19 junio 2010

Y sigo Vivo

Como dice la canción, todo aquello que no tiembla es que no está vivo.

Y como si se tratara de una carretera sin fin, pasan los minutos y cada minuto que pasa yo sigo aquí.

Lo importante no es vivir, sino disfrutar viviendo, haciendo lo que te apetezca a cada instante.

Ya hace... no quiero rebuscar hacia atrás pero bastante, bastante tiempo desde que comencé a escribir por aquí. Unas veces más frecuentemente y otras menos. A ratos más, y a ratos menos.

Todo comenzó como un juego, pero es que la vida es eso, un juego. Unas veces se gana y otras no. Y en ocasiones, cuando llevas ventaja, el morbo del riesgo, de la posibilidad de perder, te hace jugártela y sentir la adrenalina fluir por las venas.

Hoy sigo aquí y mañana espero que también. No lo puedo prometer. Lo que sí que prometo es que intentaré seguir siendo como soy, no dejar que nada ni nadie me cambie. Y seguiré intentando ver el vaso medio lleno. O como digo yo, tú ¿qué ves, un atardecer, un ocaso, o un amanecer, el inicio de un nuevo día?

06 diciembre 2009

Regeneración

Después de tanto tiempo sin escribir, hoy ha surgido un pequeño motivo, una pequeña lokura, que ha sido la chispa que necesitaba para volver por este lugar.

Mientras recordaba la breve conversación que mantuvimos recorría sin rumbo la ciudad. Una fina lluvia estaba cayendo como si fuese un manto que lo cubre todo, que lo humedece todo, tal y como me gustaría tenerte, húmeda, chorreando.

Sabes... creo que nos llevaremos bien, que nos vamos a entender ;) Y esas situaciones que me decías que te habían parecido morbosas...mmmmm.... yo diría que eso es un aperitivo antes de un sabroso menú.

Interesante hubiera sido el tenerte entre esa multitud, empapándote por fuera con esa fina lluvia, mientras un susurro al oído, mientras unas caricias furtivas te van humedeciendo por dentro. Y no me digas que aquello en medio del campo... eso no es morbo, morbo sería sentir cómo te voy devorando mientras conduces un sábado por la noche por La Diagonal, o por La Castellana o cualquier otra calle llena de vehículos a tu alrededor. Morbo es el que te tengas que parar en un semáforo y, de puro placer, te estés mordiendo los labios con los ojos cerrados, mientras yo busco con más tesón en tu interior, y los demás conductores a tu lado te observan con miradas lascivas. O el que pases junto a un control policial mientras mi cabeza permanece entre tus piernas buscando las llaves perdidas de tu tesoro. Y... pero ya hablaremos, porque esto no puede quedar así. Esto tendrá una continuación ;)

La cuestión es que siento como me voy regenerando, cual diminuto phoenicoperus que renace de sus propias cenizas.

19 abril 2009

Insomnio

Llevo un buen rato dando vueltas en la cama. De un lado para otro. Y cuántas más vueltas doy, más despierto y, por tanto, más inquieto, me encuentro. Enciendo la TV a ver si me aburre y me duermo y nada, que no hay manera. Sí que me aburre pero sigo sin poder dormirme.

Me canso de hacer zapping, de un canal a otro. Lo único que hay a estas horas son esos programas de adivina el nombre, dime el número, encuentra la diferencia,... y cuando sepas la respuesta llámame. Una forma más de hacer caja, de aumentar los ingresos de las televisiones. Porque me gustaría a mí saber cuántas personas llaman y se quedan escuchando algún mensaje de espera mientras el tiempo pasa y la factura aumenta y aumenta.

Vuelvo a mirar el reloj y ya sólo quedan 2 horas para que amanezca. Se me ocurre que... quizás si me doy una vuelta... al menos salgo y siento el aire, que aquí dentro ya me encuentro como un león enjaulado.

No lo pienso más y me levanto. Bajo al garage, abro la puerta procurando no hacer mucho ruido y sin arrancarla la empujo hasta la calle. No quisiera despertar a los vecinos. Al menos a los que tengo más cerca. Aunque la puerta del garage hace algo de ruido y en el silencio de la noche...

Afuera no se escucha nada. Todo debe de estar quieto, todo está dormido, menos yo.

Me subo y dejo que se deslice calle abajo hasta que ya no hay más opción que arrancarla. Pulso el botón, zumbido y acto seguido el rugido del motor inunda la calle. Sin dudarlo un instante me dirijo hacia la salida. El vigilante, con cara de estar medio dormido, sale de su garita y abre la barrera mientras hace un ademán de algo así como un saludo.

El aire es bastante, bastante fresco. No me encuentro a nadie en la carretera, todo está desierto. Voy dejando atrás luces de barrios en penumbra mientras me acerco más al centro de la ciudad. Entro en un túnel y el sonido del motor se propaga con un eco ronco, grave, ensordecedor. Doy gas a fondo para salir de ahí cuanto antes.

Justo a la salida del túnel hay una serie de paneles informativos sobre diferentes vías y alternativas. Una de ellas me recuerda a ti y aquel día que me dijiste si me iba a tomar una copa contigo.

Fué hace bastante tiempo. Y hoy, como ayer, lo hubiera vuelto a hacer. Hoy y ahora hubiera ido a verte, a tomar esa copa contigo, a beberla de tus labios, a sentir tu piel junto a la mía, volver a verte sonreír, ese brillo en tu mirada, esas conversaciones sin palabras, esos roces de tu cuerpo cerca del mío, el mío más cerca aún, mi cara junto a la tuya, cerca muy cerca, apenas sintiendo tus labios. Y mi boca acariciando tu piel, percibiendo como se eriza, cómo se contrae cada vez que me acerco y me deslizo por tu cuello hasta llegar a los hombros.

Me detengo un momento, lo justo para beber un poco y volver a acercarme. Esta vez con un pedacito de hielo entre mis labios para compartirlo con tu boca, para fundirlo contigo, dentro de ti. No te imaginas cómo me gusta ver cómo te humedeces, cómo te empapas, cómo te fundes.

No sé que tendrá este momento del día, cuando la noche muere, justo un poco antes del alba.