05 enero 2007

El Espíritu del Vino

Abro la ventanilla de tu lado y al instante te llega un aroma dulce, verde, algo húmedo, y cierras los ojos para concentrarte en ese olor que te invade. Son las viñas que nos rodean. A ambos lados de la carretera, en la ladera de los montes, apretujadas, en inmensas líneas que van como si alguien con un peine gigante, lo hubiese pasado por ahí creando todos esos trazos, esos mechones verdes.

Esa dulce fragancia te envuelve y por tu boca se escapa un pequeño gemido, un “mmmm….” Y no puedo más que, mientras te miro por el rabillo del ojo y veo tus ojos, cerrados con una sonrisa de placer en la boca, decirte “es un olor muy agradable éste de los viñedos, el de las uvas que se convertirán en vino…” y me respondes… “mmmm… veo vino por todas partes y no sabes cómo me gusta… cómo me excita…”.

Dejamos un poco atrás los viñedos para adentrarnos en esto que hace años era un pueblo y que ha ido creciendo hasta el punto de que, en las afueras, donde antes había unas pocas bodegas ahora se ha convertido en una zona industrial en la que se elaboran gran parte de los vinos que se distribuyen por muchos lugares. Y a pesar de la modernización sigue guardando todo su espíritu de antaño, de bodegas centenarias.

Vamos pasando entre naves modernas y edificios con paredes que aún conservan los restos de la historia. Y luego más naves con inmensos depósitos de aluminio y después otras con las cubiertas de teja antigua, con paredes oscuras, ennegrecidas, muros de arena y barro por los que sobresale alguna parra, muros mejor o peor conservados pero con muchos años de historia a su vera.

Nos adentramos por una calle estrecha y ahí, en un recodo de la calle, giro y entramos por debajo de un arco de hierro forjado que decora la entrada a un patio. Un patio muy pequeño, que no tendrá más de 15 o 20 metros de ancho por otros 30 o 40 de largo. Tiene una apariencia más de mansión, de caserón o antiguo palacete antes que de una afamada bodega.

Aparco en la zona reservada a visitas y descendemos del coche. No puedes evitar mirar a tu alrededor observándolo todo. Y al levantar la vista ves el nombre de la bodega. Un nombre muy conocido. La verdad es que nunca te la hubieses imaginado así. Un edificio relativamente pequeño, muy espartano, es el que alberga esta bodega que sólo por su nombre serías capaz de reconocerla y de ser consciente de los agradables caldos que han salido de entre esas paredes.

Me acerco a ti, paso una mano por tu cintura mientras te susurro al oído: "vamos, creo que te vas a sorprender con lo que verás. El edificio como que engaña pero en su interior… ".

Nos encaminamos hacia el fondo del patio, allá donde hay una puertecilla de madera y cristal. Una puerta que parece sacada de lugar. Por nada del mundo te hubieras imaginado que por aquella puerta estaría el paso hacia el interior de la bodega. Una puerta tras la que hay un espacio interior muy pequeño. Apenas cabemos los dos. Y en ese interior, a tu derecha y a izquierda ves unos escaparates. En ellos hay muchos objetos. Algunos muy antiguos y otros más modernos. Sacacorchos, posavasos, termómetros,… todos relacionados con la cultura del vino.

Nos echamos un poco hacia atrás para poder abrir la otra puerta, también muy pequeña, de madera y cristal. Se trata de un cristal antiguo, tanto que debió de ser hecho a mano hace muchísimos años. Un cristal que sólo permite vislumbrar un poco la luz del otro lado.

