07 septiembre 2010

R.I.P.

Ayer se fue y ya no volverá nunca más. Tenía tan sólo 19 años. A la salida de una curva, gas a fondo, pisó uno de los pianos, derrapó y se fue al suelo como tantas otras veces pero esta vez no, esta vez no le pudieron esquivar y no sobrevivió. Ayer falleció un gran piloto de Moto 2. Era grande, no sólo como piloto, sino también como persona.

Cuando sucede algo así, recuerdas aquellos otros que también se fueron, muchos en circunstancias similares. En accidentes tontos, en los que de no haber habido un coche que se cruzó en el momento más inoportuno, o aquel hombre que salió de su casa, ya de noche, a tirar la basura y cruzó la carretera sin mirar, justo cuando el hermano de un buen amigo pasaba con su moto y no le pudo esquivar. Allí quedaron los dos. O también una buena amiga de B. quién me contaba este sábado que una de sus mejores amigas se fue en plena adolescencia, cuando se les cruzó aquel coche y ella y su novio se cayeron, con tan mala fortuna que a él no le pasó nada y ella ya no se levantó.

Y es que tenía que estar prohibido que alguien fallezca con 15, o 19 o 25 o… años.

Son momentos de melancolía, de recuerdo de aquellos que se fueron, cuando te enteras de noticias similares. Pero no por ello dejaremos de seguir disfrutando del olor a gasolina, a aceite, a goma quemada, del rugido del motor cuando le das gas a fondo.

¿Qué sentido tendría la vida sino hiciéramos lo que nos gusta, lo que nos hace disfrutar?

En días así, como hoy, en esos momentos de recuerdos, es cuando más pienso en lo frágil que es la vida, lo que nos la complicamos a veces, y la incertidumbre de saber si mañana estaremos aquí o no. Por eso, sólo por eso, me siento afortunado de haber vivido un día más, de haber disfrutado como un loko, aunque fuesen cosas tan sencillas como aprovechar un viaje de trabajo para acercarme a una playa a contemplar el mar.

Mañana, mañana será otro día. O eso espero.

22 agosto 2010

Mientras dormías

Anoche, mientras dormías, como dice la canción, esa canción que nadie conoce, me hubiera gustado colarme en tu habitación.

Me hubiera gustado colarme en tu habitación, observarte ahí dormida, y desearte al oído que tuvieses los más felices sueños.

Me hubiera gustado llevarte dormida a ese lugar que tanto deseas, y que hoy, al despertar te encontrases allí.

Me hubiera gustado colarme en tu habitación mientras dormías para susurrarte que, cuando abras esos ojos oceánicos me gustaría verlos llenos de alegría, sin ninguna melancolía.

Me hubiera gustado decirte lo que ya sabías, que el destino es caprichoso, a veces duro sin piedad, pero también, que algún día te compensará por todos los momentos que has pasado. Y es que has tenido que recorrer muchas millas, más rápido que los demás, y no ha sido tu elección, no tenías ya otra salida.

Me hubiera gustado colarme en tu habitación para decirte que algún día llegarás hasta el sol, y volverás a ser como siempre quisiste imaginar y, entonces, nada, nada volverá a ser como hoy.


Ideas de un loco y su almohada a la luz de la luna, un loco que desea que los tuyos sean felices para que tú también lo seas

26 julio 2010

La Crisis de los Burros

Hace unos días me hablaron de esta historia, no la recuerdo exactamente pero voy a intentar plasmarla lo más cercana posible.
En ocasiones yo también tengo que buscar alguna metáfora para explicar algo, y cuando escuché esto me pareció una de las mejores que he escuchado ultimamente para explicar qué es lo que ha sucedido y como están yendo las cosas, con una pequeña dosis de ironía.
Hace unos años, no muchos, un comerciante se dirigió a una pequeña aldea donde nadie le conocía y le ofreció a sus habitantes 100 euros por cada burro que le vendieran.
A gran parte de la población le pareció una oferta muy interesante y la aceptaron. Sin embargo no fueron todos.

Al cabo de unos días regresó y ofreció 200 euros por aquellos burros que le quisieran vender. Algunos de los que se mostraron reacios la primera vez aceptaron esta oferta de buen grado.

Unas semanas más tarde regresó a la aldea. Los pocos que aún no le habían vendido sus burros se acercaron al comerciante. Este les ofreció comprarles los burros que quedaban por 300 euros cada uno. Todos aquellos que aún no le habían vendido los burros aceptaron presurosamente esta oferta pensando en el beneficio que iban a obtener comparándose con los primeros que habían vendido sus burros. Era el triple de la primera oferta.

Al cabo de un par de días regresó el comerciante y ofreció 500 euros por cada burro que le vendiesen. Ya nadie tenía burritos que vender así que se fué sin poder comprar ninguno, no sin antes decir al despedirse: la próxima semana volveré.

Al día siguiente envió a uno de sus vendedores al que nadie conocía en aquella aldea, con gran parte de los burros que había comprado para que los vendiese a 400 euros cada uno. Todos los habitantes de la aldea no lo pensaron dos veces y compraron burros, incluso más de uno pidió dinero prestado para poder hacer una buena compra.

El vendedor regresó y su jefe le envió esa misma tarde con el resto de los burros para que los vendiese. Y los habitantes volvieron a comprar más burros y a pedir más préstamos para poder pagarlos.

Pasó el tiempo y ni el comerciante ni el vendedor volvieron por la aldea. Desaparecieron con todas las ganancias que habían obtenido y nunca más se supo de ellos.

Y fué entonces cuando la aldea se quedó llena de burros y de habitantes con deudas a las que, muchos de ellos, no podían hacer frente ya que no había nadie que les comprase los burros y así poder pagar el préstamo que habían pedido.

Los prestamistas amenazaron entonces al jefe de la aldea diciéndole que si los deudores no les devolvían el dinero entonces ellos se arruinarían, no podrían seguir prestando dinero a otros habitantes y aquello acabaría por ser la ruina completa de la aldea.

El jefe de la aldea fué a la gruta donde guardaban el tesoro de la aldea y, en lugar de dárselo a los deudores para que pudiesen pagar a los prestamistas lo que hizo fué dárselo a estos últimos. Así que éstos recuperaron gran parte del dinero prestado y no le perdonaron los préstamos a los deudores, a los que continuaron persiguiendo hasta embargales todas sus pertenencias cuando no podían pagar los préstamos.

El jefe de la aldea también había pedido préstamos para invertir en burros y así conseguir grandes ganancias para tener más presupuesto para reparar y mantener la aldea. Y por otra parte había entregado gran parte del tesoro a los prestamistas. Entonces se dirige a otros jefes de aldea y todos ellos le dicen que se encuentran en situación similar y, además, si le dejan dinero no ven claro que se lo pueda devolver.

Situación actual:

El comerciante y su vendedor disfrutando de sus ganancias en algún paraíso fiscal.

Los prestamistas contentos porque recuperaron gran parte de lo que habían prestado y, además, en algunos casos tienen burros para vender cuando les visite algún comprador. Aunque los burros están bastante devaluados, por ninguna nadie pagará los 300 euros que pagó el comerciante en su día. Y no sólo eso, sino que también tienen muchos habitantes que les continuarán pagando los préstamos.

Muchos habitantes se han quedado en la ruina y sin burro.

El jefe de la aldea y el Gran Consejo están también arruinados.

Y en esta situación de caos es cuando el jefe de la aldea y el Gran Consejo deciden aumentarle los impuestos a los habitantes y bajarles el sueldo a aquellos que trabajan para ellos.

Conclusión mía: La avaricia es el origen de todas las crisis.