11 enero 2009

Des - Esperando

Como el ying y el yang, unas veces estresado, a mil, sin parar ni un instante y otras veces relajado, casi inerte, al ralentí.

En este mes y medio me ha dado tiempo para muchas cosas, incluso para escaparme unos días a una playa soleada.

También me ha dado tiempo para ordenar unas cuantas cosas de la oficina aunque aquello es un orden sin concierto, un control descontrolado o un descontrol controlado. Realmente no sé muy bien qué es. Por ese motivo he decidido dejar de luchar contracorriente y buscar unas aguas más tranquilas, no un remanso de paz, pero sí algo que no sean esos rápidos que te llevan directo a las cataratas. Y no porque no me gusten las aguas bravas, sino porque ya sé a dónde van éstas, porque siento que ya he pasado por esta misma corriente y no me apetece volver a pasar.


Y aprovechando este buen tiempo y que aún tengo muchas vacaciones pendientes, pues como no, a disfrutar también de la nieve, unos días de ski y relax también vienen bien.

Aunque disfrutar, lo que se dice disfrutar... porque hay algo que me tiene especialmente inquieto, algo que me mantiene en vilo y es que, como dijo alguien, la espera, desespera. Y así me siento, en un sinvivir esperando a que pasen estos días y ya, de una vez, salga de esa intervención. No es nada grave pero sólo escuchar las palabras bisturí, anestesia, cirujano,... ufffff. Y si es verdad que esto es benigno, entonces, pregunto yo ingenuamente, ¿por qué hay que cortar? ¿no se puede dejar ahí?
Al menos ya sólo queda una semana para el día D. Sé que luego lo recordaré como una anécdota más, porque las circunstancias me han hecho fuerte, que no inmune, y ya he pasado por momentos difíciles, pero estos instantes previos... uffff. Que sí, que sí, que soy un cobardica, lo reconozco.

23 noviembre 2008

debaKle

No, no he desaparecido ni me he perdido ni he dejado los blogs abandonados. Durante un tiempo he estado sin poder conectarme a Internet. Toda una catástrofe. Como esa crisis o recesión o... como lo quieran llamar que está afectando a todo el mundo. Porque las bolsas se hunden pero allá que va Karlos y en medio de esa debaKle, se lia a comprar valores. Y se siguen hundiendo y mis pequeñas inversiones a la par.
De todas formas, como alguien muy bien dijo, crisis = cambio + oportunidad. Y yo que intento ver el lado positivo, pues asumo que es una oportunidad. Como lo ha sido el estar desenganchado estos casi 3 meses. Toda una oportunidad para no parar por casa, no fuera a caerse una pared o un techo y me pillara debajo xD.
Ahora que llegará la nieve, no tardando. La percibo como quien percibe el olor a hierba fresca, húmeda, al rocío de una mañana de primavera. Pues ahora que llegarán las primeras nieves, será cuestión de refugiarse detrás de la ventana, con una copa de vino, la chimenea encendida y buena compañía. Todo sea por hacer que suba la temperatura.

19 septiembre 2008

Gotas de Lluvia

Sabes… esta mañana me acordé de aquel día. Amaneció tal y como hoy, desapacible. Cielo gris, amenazante. Y la humedad flotando en el ambiente como presagio de una lluvia que no tardaría en llegar.

Aquel día, en aquel hotel, casi a la misma hora que hoy, allí estabas, al fondo de la habitación, junto a la puerta del balcón, expectante. Unas finísimas gotas comenzaban a resbalar por el cristal, del mismo modo que hoy resbalan sobre el parabrisas de este coche.

Una luz gris comienza a deshacer las tinieblas de la noche. Es la misma claridad que dibuja tu figura a través de la cortina. Me acerco a ti sin que me sientas llegar y, dulcemente, en un susurro te digo

- Ven, vamos, abre la puerta y salgamos afuera.
+ ¿Estás loco?, me van a ver, ¿cómo voy a salir así sin nada?

Con una sonrisa y una mirada… te digo lo que ya sabes

- Sabes muy bien lo loco que estoy.

Te acerco mi camisa y te ayudo a ponértela, abotonando sólo unos pocos botones. Te queda bastante grande y de ese modo te tapa un poco las piernas.

Abres la puerta y una brisa fresca entra en la habitación. No puedes por menos que estremecerte.