Pasamos al interior y descubres un suelo de tarima brillante, encerada, deslumbra tanto que nuestros cuerpos se reflejan sobre el suelo. A nuestro alrededor todo son mostradores de madera y cristal, y detrás, muchas estanterías. Sientes como si hubiésemos hecho un viaje al pasado, un viaje a los años 40 o 50. Y todo permanece casi igual que debió de estar entonces. El aspecto antiguo, casi abandonado, que te dio esa primera impresión al entrar por la primera puerta, la del fondo del patio, ahora se ha convertido con la luz y el brillo de la madera centenaria bien cuidada, en algo así como si hubieses entrado en el interior de una película de esas de blanco y negro, pero eso sí, lo estás viviendo a todo color.

Te quedas seducida por la cantidad de artilugios que hay detrás de las vitrinas. Algunos te imaginas cuál será su cometido pero otros… ni por lo más remoto. Y entre ellos, botellas. Algunas de añadas muy famosas, reconocidas por su excelencia. Botellas de vinos que fueron memorables, vinos que le otorgaron la fama a esta bodega y que también se llevaron medallas y grandes premios.

Te has quedado observando, mirando, fijándote en todo, como si estuvieras viviendo en un sueño y mientras tanto, te vuelvo a agarrar por la cintura para acercarnos al mostrador. El suelo de tarima chirría con nuestros pasos, rompiendo la quietud, el silencio. Y escuchamos un “hola, que tal están?, son Uds…. Les estábamos esperando”. Nos dice la chica sonriente detrás del mostrador. Tú te quedas un poco perpleja. Esta chica te recuerda a… sí, a tu amiga… Se da un aire… pero no lo es. Ella sigue sonriendo mientras tú te has quedado mirándola fijamente. Entonces nos dice “si me acompañan por aquí les voy enseñando la bodega y luego ya pasaremos a catar algunos de nuestros vinos”.

Levanta una parte del mostrador y pasamos al otro lado. Allí, a sus espaldas hay una puerta por la que entramos al interior de la bodega. Entonces, lo que había parecido como una pequeña tienda, se convierte en un inmenso espacio con unos techos muy altos. El suelo empedrado y a izquierda y a derecha inmensas cubas.

Nos va explicando todo el proceso. "Allí se echa la uva... Toda es de esta zona. Nosotros tenemos unas cuantas hectáreas pero no son las suficientes para todo el vino que producimos. Tenemos acuerdos con algunos viticultores de por aquí para comprarles toda la cosecha y es así como conseguimos, año tras año, toda la uva que necesitamos. Maceramos una gran variedad de uvas: garnacha, mazuelo, graciano,… que combinadas en diferentes porcentajes es como obtenemos los distintos vinos que Uds. conocen."
Continuamos caminando entre inmensas cubas de madera mientras nos sigue explicando. "De allí pasamos el mosto a estos depósitos de roble donde dejamos que fermente. La maceración dura de unos 15 a 20 días... en esas cubas y luego viene la crianza. Para ello traspasamos el vino a estos otros depósitos de roble de 15.000 litros donde lo dejamos reposar durante doce meses."
Nos dirigimos a otra zona de la bodega donde hay un gran número de de barricas, todas apiladas, unas encima de otras, en interminables hileras. "Aquí es donde mantenemos el vino durante otros treinta y seis meses como mínimo. Lo vamos pasando de unas barricas a otras, para que no vaya cogiendo mucho sabor. Todo depende de la antigüedad de la barrica. Después, allí, lo embotellamos... Y en esta zona lo dejamos que siga madurando en las botellas durante... al menos otros treinta seis meses. Después de la crianza lo clarificamos con claras de huevo... Y ya, por fin, aquí tenéis el vino embotellado, listo para catarlo. Así es como conseguimos estos grandes reservas, como éste de 1995 que vais a catar ahora."

En un decantador ha vaciado una botella y nos sirve unas copas. Son de cristal fino, de una transparencia casi absoluta. Una luz tenue envuelve la bodega pero es suficiente como para poder percibir el color rojo rubí-teja del vino en la copa. Desprende un aroma a frutas entremezcladas con cueros y tierra mojada. Acto seguido también te llega un olor como a vainilla y coco con un trasfondo de frutos rojos. Es un olor que te embriaga, que te seduce. Llevas la copa a los labios y lo paladeas. Cierras los ojos y sientes como te recorre por dentro, de forma sigilosa, liberando el camino, dejándote un recuerdo en la boca mientras se despiertan en tí todos tus sentidos.

