13 junio 2008

Entretenido

.- ¿Qué te pasa Karlos?. Ultimamente no escribes mucho.
+ Estoy entretenido.
.- ¿Entretenido? ¿con qué?
+ Di más bien con quién.
.- ¿La conozco?.
+ No, aún no.
.- O sea, que piensas presentármela.
+ Por supuesto. Aunque aún sé no cuál será. Verás, tengo el corazón partío, roto en dos pedazos. Me gusta una americana pero también hay una japonesita que... ufffff. Las dos tienen unas curvas...
.- Oyessss, no te pases!!!!
+ Eiiiiii, eso ha sonado a celossssss, jajajaja. Me tengo que decidir. No puedo seguir así. Un día me levanto pensando en una y todo me da vueltas a su alrededor. Y luego, pienso en la otra y... uffff, que lío. Esta situación no puede seguir así, tengo que tomar una decisión ya y olvidarme de la otra. El problema es que cada una tiene un... algo, algo que la hace especial. Ya, ya sé lo que vas a decirme, que probablemente no me guste ninguna de las dos. Pues no, el problema está en que me gustan las dos. Bueno, hay otras que también me gustan pero es que eso ya es demasiado. Noooo, mejor me centro y me decido.
.- Jó, pues ya me contarás.
+ Sí, ya te la presentaré. Aún no sé cuál será, pero... uffff, que lío.

25 mayo 2008

¿Vienes o Vas?

Hay momentos en los que no sé si vienes o si vas. Si estás aquí o si te has ido. Si vas en la misma dirección que yo o en sentido opuesto. Si te quedaste o si te fuiste.

Tampoco sé si soy yo el que va hacia delante o hacia atrás. Y la vida es así, como una noria, unas veces arriba y otras abajo.

En mi caso, me siento como en una montaña rusa, no sólo arriba y abajo sino también hacia un lado y hacia otro. Pese al vértigo, al mareo que me produce, me encuentro a gusto. No sé si porque me he acostumbrado a esos vaivenes o porque realmente me han gustado siempre.

21 abril 2008

Reconocimiento

Me cuesta decir esto pero, tengo que reconocer que eres... especial. Sí, quizás sea ése el mejor calificativo para definirte.
Me has visto reír y, también me has visto llorar. Me has visto sobrio y, también cuando estaba ebrio. Me has visto fracasar, equivocarme, una y otra vez, y también me has visto triunfar. Me has visto en los buenos momentos y en los que estaba un poco perjudicado.
Y es que me escuchas. Y además me comprendes y nunca, nunca jamás te he oído decirme ningún reproche. No sabes como me reconforta esa sensación de tenerte a mi lado. Y cuando no estás, te echo de menos. Hay días en los que no te imaginas cuánto te extraño, aunque no te lo diga.
Cada vez que te necesito estás ahí, y a pesar de todo, no me fallas nunca. Y es que yo, alguna vez, aunque no te lo haya dicho (pero estoy seguro que ya te lo has imaginado), te he traicionado con otras. Porque no estamos juntos todas las noches, eso es obvio, y algunas noches... en las que no estabas... y ya sabes, el deseo... me sentí atraído y por más que lo intenté, no pude, no pude evitarlo.
Aunque pienses, con toda la razón, que soy un..., lo reconozco, la “carne es débil” y... te fallé. También es cierto que no te juré fidelidad eterna, nunca te dije que mi cuerpo sería sólo para ti. Y no pretendo con esto justificarme.

Y tampoco yo te pedí a ti que tú me fueras fiel. De hecho, alguna vez me has compartido con alguna mujer, y yo no me he quejado, no te he dicho nada. Y tú te has dejado hacer, te has dejado llevar, te has dejado... usar. Vale, puede que suene un poco fuerte, pero es la verdad, alguna mujer que otra, ha venido a casa, se ha desnudado y se ha metido en la cama contigo.
Así que, por ese lado, yo diría que estamos... empatados.

Pero hoy, reflexionando, me he dado cuenta que tú, me das más a mí que yo a ti. Soy un egoísta, lo admito. A veces voy por la vida sin darme cuenta de las cosas buenas que están a mi alrededor y no las valoro adecuadamente.

Hace tiempo ya, una mujer que llegó a mi vida, y que me conquistó desde el primer instante en que la conocí, me lo dijo, me dijo que en ocasiones no sabemos valorar las oportunidades, no sabemos darnos cuenta de las cosas buenas que están a nuestro alrededor hasta que las perdemos. Y así fue, la perdí. Y cuando me di cuenta ya era demasiado tarde.

Esta tarde, conduciendo entre la llovizna y la espesa niebla, venía pensando en ti. Te echaba de menos, quería estar contigo, quería abrazarte y quedarme pegadito a ti, durante mucho, mucho tiempo.

Y lo voy a decir públicamente: te quiero.

Sí, yo, el que suscribe, quiero muchísimo a mi almohada.

Ya está, ya lo he dicho.