- No te preocupes por el frío que yo te ayudaré a combatirlo.
+ Ya, pero nos vamos a mojar.
- Confía en mí.

Agarrándote fuerte por la cintura, detrás de ti, pego mi cuerpo al tuyo, como si fueran uno sólo. Mi cara junto a tu cuello, besándote, muy suavemente. Sientes el calor que mana de mis labios mientras unas finísimas gotas comienzan a impregnar tu pelo, tu cara, y la camisa. Con un brazo, rodeándote la cintura y otro abrazándote más arriba continúo besándote, fundiéndome con tu piel.

Esas pequeñas gotas de lluvia han mojado tu pelo y poco a poco van empapando la camisa. Mientras te mordisqueo una oreja te susurro:

- Cierra los ojos y déjate llevar. Siente como las gotas, tibias, se van uniendo unas con otras y se deslizan por tu piel. ¿Las notas? Ssssshhsssss… no digas nada, sólo siente. ¿Las notas? siente cómo bajan poco a poco, deslizándose por tu cara, por tu cuello, colándose por debajo de la camisa, acariciando tus senos, llegando hasta tus pezones. ¿Están ahí? Ssssshhhhhsssss… no hables, espera. Espera y verás como llegan más y se reúnen con las primeras para coger fuerzas y continuar como una sóla más abajo.
Y bajan, y llegan a tu ombligo, y mientras sientes como otras te acarician la cara, el cuello, te mojan los labios, se deslizan por tu boca, suavemente, empapándote. Y otras se cuelan por la camisa y continúan por la misma senda que las primeras. Y pasan sobre tus pezones poniéndotelos como puntas afiladas. Y no se detienen ahí, siguen, más abajo. Y se unen con las que habían llegado al ombligo para continuar con más fuerza, más rápidamente, hasta tu vientre.
- ¿Las notas? ¿ya han llegado?

+ Sí…

Me respondes en un suspiro, con el pecho acelerado, la respiración entrecortada, la piel erizada.

Mientras tanto te sigo mordisqueando y besándote aquí y allá. A ratos bebiendo de tu boca, de tu piel empapada. No sé si es mi lengua caliente la que te hace estremecer o las gotas que, juguetonas, siguen bajando hasta colarse por debajo de tu tanga. En un movimiento instintivo empujas tu culo hacia atrás mientras una gota se desliza por tu pubis, como si intentara colársete dentro. Y entonces, al retroceder, sientes mi sexo duro, erguido, pegado a ti, empujándote.

- Sabes… tengo sed de ti, quiero beberte entera, sin dejar ni una sola gota, hoy me he levantado muy sediento.

Siento como tu mano me busca, como se desliza por mi vientre hasta que me encuentras y comienzas a acariciarme.

La camisa está pegada a tu piel como si fuese parte de ti. Y esta agua de lluvia, tibia, sigue resbalando, sigue rozándote los sentidos mientras percibes que esta vez no es una gota de agua, esta vez son mis dedos, jugueteando con tu tanga, colándose por debajo, acariciándote. Primero uno y luego otro.
Y más y más gotas de lluvia se deslizan, unas por tus pechos, otras por tu cara, otras por tu cuello, y algunas se quedan sobre la punta de tus pezones y otras, aceleradas, bajan hasta tu sexo, humedeciéndotelo por fuera porque por dentro ya lo estás, ya hace rato que estás empapada completamente. Y algunas gotas más bajan por tus piernas, deslizándose por el interior de tus muslos.
Es una sensación como si decenas de manos, cientos de dedos, recorrieran tu piel. Pero hay algunos dedos que ya han comenzado a entrar y salir de ti, suavemente, muy, muy despacio, con dulces caricias, primero hacia un lado, luego hacia otro, sin dejar ni un solo pliegue sin explorar. Y mientras tanto, sigo bebiendo de tu piel, comiéndote los labios.

Te das la vuelta y ya, con los dos cuerpos enfrentados, me rodeas con tus piernas mientras mis manos te sujetan el culo elevándote por encima de mi cadera. Y así, de espaldas a la lluvia te echas hacia atrás hasta que ésta te sigue mojando la cara.


Y… hasta aquí voy a contar.

Después dejó de llover y salió el sol, tal y como hoy.