Estoy tan a gusto y… es que me encanta sentir el chorro a presión del agua caliente. Al final, me cuesta decidirme pero acabo por darle la última vuelta y termino así por cerrar el grifo de la ducha.

Unas cuantas gotas, bastantes, no me resultaría fácil contarlas, se han quedado sobre la piel. Ahí están, inmóviles, esperando a que alguien las quite o… a percibir el más mínimo temblor para comenzar una loca carrera, deslizándose cuerpo abajo, jugueteando y juntándose unas con otras para, a veces, cambiar su camino, y otras, aumentar su velocidad mientras me rozan, me tocan, me acarician.

Te llamo y te pido que me ayudes a secarme. Coges una toalla de algodón, una de esas toallas suaves, enormes con las que podrías taparte desde la cabeza hasta los pies, una toalla que absorbería todas las gotas en un instante.

Pero… te digo que no, que no cojas la toalla. Hoy… sí, hoy y ahora, quiero que seas tú mi toalla. Ven, acércate. Sé que te gusta sentir la humedad. Sé que te gustaría empaparte conmigo. Así que no pongas esa carita. Así, así me gusta más. Con el brillo ardiente de esa mirada, de ese volcán que brota por tus ojos. De ese fuego que tienes dentro y… cómo lo percibo ya. Siento que el agua se va a evaporar al primer contacto con tu piel.

Ven, no pierdas más tiempo y desnúdate. Quítame todas estas gotas que resbalan por mi cuerpo. Quiero que sea tu piel la que me seque. Que te pegues tanto a mí como la mejor de las toallas. Que con tu lengua recorras cada centímetro de mi piel quitando las gotas que se hayan quedado olvidadas, escurridizas. Quiero sentir tu cuerpo, caliente, secándome, resbalándose por encima de mí, juntándose al mío sin dejar ni un solo milímetro de separación. Quiero sentir como me secas, quiero sentir tu cabello sedoso acariciándome, quiero sentir como me quitas… hasta la última gota.

10 octubre 2006

¿Te encuentras bien? ¿Te pasa algo?

Me preguntan que si me encuentro bien, que si me pasa algo. Y respondo que sí, que me encuentro perfectamente, descansando, disfrutando de unos días en estas bonitas tierras del Norte. Aquí, donde tengo que venir a un ciber para poder leer el mail y también, como no, para escribir estas palabras. En estas tierras donde las gentes son de espíritu noble y corazón bondadoso, hombres con la piel curtida por el sol y el mar. Aquí es donde me gusta venir, de vez en cuando, a relajarme, a reunirme con viejos amigos, a salir a pasear por estos bellos lugares, algunos bastante recónditos y me alegro de que sigan siendo así para que puedan perdurar muchos años más.

Vine con la intención de estar sólo unos días pero ya no recuerdo cuántos van. Si pudiera me quedaría toda la vida siempre que Tú estuvieras aquí, junto a mí.
A cada paso que doy, en cada momento, no sé por qué, pero te siento cerca, como si tu piel estuviera junto a la mía, rozándonos, acariciándonos. Supongo que, como muy bien dices, todo tiene una causa y esto no debe de ser una casualidad.

Hay muchos sitios maravillosos en el mundo y éste es, para mí, uno de ellos. Aquí donde el salitre del mar llega hasta las más altas cumbres, esas que están casi siempre nevadas, aquí donde hace unas horas lucía un sol espléndido y, quién sabe si, dentro de un rato, lloverá para que estas tierras sigan estando verdes. En estas tierras donde los más ancianos del lugar te hablan de xanas, trasgus, cuélebres, diañus,… y demás seres mitológicos.
Algo debe de tener este sitio para que cada vez que venga me sienta con una sensación de plenitud, de bienestar, de recuperar toda mi energía. Es algo mágico, casi tanto como si Tú estuvieras a mi lado.