Me acerco por detrás pegándome a tu espalda. Con los brazos te rodeo la cintura y sumerjo la cara en tu pelo mientras mi aliento roza tu oreja. Y entonces te susurro al oído que ahora me gustaría a mi probarte, degustarte sorbo a sorbo, pegar mis labios a los tuyos, juguetear mi lengua con tu cuerpo, sentir como te humedeces, embriagarme de ti. Mientras tanto, la chica que nos sigue contando algunas características de este vino, sonríe, quizás por el morbo que le estamos despertando.

En ese momento, suena el teléfono que lleva en la cintura. Lo coge y después de colgar se disculpa diciendo que tiene que ausentarse un momento. "Podéis seguir catando este vino mientras hago unas gestiones. Regresaré en seguida."
Y se va y nos deja solos. Entonces te das la vuelta y me comes la boca mientras aprieto tu cuerpo contra el mío. El vino en nuestras bocas ha despertado nuestros instintos, nuestro deseo mutuo y nuestras bocas se devoran, la una a la otra. Te cojo las nalgas, apretándolas. Te separo los muslos y te acaricio mientras noto, a través de la ropa, tus pezones duros, excitados. Deslizo una mano por debajo de tu falda hasta llegar a las braguitas buscando el elástico para, por debajo de él, pasar el dedo y comenzar a acariciarte. Tu cuerpo se estremece.
Te sigo acariciando y noto la respuesta a este estímulo en tu boca que aumenta el ansia por devorar la mía. Paso la otra mano y hago lo mismo, con los dedos por debajo de las braguitas, acariciando tu piel suave, tersa. Con una mano separo la tela para dejar el suficiente espacio como para que mis dedos rocen tu sexo. Siento la humedad que baja hacia tus muslos y saco la mano izquierda para subir por entre tus ropas hacia tus senos. Mientras... la otra mano sigue ahí, acariciándote, jugueteando.
Mantengo una mano apoyada en tu pubis, con los dedos apenas rozándote, moviéndose alrededor, masajeándote... y con dos dedos te abro mientras introduzco otro dentro. Separas tu boca de la mía para soltar un gemido. Abres los ojos y me coges la otra mano para comenzar a chuparme los dedos.
Te desabrocho la blusa y empiezo a acariciarte con la lengua, lamiéndote, mordisqueándote. Me gusta escuchar tus gemidos. Te sientes húmeda y caliente. El olor a vino que flota en el ambiente, el recuerdo que ha dejado en tu boca, la luz tenue, la excitación que te ha producido toda la situación,… hace que me muerdas y me digas que quieres sentirme dentro, muy dentro.
Cogiéndote las nalgas con firmeza te levanto para subirte sobre la mesa. Te tumbas y cojo una copa de la que vierto algunas gotas sobre tu pubis. Notas como el vino corretea sobre tu piel, tibio. Me agacho sobre ti para recoger esas gotas, para beberlas sobre tu cuerpo. Tus gemidos aumentan del mismo modo que aumenta el tono de tu respiración. Veo como tu pecho ondula a ritmo acelerado.
Me levanto para tomar un sorbo y a continuación junto mi boca con la tuya para que lo bebamos juntos. Noto tus manos como se clavan en mi cadera, empujándome hacia ti, haciendo que me introduzca en tu interior, primero lentamente, abriéndome paso entre tus líquidos y el vino derramado.
Y así continuamos, rodeados de estas barricas de roble centenario, entre grandes reservas, bebiéndonos los cuerpos, juntándolos, haciendo que sean uno sólo, entre aromas de frutos rojos, de vainilla, de cuero, de maderas,… estremeciéndonos al mismo ritmo, al mismo compás.

17 comentarios:

Anónimo dijo...

Excelente relato, me alegro por tí, pero.....necesito urgente el nombre del vino que tomabaís!!!!!!!!!!!mira que nos gusta probar vinos, pero este resultado....no hemos debido elegir bien.....



un beso desde mi caja.
pandora.

A vista de pájara dijo...

es irresistible :S

venus dijo...

Niñooooooooooooooo yo también deseo el nombre del Vino para ser fiesta en mi boca, en mi nariz, el mi cuerpo, en mi sexo.....

Besos erotizados

Lara dijo...

Me encanta ese vino... voy a por una botella... o dos... ¿te apetece? ;)

Valeria dijo...

Estoy pensando que cuando visito bodegas tengo que elegir mejor a mi acompañante, sí, sí...
Los lugares en que puedes ser sorprendido tienen el morbo del riesgo.
Compartir el vino es uno de mis placeres.
Un beso, Carlos

Anónimo dijo...

Carlos...sabes si Lucía se encuentra bien?? soy Gonzalo.

Anónimo dijo...

Carlos, exquisitas tus palabras, belleza que se respira en cada poro de tu relato, sensualidad que sube la líbido e induce al deseo...
De verdad no tienes "dueña"???
Besos

Karlos dijo...

Pandora: Vinos te podría recomendar muchos pero... más que vino es la química que se produce en la bodega, con esos aromas a frutas, a bosque, a humedad, a madera y ese instinto por degustar el vino, por catarlo, por saborearlo, por lamerlo, por... y todo sobre esa piel aterciopelada, esa piel que se empapa del espíritu del vino.

Marta: Sí, es una tentación muy apetecible en la que apetece sumergirse sin prisa, para deleitarse con ese vino y saborear ese momento mágico.

Venus: Pues te digo lo mismo que a Pandora. Más que un vino concreto es... es la magia de la química, la combinación de muchos elementos que dan lugar a un resultado... ;)

Lara: ¿un buen vino? ¿en buena compañía? Todo un placer!!! Vete abriendo una botella que vamos a catarlo para ver que tal ha sido esa cosecha ;)

Valeria: Elegir mejor el acompañante... o quizás enseñarle a cómo catar el vino, como degustarlo, como saborearlo lentamente, sin prisas, sorbo a sorbo, paladeándolo, dejando que la lengua se empape, aplicando todos los sentidos, viviendo el momento porque será único.

Gonzalo: Creo que te equivocas de persona.

Calma: Muchas Gracias. Celebro que te guste el relato. Alzo una copita de vino y brindo por tí. Y no, no tengo dueña. Es que tengo una personalidad... muy especial, jejeje, ¿quién iba a aguantar a este loco-cuerdo o cuerdo-loco?.

Anónimo dijo...

Pues brindemos¡ chin chin...
No será al reves Carlos??? jajajaja

Recomenzar dijo...

Bueno como soy menor y tu relato no es apto para menores...me has dejado muda...
Cuando sea mas grande espero poder leer todo sin ponerme colorada...
felicitaciones !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Anónimo dijo...

Paso a dejar mi huella en tu espacio me encanto el post felicitaciones,sigo leyendo tu blog....un abrazo

Churra dijo...

Precioso....cuantas sensacines juntas, tdas embriagadosras.

Recomenzar dijo...

Buen día Carlos ¿como amaneciste hoy? Yo bien con mucho sol..
Soleil

Sintagma in Blue dijo...

...y el deseo se paladea en la piel de la palabra.

Sintagma in Blue dijo...

...y el deseo se paladea en la piel de la palabra.

Anónimo dijo...

Muy original Carlos, al equipo de Sexo en Femenino nos han gustado tus relatos.

Saludos de Lucila

Mi lado oscuro dijo dijo...

Salud!